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A TÍ ALCÉ MIS OJOS

A TÍ ALCÉ MIS OJOS

¿Quién es aquel que no lo ha hecho? ¿Quién es aquel cuya atención no ha sido llamada hacia lo alto? Dios tiene sus formas de hacer que los seres humanos miren hacia arriba. Hace un tiempo, gentes de todas las latitudes han sido motivados a mirar a lo alto debido a los asombrosos eclipses lunares y solares. Millones han tenido que mirar al cielo con cierto asombro. Al abrir la Biblia encontramos diferentes acontecimientos celestiales que nos llaman la atención. La lluvia viene del cielo, igualmente, el granizo, la nieve, el rocío, los relámpagos y los truenos. Allí está el sol que nos alumbra, la luna que marca los tiempos, las estrellas, a las que Dios llama por sus nombres (Gn 1:16; Sal 104:19; 147:4). Curiosamente, de todas las criaturas con cuerpos naturales, el hombre es el único que mira conscientemente a los cielos y está capacitado para discernir las grandes señales que el Creador manifiesta en las alturas (Lc 21:25).

Debemos considerar, en primer lugar, que el hombre está creado para mirar por fe hacia arriba, porque la palabra que se traduce hombre, es el término griego anthropos,que significa el que mira hacia arriba. Esto concuerda con la raíz misma de nuestra humanidad, porque no se refiere solamente al mirar físico, sino a la capacidad única que el Creador ha puesto en el hombre para mirar espiritualmente hacia Él. El hombre es la única criatura en el Universo que tiene espíritu. Los animales tienen alma y cuerpo, pero el hombre es tripartito, posee espíritu, alma y cuerpo, pues está hecho a la imagen de su Dios (Gn 1:26,27; 1 Ts 5:23). Aunque el pecado distorsionó esa imagen al principio, al recibir a Cristo, el hombre es regenerado y capacitado para mirar espiritualmente al Eterno y tener comunión con el Padre celestial (1 Jn 1:3).

En segundo lugar, debemos levantar la mirada al Señor cuando el mundo nos aborrece. En los cuatro versículos del Salmo 123 el salmista eleva a Dios una sabia plegaria, y ruega la intervención divina a su favor. El contexto es que algunos hijos de Dios se encontraban siendo menospreciados y escarnecidos por los que estaban en holgura, por los soberbios. Dicha situación no es única en este pasaje de la Biblia. Jesucristo les dijo a sus discípulos que, si el mundo los aborrecía, ya lo había aborrecido a él antes que a ellos (Jn 15:18). Al recibir a Cristo no solo somos beneficiados con el perdón de pecados y la reconciliación para con Dios, sino que también somos hechos participantes de sus padecimientos (1 P 4:13). Por esa realidad, los apóstoles consideraban un privilegio tener que sufrir afrenta por causa del Nombre del Señor (Hch 5:41). El mismo Pablo quería conocer a Cristo, tanto, en el poder de su resurrección, como en la participación de sus padecimientos (Fil 3:10), y consideró como una de sus grandes credenciales, el poder llevar en su cuerpo las marcas del Señor Jesús (Gl 6:17).

En tercer lugar, debemos levantar los ojos al cielo, junto con otros que también están sufriendo. Cuando la batalla se arrecia alrededor de los hijos de Dios y el enemigo parece burlarse de la esperanza de los santos, es hora de alzar los ojos unánimemente al Dios que habita en los cielos. El salmista en el versículo 1 habla en singular para describir que él, primero, alzó sus ojos a Dios. Pero luego, en los versículos 2 y 3 habla en plural, como si hubiese invitado a otros que también estaban en desesperación, a hacer lo mismo. Cuando uno descubre la salida de un estado de fastidio, es justo brindarles a otros la dirección de ese refugio seguro. Eso fue lo que hicieron los cristianos perseguidos de la iglesia de Jerusalén: alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor… mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. La respuesta divina se manifestó así: Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (Ver Hch 4:23-31). Todo ministerio sincero y fiel a Cristo, hará mucho énfasis en que los creyentes vengan a los servicios públicos de oración a buscar juntos el refugio que se encuentra en el Señor.

Cuarto, la acción de alzar los ojos al Altísimo en tiempos de ignominia, está aquí aparejada a la actitud humilde de quien así ora. En el Salmo, el suplicante adorador describe este clamor a Dios como la acción de todos los que son siervos y siervas. La Escritura dice que cuando fuimos libertados del pecado vinimos a ser siervos de Dios(Ro 6:22). En tiempos de persecución y afrenta, debemos ir a Dios con espíritu de siervos, con corazón humilde, sin desafío, con toda reverencia. En todo caso, aunque son siervos y siervas, ellos le llaman al Señor, Jehová nuestro Dios. Son siervos del Señor y, por ello, están en el círculo íntimo de su Casa. Además, tanto los siervos como las siervas miran, respectivamente, a la mano de aquella persona a quien sirven. Ellos saben que cuando la mano de Dios se mueve a favor de los que le sirven, estos son levantados de la ignominia y del menosprecio de los impíos. Así lo testificó otro adorador: Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas, me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí (Sal 18:16,19).

En quinto lugar, hay que levantar la mirada al Señor, con perseverancia. Se observa en el versículo 2 del Salmo 123 que cuando los siervos están hastiados de oprobio, su mirada es fija en el Señor. Es una la mirada hasta que tenga misericordia de nosotros. Esto es fe perseverante que aguarda con seguridad una definitiva respuesta de parte de Dios. Muchos de nuestros mejores triunfos se pudieran perder por mirar al Señor intermitentemente, No debe haber espacio para el desaliento cuando se trata de mirar al Señor. El Espíritu Santo inspiró este salmo para enseñarnos a no quitar la mirada de Él hasta que esa mirada de esperanza se convierta en un testimonio visible de su oportuna respuesta (Ver Habacuc 2:3). El versículo 3 tiene el principio de repetir la petición al Señor más de una vez. La oración sabia es aquella que vuelve a pedir al Señor misericordia. Cuando pedimos misericordia, estamos pidiendo algo que Dios no niega, porque misericordia no es una respuesta divina a cambio de un derecho, sino un favor concedido al humano que no lo merece.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Finalmente, el versículo que encabeza el Salmo 123 contiene la expresión a ti alcé mis ojos… en el tiempo pasado. Ello da a entender que el Salmista está contando aquí su testimonio. Quiere con ello mostrar que, cuando levantó su mirada a Dios en la peor situación, su confianza fue recompensada y su petición respondida. Debemos tener la certidumbre que aquel que viene a Él, el Señor no lo echa fuera, Él es grande en misericordia, y no dejará para siempre caído al justo (Sal 55:22; 86:15; Jn 6:37).

Amados, oro para que nuestra esperanza sea renovada y la respuesta divina al ruego de los santos siga siendo un testimonio irrefutable de la gracia misericordiosa de Jesucristo.

 Apoyado en sus preciosas promesas,

 Vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org
www.quedicelabiblia.tv

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