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AGUA QUE SACIA ETERNAMENTE

AGUA QUE SACIA ETERNAMENTE

Cristo sigue siendo hoy como ayer el único que puede saciar verdaderamente el espíritu de los hijos de los hombres. Él le dijo a la mujer samaritana: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” Jn. 4:13-14
 
Veamos algunos enfoques sagrados de esta verdad:
 
I.               LA REALIDAD DE LA SED ESPIRITUAL
 
A)            Está intrínseca en el diseño de Dios.
       El hombre tiene espíritu. Dios sopló en él aliento de vida (Gn. 2:7).
       Ese espíritu necesita alimentarse. Se alimenta de Dios mismo.
       San Agustín dijo: “Tú hiciste el alma para ti y por eso el alma no haya descanso hasta que viene a ti”.
 
B)            Está acreditado por las enseñanzas del propio Cristo.
       “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc.12:15).
       ” ¿De qué le vale al hombre se granjeare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mt. 16:26).
 
Dijo alguien que vivía en una gran opulencia: “Tengo todo lo que me hace falta para vivir, pero no tengo deseos de vivir”.
Cuando esa necesidad espiritual pide ser saciada, mucha gente confunde la manera correcta de hacerlo y acuden a:
 
II.              “AGUAS” QUE SACIAN LA SED TEMPORALMENTE
 
He aquí algunos ejemplos de “aguas” que no quitan verdaderamente la sed del espíritu:
 
a)    El agua del placer desenfrenado.
       Salomón la había bebido al máximo, pero le llamó vanidad, aflicción de espíritu y sin ningún provecho debajo del sol (Ecl. 2:11).
       La Samaritana lo había disfrutado también (Jn. 4:18), pero era una desgraciada espiritualmente antes de llegar Cristo a su vida.
 
b)    El agua de las riquezas materiales.
       Así lo ilustra la historia del rico insensato (Lc. 12:13-21).
 
c)    El agua de las vanas glorias (1 Jn.2:16).
 
d)    El agua de la religión.
       La mujer samaritana era muy religiosa. Conocía acerca de los lugares donde supuestamente se debía adorar, y de la promesa del venidero Mesías. Pero su religión no le había quitado la sed espiritual que padecía.
 
La razón por la que esas aguas no sacian es porque son de pozos terrenales. Lo espiritual no se sacia con lo terrenal.
 
 
III.            AGUA QUE SACIA LA SED DEFINITIVAMENTE
 
a)    Es un agua divina, porque procede del divino Señor
       Por eso, sacia directamente el receptáculo de lo divino que hay en nosotros, nuestro espíritu.
       Esa agua es el Espíritu Santo, prometido por Cristo mismo (Jn. 7:39).
 
b)    Es un agua que el propio Cristo ofrece en forma continua
       Cristo es el prototipo de la peña de Horeb que fue abierta en el desierto (Ver Nm. 20).
       Él le dijo a sus discípulos, soplando sobre ellos: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:22).
       El Espíritu Santo es dado por Cristo mismo. En el mensaje de Pedro en Pentecostés, él dijo, refiriéndose a Cristo: “Así que exaltado por la diestra del Padre y habiendo recibido la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hch. 2:33).
 
c)    Es un agua de la cual se bebe personalmente
       Por eso Cristo dijo a la Samaritana: El que beba…
       Nadie puede beber del Espiritu en lugar de otro. Es una necesidad individual de cada creyente.
 
d)    Es un agua que nosotros tenemos que procurarla
       El Señor dijo: “A todos los sedientos, venid a las aguas… ” (Isa. 55:1).
        “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba… ” (Jn. 7:37).
       La mujer Samaritana le dijo a Cristo: “Dame esa agua para que no tenga yo sed… (Jn. 4:15).
       ¡Que no se pierda esa sed por el Espíritu Santo!
 
e)    Es un agua que al ser bebida una vez, se convierte en una fuente que mana dentro de nosotros
 
– Cada vez que tenemos sed, ahí está la fuente.
– El agua de Cristo se convierte en una fuente; se va a seguir bebiendo de ella continuamente.
– El agua de Cristo quita la sed de las otras aguas terrenales citadas anteriormente, como los placeres, las riquezas, la vanagloria.
– Esa agua viva como fuente en nosotros, indica que habrá una continua sed por Dios, y una continua saciedad de Dios.
 
f)     Es un agua que salta para vida eterna.
       El que bebe de Cristo, bebe también de la vida eterna.
       El Espíritu Santo en nosotros, es una primicia de la vida en eterna comunión con Cristo en gloria (Ver Ef. 1:13-14). 
       Las cosas por las que se tienen sed luego que el Espíritu de Dios mora en el corazón, son las de arriba, las celestiales, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Ver Col. 3:1-3). 
 
Amados hermanos, Cristo está sentado con el Padre en Su trono (Ap. 3:21), y desde allí ha enviado al Espíritu Santo para que haga morada con nosotros y en nosotros. Cuando uno le ha invitado a vivir en el corazón, El Espíritu de Dios produce saciedad de tal manera, que las mismas cosas temporales que antes nos robaban la atención, el tiempo, y la vida, ahora no son lo más atractivo para nosotros. Aquellas dejan de ser la meta del creyente en Cristo. Hacia donde miran nuestros ojos es al amor de Dios, buscando como ser agradecidos con tantas bendiciones que Cristo nos ha dado.
 
El remedio para cambiar de pozo es aceptar a Jesucristo, no solo como Salvador, sino como el Señor de nuestra vida. Acabarnos de rendir a él de todo corazón nos hará beber de la fuente que salta para vida eterna.
¡Te invito a que bebas de esa agua fresca y viva a través de una vida de comunión con el Señor Jesús!
 
Vuestro servidor en Cristo,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
 
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