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AHORA LEVANTARÉ MI ALMA

AHORA LEVANTARÉ MI ALMA

Los comienzos de años son, generalmente, asociados con nuevos propósitos. En la Biblia Dios nos habla del contar del tiempo. La expresión de un agradecido fue: “Cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación” (Sal 60:19). Un sabio le dijo a Dios: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal 90:12). Otro exclamó exaltando al Creador: “Nuevas son cada mañana sus misericordias” (Lam. 3:23).

Moisés expresó: “Desde el siglo y hasta el siglo tú eres Dios” (Sal 90:2). Hay tiempos que tienen que ver con acciones futuras de Dios, que han sido guardados en la sabiduría divina, y por tanto, no se nos han revelado a nosotros. Cristo dijo que del día y la hora de su venida nadie sabe, ni aun los ángeles del cielo, sino solo el Padre (Mr. 13:32). Y cuando los discípulos le preguntaron a Cristo antes de él ascender, si restauraría el reino a Israel en ese tiempo, el Señor les respondió: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad” (Hch 1:7).

Sin embargo, estamos llamados a identificar en qué tiempo profético nos encontramos. Cristo reprendió a los fariseos y saduceos, porque ellos conocían los pronósticos del cielo físico, pero no podían identificar las señales de los tiempos (Ver Mr. 16:1-3). Jesús dijo que cuando viéramos las señales que nos dio acerca de su venida, conozcamos que el tiempo está cerca. En verdad “… hoy está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Ro. 13:11). “… aun un poquito, y el que ha de venir vendrá y no tardará” (He 10:37).

Al llegar al 2014, todo auténtico cristiano sabe que Cristo puede aparecer en cualquier momento a levantar la iglesia. No sabemos el año, ni el día de la hora, pero sabemos que está a las puertas. Esta verdad es contundente e impresionante. Debemos, por tanto, hacer el propósito que tenía el Salmista cuando dijo: “A ti, oh Dios, levantaré mi alma” (Sal 25:1).

He aquí tres razones importantes para levantar el alma:

· Hay que levantar el alma porque existen deseos carnales que batallan contra ella, de los cuales se nos manda abstenernos (1 P. 2:11). La causa de este requerimiento es que “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Ro. 8:8), y por tanto, los que practican las obras de la carne, no heredarán el reino de Dios (Gl. 5:21).

· Hay que levantar el alma, porque nuestra vida está escondida arriba, con Cristo, donde Él está sentado a la diestra de Dios (Col. 3:2-3). El alma se siente espiritualmente viva, cuando se eleva a través de la oración y la comunión con Dios y se nutre de la sabia de la vid verdadera, de Cristo mismo (Ver Jn. 15:1). Ser ferviente en espíritu, requiere que el alma se levante. Adorar en espíritu y en verdad, requiere dejar de hacer de este mundo el centro de nuestro pensamiento.

· Hay que levantar el alma porque es al hacerlo, que la visión se nos aclara para ver la necesidad urgente de trabajar en la cosecha de las almas perdidas. Jesús le dijo a sus discípulos: “¿No decís vosotros, aun faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo, alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35). Cuando el alma se alza por la fe y vive en la expectativa de la presencia de Dios, ve con claridad que los hombres no son árboles, o meras criaturas corporales, sino que cada ser humano ha de pasar la eternidad o en el cielo o en el infierno.

Cuando el alma se eleva, uno ve almas inmortales. Entonces, nos preocupa que se nos haya asignado el sagrado deber de hacer algo para que no pasen la eternidad en ese lugar de fuego y tinieblas, y que no estemos cumpliendo con esa asignación divina. Cuando el alma se eleva, uno dice con Pablo: “soy deudor” (Ro. 1:14). Entonces, decimos: Pronto estoy a anunciar el evangelio (v. 15). Con responsabilidad y seriedad admitimos con el hombre de Tarso: “Ay de mí si no anunciare el Evangelio”(1 Co. 9:16).

Por estas y muchas razones más, yo he determinado en este nuevo año, que “levantaré mi alma”. ¿Me acompañarías en esta decisión? Si lo logramos, el alma tendrá deseos celestiales, será vivificada, y seremos una contribución a la visión divina de hacer a los hombres ciudadanos del cielo.

!Feliz año nuevo te deseo! y oro para que este sea un año de Alturas con Dios.

Con amor sincero,

Pst. Eliseo Rodriguez
Iglesia E. Monte de Sion

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