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AQUEL QUE ES PODEROSO

AQUEL QUE ES PODEROSO

Casi al final del canon de la Biblia, la Palabra nos ofrece una declaración contundente sobre el poder de Dios. En tiempo presente Judas afirma inspirado: “aquel que es poderoso” (Judas 24).

Esta expresión parece ser un resumen justo del mismo poder divino que ha quedado evidenciado a través de todas las sagradas Escrituras. La identidad de Dios tiene intrínseco su omnipotencia.

Cuando Dios anunció a Abraham que Sara tendría un hijo en su vejez, el Señor acompañó su promesa con este desafío a la fe: “Hay para Dios alguna cosa difícil?” ‘(Gn 18:14).

Después de pasar su terrible prueba, Job le dijo a Dios: “Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2)

No solamente hombres y mujeres de fe reconocieron el inagotable poder de Dios, sino, igualmente, Dios mismo propició su testimonio de modo que, aún reyes paganos tuvieron que rectificar reconocer la irreversible manifestación de la grandeza del Dios de Israel.

Nabucodonosor tuvo en sus medios tres testigos del poder divino quienes dieron el testimonio viviente que Dios manifiesta su poder en el área de la fidelidad. Tres jóvenes hebreos se negaron a adorar la estatua de oro que el pagano rey había levantado. El castigo por desobedecer al rey en cuanto a adorar la estatua fue el horno de fuego. Pero ellos hablaron firmemente sobre el poder de su Dios y, conforme lo dijeron, así sucedió: Dijeron que su Dios a quien servían podía librarlos del horno de fuego y de la mano mortífera del rey. Cuando el horno se calentó siete veces más de lo acostumbrado para asegurar que estos fieles fueran convertidos en cenizas, no solo su Dios los libró, sino que estuvo dentro del horno con ellos y se paseó con ellos en medio del fuego ardiente. Al sacar a los tres jóvenes fieles, ni olor a fuego tenían. De inmediato sus enemigos fueron lanzados al fuego y devorados por él.

El rey, entonces, emitió un decreto en contra de quien hablase mal del Dios de Sadrac, Mesac y Abeg-nego (Dn 3).

Esta historia tan conocida nos enseña grandes lecciones. Por ejemplo, aquí aprendemos que el poder de Dios halla su terreno de expresión en el campo de la fe. El escritor sagrado dijo: “creí, por lo cual hablé; nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Co 4:13). Cuando tenemos certeza de lo que esperamos y convicción de lo que no vemos, podemos hablar con firmeza sobre esa fe. Entonces, el brazo omnipotente de Dios se mueve en respaldo nuestro. Pero siempre debemos recordar que esa fe no está basada en la caprichosa imaginación humana, ni responde a intereses vanagloriosos del hombre. Por el contrario, esa fe está anclada en lo que Dios mismo nos ha dicho en su Palabra. La Palabra es la fuente de la fe y Dios tiene un compromiso irreversible de respaldar su Palabra. Fue sobre ella que Pedro dijo echar la red en el mar y, al hacerlo, hubo una pesca milagrosa (Lc 5:5).

Al intentar describir el brazo poderoso de Dios, nos sucedería como dijo el escritor de Hebreos respecto a aquellos que por su fe pudieron ver el poder de Dios en acción: Y qué más digo?, porque el tiempo me faltaría… (He 11:32).

Por tanto, es mejor recurrir a la mejor forma de describir el poder de Dios: verlo en la persona y obra de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Fue por el poder de Dios que nació, como le dijo el ángel a María: el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1:35).

Cuando se bautizó, Cristo vino en el poder del Espíritu a Galilea (Lc 4:14).

En una ocasión en su ministerio público, el poder de Dios estaba con él para sanar (Lc 5:17).

Cuando llegó el tiempo de dar su vida en rescate por todos nosotros, afirmó su rostro para subir a Jerusalén (Lc 9:51). Y la Biblia dice que en su resurrección fue declarado hijo de Dios con poder según el espíritu de santidad (Ro 1:4). ¡Qué lección! El poder de Dios se manifiesta para bien en la santidad. Las Escrituras afirman que, aunque fue crucificado en debilidad, resucitó en poder (2 Co 13:4).

Sabemos que a través de su sangre expiatoria derramada en la cruz, puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (He 7:25).

Las obras de Cristo son poderosas e inexplicables con la mente humana. Por ejemplo, la operación de hacer nacer de nuevo por el Espíritu a una criatura humana es una manifestación tan gloriosa del poder de Dios, que la mente humana no la puede explicar (Jn 3:1-8).

El Cristo resucitado prometió a los discípulos que recibirían poder cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo, con el propósito de ser testigos o mártires de su Señor desde Jerusalén y por toda la faz de la tierra (Hch 1:8). No hay otra manera de explicar la valentía que recibieron esos varones, antes tímidos y recluidos tras la muerte del Señor, antes de su resurrección, sin una experiencia connotada con el poder del Espíritu Santo.

Para los apóstoles del primer siglo la resurrección del Señor y la subsiguiente llenura del Espíritu fueron testimonios tan fehacientes de la Omnipotencia divina, que Lucas hace notar: “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección de Jesús y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hch 4:33).

Cuando ellos fueron severamente perseguidos por su fe en el poderoso nombre de Jesús, vinieron a los suyos y oraron. Lo que pidieron fue que el Señor les diera todo denuedo para hablar la Palabra de la Cruz. Como resultado, el lugar en que estaban congregados tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban con denuedo la Palabra de Dios (Hch 4:23-31).

El poder de Dios dado a sus discípulos no fue un trofeo para exhibirlo sobre otros. Dios les dio poder a la iglesia para que anunciara el testimonio de Cristo aún en medio de la más cruel adversidad. Por tanto, a través de dos mil años de historia evangélica, la iglesia ha prevalecido contra toda persecución y ni las puertas del Hades han prevalecido contra ella.

La iglesia contemporánea debe ser pregonera ferviente también de ese poder. Es tan grande el poder de Cristo manifestado a través de su tumba vacía, que el apóstol Pablo quería conocer el poder de esa resurrección (Fil 3:10). Si, como PABLO, pedimos revelación divina al respecto, vamos a ver más allá de un Cristo histórico o nominal. Conoceremos de uno que es el Todopoderoso (Ap 1:8), poderoso aún para socorrer a los que son tentados (He 2:18).

Pablo tuvo revelación para afirmar que es, precisamente, en nuestra debilidad, que el poder de Dios se perfecciona (2 Co 12:9).

El escritor tuvo revelación para decir que nosotros somos guardados por el poder de Dios mediante la fe (1 P 1:5).

Como afirmamos en el título de este Boletín, Judas tuvo revelación del poder del Señor al decir que Dios es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría.

La permanencia de la vida divina en nosotros es segura primicia de que podremos ser sostenidos hasta el fin. Esto, sin olvidar que somos participantes de Cristo con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio y el gloriarnos en la esperanza (He 3:14).

Debido a la flaqueza innata en nuestra naturaleza caída, debemos ir diariamente a la fuente del poder, esto es Cristo mismo, y solicitar su gracia para que nos guarde sin caída fatal. Él lo hizo con Pedro cuando fue zarandeado por el enemigo. Pero se interpuso ante el adversario, la intercesión del Señor para que su fe no faltara (Lc 22:31-32). Una vez vuelto de la prueba, el apóstol pudo confirmar a sus hermanos.

Estoy seguro que, cada uno de mis amables lectores tiene un contexto diverso donde necesita auxilio pronto, socorro oportuno. Te animo a levantar el alma a Dios (Sal 25:1). Él te levantará victorioso con la potencia salvadora de su diestra. Él hará volver de la cautividad a su pueblo, él es poderoso para enviarte lo que estás esperando recibir.

Finalmente, amados. A pesar de todos los favores presentes del Señor, nos espera aún lo mejor. El día se acerca cuando seremos presentados, por el beneficio de la sangre del Cordero sin mancha, y con gran alegría delante de su gloria. Entonces, veremos cara a cara, y conoceremos plenamente cuán grande es el poder de Dios que nos guarda en la travesía hasta la patria del alma.

Allí te espero ver,

Acordémonos siempre de

 ¡Aquel que es poderoso!

En su fe,

Tu servidor

Pst Eliseo Rod.

www.iglesiamontedesion.org

www.christianzionuniversity.org

www.quedicelabiblia.tv.

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