skip to Main Content
BENEFICIARIOS DEL FIDEICOMISO

BENEFICIARIOS DEL FIDEICOMISO

La Wikipedia dice que fideicomiso “… es un contrato o convenio en virtud del cual una o más personas, transmite bienes de su propiedad (real o personal, tangible o intangible) a otra persona para que administre o invierta en beneficio propio o en beneficio de un tercero”. De esta forma, el fideicomiso guarda el dinero aparte para una persona hasta que esta alcance una cierta edad. Al arribar a esa edad, entra en actividad el fideicomisario, y comienza a entregar al beneficiario lo que se le había retenido en fideicomiso. Siempre que se establece el contrato de fideicomiso, también se establecen reglas. Ejemplo: Cuánta es la cantidad real del dinero, en qué forma se hará su entrega, y hasta cuál es el método que se utilizará para la distribución del mismo. Es necesario registrar los acuerdos establecidos en un documento legal, conocido como Escritura.

Nuestro gran Dios es un fideicomisario absolutamente fiel. Él mismo ha hecho originalmente los depósitos a nuestro favor, en el Nuevo Pacto que es en Jesucristo su Hijo. Somos “… herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Ro. 8:17). ¡Hay tanta abundancia de bendiciones en ese depósito! “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co. 2:9). Esos beneficios que ha guardado con nuestro nombre, él mismo los gobierna, y sabe además, cuál es el momento exacto en que esos recursos nos deben ser entregados. Mediante el poder de Dios nos han sido dadas “preciosas y grandísimas promesas” (2 P. 1:4). “… Todas las promesas de Dios son sí y amén… ” (2 Co. 1:20). Por esta verdad anclada en la fidelidad de nuestro Padre, no debe existir en ninguno de los hijos de Dios una lista llamada “sueños desperdiciados”, o, “peticiones que Dios no me respondió”.

Abram recibió una promesa cuádruple de Dios, en la cual se le avisaba del depósito que Dios había hecho a su favor: “… Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Gn. 12:3). El primer cumplimiento visible de esa gran promesa demoraría unos 25 años, el nacimiento de su primer descendiente respecto a la promesa, Isaac. Sin embargo, en todo ese largo tiempo de espera, le fueron administrados desde el cielo unos bienes tan grandes, que eran necesarios para luego obtener la bendición absoluta. Cito estos tres: Mientras se aguardaba la llegada del hijo de la promesa, tuvo un encuentro trascendental con Melquisedec, rey de Salem, esto es rey de paz, una figura exacta del Señor Jesucristo, y este Melquisedec sacó pan y vino y lo bendijo (Gn. 14:17-20). Luego Dios le otorgó a Abram el privilegio de que su fe le fuera contada por justicia, o sea, fue declarado justo solo por creer (Gn. 15:6). Un poco después, Dios le cambió el nombre de Abram (padre enaltecido), por Abraham (padre de multitudes). (Gn. 17:5). Mientras todas estas cosas sucedían, Abraham seguía acumulando fe en el fideicomiso. Él “… se fortaleció en fe dando gloria a Dios” (Gl. 4:20). Finalmente, se le dio del tesoro del fideicomiso, lo mismo que esperaba pacientemente: Isaac nació, la innumerable descendencia que el Señor le había prometido se hizo visible. Y “Abraham” todavía hoy está recibiendo de los beneficios prometidos, porque todos los verdaderos creyentes en Cristo, somos hijos de Abraham, en cuanto a la fe (Ver Ro. 4:11-12, 16).

Amados hermanos y consiervos, En la Escritura se nos avisa que tenemos guardado en Dios, nuestro propio fideicomiso. Por tanto, se recomienda: “fíate de Jehová de todo tu corazón… ” (Pr. 3:5). La oración hecha con fe nunca llega a ser un desperdicio. No debe existir ni un solo creyente en Cristo que padezca de desilusión, preguntándose si acaso habrá buscado a Dios en vano. Cuando aun no veamos los resultados por los que hemos estado orando con fe y conforme a la voluntad divina, sepamos que Él debe estar poniendo todas nuestras oraciones en un fideicomiso. Las oraciones de los santos están delante de Dios y a ellas se les añade mucho incienso, y así olorosas suben a Su presencia (Ver Ap. 8:3-4). Dios está obrando a nuestro favor, incluso cuando nuestras oraciones no nos parezcan estar haciendo nada en absoluto. “… Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman… ” (Ro. 8:28 NVI). “… Dios dispone… ”, por tanto, decidamos poner todo en fideicomiso en las seguras manos de ese Fideicomisario celestial. Su plan para nuestra vida es mucho más grande de lo que podamos comprender, y su sabiduría para administrarnos los bienes es suficiente para saber qué darnos y en qué tiempo hacerlo. En fin, ¿no nos ha dado ya mucho más de lo que merecemos?

¡Recordemos, Dios nunca malgasta nuestra fe!
Somos beneficiarios del fideicomiso de Dios.

Animándoos a creer plenamente en lo que Él os ha prometido,

A vuestro servicio en el Reino de Dios,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion, Miami. Fl. USA.

Back To Top