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Buenas Nuevas Al Adicto

Buenas Nuevas al adicto

No siempre un adicto es alguien que tiene, voluntariamente, una doble moral. Un adicto puede ser una persona que anhela salir de tal situación. Casi siempre la adicción comienza con un “probar” personal, o a veces, inducida por otro que lleva a la víctima a descubrir el mundo oscuro del pecado. En todos los casos, la persona quedó pegada a ese delito. La situación se puede tornar desesperada, sobre todo, si el adicto tiene idea de las terribles consecuencias eternas que se pueden acarrear, en caso de que el problema no sea resuelto: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?” (1 Co. 6:9).
Hoy no nos vamos a referir a adictos inconversos, pues lo más vergonzoso ocurre en quienes después de haber sido redimidos, han abierto sigilosamente una puerta al pecado. Aunque el Tentador les ha prometido que es “una sola vez”, han quedado realmente presos en un ciclo de transgresiones, aparentemente indetenibles. Esto dijo Cristo a Israel, acerca del poder del pecado: “el que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8:34). Judas Iscariote era un adicto al robo, un ladrón inconfeso, y estaba dentro de los discípulos de Cristo. Pero su vicio no arreglado, le quitó no solamente la vida física sino su permanencia eterna en la casa de Dios (Ver Jn. 12:6; Hch. 1:25). Pablo dijo a los cristianos romanos: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Ro. 6:16). Dice en Ro. 7:22-23-24: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí ! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”.

Pero traemos buenas noticias para un adicto que añora un antídoto definitivo a su pecado. Jesucristo dijo: “… si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36). La gran noticia es que Jesucristo está vivo y tiene el poder para cumplir su promesa. Ahora, se necesita entender cómo hacer funcionar dicha promesa para ser libre de cualquier adicción. He aquí algunas recomendaciones sagradas:

1. Entendamos que el pecado quiere reinar sobre nosotros, y someternos a una frecuente desobediencia a Dios. Por tanto, debemos tener una actitud intransigente contra él. La Palabra dice: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias… (Ro. 6:12).

2. Debemos hacer práctico este requerimiento de Cristo: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt. 26:41). Es curativo trazar diariamente un tiempo y un lugar donde encontrarnos a solas con Dios. La oración no está diseñada para evitarnos ser tentados, pero es en ella donde se recibe la fuerza para vencer la tentación. La historia de las caídas de siervos de Dios, ha sido la misma de un descuido en el área de la oración. Por tanto, nunca debemos subordinar el orar a otras cosas temporales. Pedro quiso seguir a Jesús hasta el fin, pero se había quedado dormido cuando Jesús había llamado a sus discípulos a orar. Entonces, negó a Jesús tres veces (Mt. 26:40; 72).

3. Debemos creer, y entonces experimentar, el maravilloso don divino del dominio propio (2 Ti. 1:7). Estamos espiritualmente capacitados para no dejarnos dominar de cualquier pasión, sino enfrentarla con autoridad y mantener el control de nuestro estatus como “… hermanos santos, participantes del llamamiento celestial… ” (He. 3:1).

4. No nos dejemos robar nuestra identidad como hijos de Dios, a pesar de fallos en cuanto al objetivo de la santidad. La Biblia dice: “Mantengamos firme, sin fluctuar la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (He. 10:23). No nos demos por vencidos ante la ofensiva del tentador, porque el Señor nos llama “… más que vencedores, por medio de aquel que no amó” (Ver Ro. 8:37).

5. Pero quizás, una de las herramientas sanadoras más efectivas es esta: Entregarle a Cristo, el señorío sobre esa área débil de la vida. Si Cristo viene a ser el Señor sobre esa parte que cojea, él no permitirá que el pecado reine allí. Él mismo se encarga de defender ese territorio. ¡Qué paz, qué descanso! Por eso, la Palabra dice: “Haciendo él en vosotros, lo que es agradable delante de él por Jesucristo… ” (He. 13:21).

Amados, ¡A libertad fuimos llamados, solamente que no usemos esa libertad como ocasión para la carne ! (Cf. Gl. 5:13). Celebremos en Cristo, la victoria sobre todo vicio de las tinieblas. El Evangelio promete que el pecado no se enseñoreará de nosotros (Ver Ro. 6:14). Cristo no solo es nuestro Salvador, sino nuestro Bendito Señor. Toda lengua lo ha debe confesar (Ver Fil. 2:5-11).

Por tanto, en el Nombre de Jesucristo, ¡sigamos predicando este Evangelio de Aquel Jesús que vino a libertar a los cautivos !

Con estas buenas noticias,

Vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez

Iglesia E. Monte de Sion.

¡QUE ESTE FIN DE SEMANA, EL ESPÍRITU SANTO NOS RECUERDE, EN LA IGLESIA, QUE CRISTO VINO PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS, AMÉN!

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