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BUSCO AL CREADOR DE LAS PLÉYADES Y EL ORIÓN

BUSCO AL CREADOR DE LAS PLÉYADES Y EL ORIÓN

En Amós 5:8-9, la Palabra nos invita: “Buscad al que hace las Pléyades y el Orión”, y luego sigue citando una serie de obras maestras del Señor.

La gente de todos los tiempos ha quedado absorta ante las maravillas del cielo; tan abismados, que en su ceguera, muchos han adorado a las criaturas celestiales, lo cual es pecado condenado por la Palabra (Ver Isa. 47:13-14). Pero la fe nos eleva más alto, mostrándonos que si la creación celeste nos deslumbra, ¡cuán grande ha de ser la Majestad de su Creador! De inmediato tomemos el “telescopio” y examinemos a las Pléyades y al Orión, y recibamos también dos grandes verdades prácticas para nuestro peregrinar.

Pleiades_largeLas Pléyades, son las siete estrellas principales de la constelación Tauro, que conocemos como las siete Cabrillas. Cada una de estas, son cinco veces más grandes que nuestro sol. En Job 18:31, Dios pregunta: “¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades?”. Es como si Dios le dijera a Job: “¿Puedes tú mantener las Pléyades juntas? Obviamente, tú  no puedes, pero Yo sí”. Aunque solo observamos siete, las Pléyades están compuestas por unos doscientos cincuenta soles. Este grupo viaja junto en una dirección común, como esos grupos de pájaros, volando juntos hacia una meta lejana.

En la invitación a buscar al Creador de las Pléyades, hay una bella ilustración sobre la unidad cristiana. Así como las estrellas principales de las Pléyades son siete, siete es el número perfecto de Dios. La unidad del cuerpo de Cristo es un milagro producido por Dios mismo. Tal como Dios ha unido con lazos las Pléyades, él ha diseñado a la iglesia para que ninguna estrella brille por separado, sino que todos podamos “atarnos” mutuamente con los lazos del amor. Uno de los símbolos del Espíritu Santo es la paloma (Ver Mt. 3:16), y paloma es el significado de la palabra Pléyades en griego. El avance brillante del cuerpo de Cristo depende en gran medida, de que estemos “… solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3). En Apocalipsis son también siete las estrellas en la misma mano de Cristo, o sea, los ángeles o pastores de las Iglesias (Ap. 1:20). Cristo dijo:  “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:35). El amor es el vínculo perfecto (Col. 3:14).

En este sentido, Cristo habló de una oveja que se extravió del aprisco, pero el pastor la encontró y la devolvió al redil, y hubo alegría por su regreso. Igualmente contó sobre un hijo que había perdido la noción de familia y se marchó del hogar, pero después de no poder avanzar por separado, vino a su padre, y le recibieron con gozo en el hogar (Lc. 15:1-6; 11-24). La segunda pregunta más importante de Dios al hombre después que lo creó fue dicha a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? (Gn. 4:9). El interrogado había matado a su hermano porque este había brillado más nítidamente en su adoración, y él había quedado opacado por su irreverencia. Si podemos tener sentido de familia espiritual, eso es una buena señal de que hemos encontrado al que hizo las Pléyades de los cielos.

Regresemos ahora a las tres estrellas que forman el cinturón de la constelación de Orión. Estas tres forman una línea recta, de la cual Dios le pregunta a Job: “¿Puedes tú desatar las ligaduras de Orión? Como si le dijera: “¿Puedes aflojar esas cuerdas que las mantiene unidas? orion_mutti_bigTú no puedes, pero yo sí”. Eso exactamente está sucediendo con la constelación de Orión: las dos estrellas a mano derecha Mintaka y Alnilam se aproximan entre sí, y formarán en el futuro una estrella doble, mientras que la tercera, se aleja hacia el Este, y la banda no existirá más. ¿Cómo lo sabía Job hace unos 3 700 años? La Biblia es un Libro digno de confianza, y sirve de fundamento firme sobre el cual edificar nuestra vida y nuestra fe.

Curiosamente, las Pléyades y el Orión, siempre se nombran juntos en la Biblia. De las primeras se mencionan lazos que las mantienen unidas, y del segundo, se habla de ligaduras que deben ser desatadas.  El profeta nos dice que busquemos al Dios que une por lazos a las Pléyades, y a la vez, desata las ligaduras de Orión. Amados, todavía hoy este es un principio poderoso de nuestra unidad con el Dios Trino y con los santos en la fe. Para lograr vivir “atados” por los lazos de la Comunión del Espíritu, debemos ser a la vez desatados de toda ligadura con lo que no es de la misma especie de nuestra certidumbre. Nos incumbe estar dispuestos a ser desenlazados de amistades, que como serpientes, nos quieren desviar de la sincera fidelidad a Cristo (2 Co. 11:3). Además, la única manera de vivir como celestiales (1 Co. 15:48), es desligando el corazón de lo terrenal. “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2). Así como una de las estrellas del Orión se va alejando de las demás, Dios nos ordena a huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia (2 P. 1:4), a separarnos espiritualmente de quienes son como  estrellas errantes (Ver Jud. 13). Siempre el lenguaje bíblico de ganar, contiene un mandamiento a perder. Jesús decía: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt. 10:37). “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (Mt. 16:24-25).

Si buscamos únicamente al que hizo las Pléyades, nos mantendremos unidos al Sol de Justicia, que es Cristo, y resplandeciendo junto a nuestros hermanos que también brillan como miembros de la familia de Dios. A la vez, el buscar al mismo Dios que hizo el Orión, nos dará una actitud que nos permitirá cumplir el mandamiento del Sabio: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas”! (Pr. 1:10).

Haciendo nuestra la melodía del Himnólogo: “Muerto al mundo más viviendo para Ti” (para Cristo),

pastoresSoy vuestro en la Casa de Dios,
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

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