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CAMINO Y RÍOS A TRAVÉS DE LOS DESIERTOS

CAMINO Y RÍOS A TRAVÉS DE LOS DESIERTOS

Al comenzar el nuevo año, se propicia el momento para pasar revista a lo que Dios ha hecho a favor nuestro en el finado 2015. Para tantos, el pasado periodo ha sido de ensanchamiento y conquista. Para otros, les puede haber parecido como un largo y caluroso desierto. Pero Dios quiere proyectarnos a lo que él nos está diciendo para este nuevo año 2016. En esta perspectiva, quiero presentarles,
Tres tipos de desiertos en la Biblia:
Al primero le llamo el Desierto Post Redención, cuando después de ser redimidos, hay que pasar a través del “Desierto”. Casi inmediatamente después de Israel ser librado, Dios lo llevó al desierto (Ex. 15:22). De la otra parte estaba la anhelada Canaán. Aun en el caso de Jesús, quien no necesitó ser redimido, pero cuando fue bautizado, el Espíritu lo llevó al desierto por cuarenta días y enfrentó ataques directos del Tentador. Del otro lado estaba Su glorioso ministerio terrenal. El haber sido salvados, hace que se intensifique la batalla espiritual en contra nuestra. Entonces, es sometida a prueba nuestra fe(Ver 1 P. 1:7). En esa etapa de conflicto, se entrenan las convicciones, se hace fuerte la esperanza. 
 
Conozco un segundo, al cual llamaría el Desierto Pre Ministerial. Está  asignado a aquellos con quienes Dios tiene un propósito especial para el santo ministerio. A ellos los lleva a través de un “desierto” donde son probados y formados divinamente. Es un periodo de dolor, de prueba intensa, de tensiones fuertes. Es en ese yunque donde las manos divinas forjan la verdadera grandeza. A través de ese yermo pasaron, José (Gn. 37:22), Moisés (Ex. 3:1), David (1 S. 23:14), Elías (1 R. 19:4), y toda una hueste de heraldos de la fe. Dios necesita quebrar los puntos fuertes del ego humano, antes de que lleguemos a una absoluta aptitud para servirle.
Al último, lo llamaría el Desierto de la Recuperación.  Es la vivencia que ocurre cuando perdemos nuestras conquistas, cuando erramos el blanco en cuanto al plan de Dios para nuestra vida. En tal caso, es común que el camino a la restauración pase a través de un periodo “ardiente” como un desierto. Tal es el caso del Israel a quien se refiere el capitulo 43 de Isaías. Las profecías previas habían vaticinado la cautividad de la nación. Ahora, la referencia es directa a la restitución que Dios ha de hacer, regresándolos de nuevo a Casa. 
Sin embargo, en todos los casos, el desierto siempre ha sido un escenario de la gloria de Dios: Miremos lo que hizo con Israel en el desierto:  
1.    Las columnas de nube y de fuego estuvieron con ellos desde que salieron de Egipto hasta que entraron a Canaán (Ex. 13: 20-22; 14: 19, 24; 33: 9, 10). 
2.    Dios endulzó las aguas amargas de Mara (Ex. 15: 22 – 26). 
           3.    Los llevó a Elím donde había doce fuentes de aguas (Éxodo 15: 27).
           4.    Les mandó Maná del cielo por cuarenta años (Ex. 16:1-36).
           5.    Les dio la victoria frente a Amalec (Ex. 17: 8-16).
           6.    La gloria de Dios descendió en el Monte Sinaí (Ex. 19). 
           7.    Los sanó de las mordeduras de serpientes ardientes (Nm. 21: 4-9).
           8.    Sus vestidos y sus calzados no se envejecieron, ni sus pies se hincharon en cuarenta años (Dt. 8: 4; 29: 5;          Neh.           9: 21).
9.    Fueron bendecidos  y prosperados (Dt. 2: 7).
10. Dios les sacó agua de la roca en Horeb (Ex. 17: 1-7).
Algunos aspectos de esta promesa en Isaías a un Israel “fracasado”
El contexto: Israel habría de ser cautivo por setenta años. A este “desierto” se le conoce como: “… la cautividad de Sion … ” (Sal. 126:1). Este fue el relato: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y aun llorábamos, acordándonos de Sion” (Sal. 137:1). Pero ahora, Dios promete traerlos a través de un desierto a su tierra prometida. 
 
En el camino a la restauración, Dios les pide: No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas” (v. 18). Porque aunque vendrán de regreso a través de un desierto, no caminarán en él sin orientación: “otra vez abriré camino en el desierto” (v. 19 a). Los caminos sirven para conectar con destinos. Es como si Dios les dijera: “Con respecto a los triunfos que ven lejos de ustedes e inalcanzables, YO les llevaré hasta ellos en forma milagrosa. Tampoco será un desierto seco: “Abriré ríos en la soledad” (v. 19 b). “… daré aguas en el desierto… para que beba mi pueblo… ” (v. 20).Esto es, una abundancia del Espíritu Santo tan grande, que el pueblo no se podrá contener; prorrumpirá en alabanzas al Señor. 
Joven cristiano, que vas avanzando hacia el futuro, y para quien las mayores conquistas de la vida están aun por ser logradas, hoy el Señor te dice que aunque veas tu futuro nebuloso, “… encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía (Sal. 37:5-6).
A los que están siendo tratados para el Santo Ministerio, reciban esto: El desierto no les va a consumir. Antes, desde allí, el Señor mismo ha de forjar a alguien que sirva como antorcha que arda y alumbre en este mundo tan necesitado. Permítele a Dios tratarte como a una pieza Suya en formación. Un día no solo tú, sino quienes se sirvan de tu vocación, van a agradecer los procesos que Dios ha llevado a cabo con tu vida.
A los que se sienten frustrados, porque el enemigo les ha “destrozado”,Dios les quiere decir que les regresará a su herencia, les devolverá lo que se les ha quitado. Aunque el  “regreso” sea a través del Desierto, no les faltará jamás la misericordia divina. En fin, Dios nos promete dos de las cosas más importantes de la vida: “Camino”, la manera divina de llegar a los propósitos, sin manipular, sin romper puertas. Y también, la provisión abundante de Su Rio: Llenura del Espíritu Santo en el peregrinar.
Dios no nos ofrece que siempre seremos librados de los desiertos. Pero si pasamos por ellos, Su gracia va a ser suficiente. Este es un año donde caminaremos debajo de cielos abiertos, y habrá un desborde de gracia divina sobre el pueblo Santo. Esto no estará condicionado a circunstancias geopolíticas, porque Dios mismo lo ha de presidir desde el cielo.
Plenamente seguro de esta aseveración, 
Vuestro en Cristo,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
(Este ha sido un extracto del Mensaje que Dios me dio para predicar en Monte de Sion, este 31 de Diciembre del 2015, en referencia al 2016).
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