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¡COMPÁRALO, SI TE ES POSIBLE!

¡COMPÁRALO, SI TE ES POSIBLE!

¡Estaba edificado con mucha diversidad de materiales! Desde el exterior hacia adentro, la calidad de los metales era cada vez superior. Los muebles que se podían ir observando, mostraban que la finura y el detalle serían incrementados. El bronce quedaba al descubierto desde un tanto lejos. De él estaba recubierto el altar donde una víctima animal diariamente era ofrecida por el pecado (Ex. 38:1-6). Yendo en dirección a la puerta de entrada, aparecía, hecha también de bronce, un tipo de fuente, que servía de lavacro para las manos y pies del ministro, antes de entrar al santuario (Ex. 30:17-21). Ahora, las cuarenta basas que sostenían la estructura del inmueble, eran de plata (Ex. 36:26).

Ya dentro, había una mesa de madera de acacia, pero ésta, cubierta de oro puro (Ex. 25:23-30). Al otro lado, un candelero de siete brazos, pero éste, era macizo de oro puro (Ex. 25:31-39). Mas cerca al núcleo principal del edificio, hay un altar para el incienso, hecho de madera de acacia, recubierto de oro puro (Ex. 30:1-10). Por fin, se llega al velo sagrado, hecho de obra primorosa que divide el lugar santo, del Lugar Santísimo, el sitio relevante del sagrado recinto (Ex. 36:35). Dentro del Lugar Santísimo, detrás del velo, todo es de una altísima calidad. Allí está el arca del pacto, de madera de acacia, pero cubierta de oro fino por dentro y por fuera. Dentro de ella, se guardan tres reliquias del trato divino con el pueblo. Era una porción del maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas de la Ley. Todo eso, cubierto de una lámina de oro fino, a la cual conocemos como el propiciatorio. Como cobertura a todo ello, dos querubines de obra primorosa también de oro puro, con sus alas respectivas tocando las alas del otro en frente. De entre las alas de los querubines y el propiciatorio, en ese pequeño espacio, la gloria de Dios era manifestada, y desde ahí Dios hablaba personalmente con Moisés (Ex. 25:10-22).

Todo ese derroche de hermosura y de presencia manifiesta de Dios en el interior de lo que he descrito, llamado el Tabernáculo de Reunión, estaba techado en forma tan sabia, que había sombra que guardaba del poder abrasador del sol (Ex. 26:14).

Cuarenta años fue el tiempo que el pueblo de Israel caminó por ese desierto, hasta que llegaron a la tierra de la promesa (Nm. 14:33-34). Mientras Israel cruzaba, el tabernáculo de Dios, estaba entre ellos. Dos veces he atravesado parte de ese desierto. Es un espacio inmenso de amarillenta arenilla, sin vegetación, solo unos escasos oasis de palmeras. La lluvia parece huir de allí. Las serpientes abundan. El calor es insoportable en algunas épocas del año. No hay pastos suculentos. Ha habido historias recientes de asaltos por parte de ladrones que se esconden en ese yermo para robar y matar.

Ya estamos listos para intentar comparar. ¿Donde preferimos pasar nuestra vida durante caminamos por esta tierra? Nosotros somos peregrinos aquí, que nos dirigimos a la Canaán celestial. Primera de Corintios 10 nos advierte no cometer las mismas faltas que Israel cometió en su peregrinar, dando por sentado que este mundo también es un desierto. Aun en los países ricos, donde el confort es mejor, todavía figuradamente, se vive en el desierto.

Mas hoy la presencia de Dios, no está circunscrita a una tienda movible, donde solo algunos sacerdotes podían entrar por el pueblo intermitentemente. En Cristo, mientras físicamente ocupamos un espacio en este mundo, tenemos acceso con confianza al Trono de la gracia, libertad para entrar en el mismo Lugar Santísimo celestial. No es ir a “visitar” la presencia de Dios; es permanecer allí. Es habitar en Su tabernáculo, es morar en Su monte Santo, es permanecer mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor. Es ser permanentemente atraídos hacia Aquel que fue levantado de la tierra y a todos atrae a sí mismo (Ver Sal. 15:1; Jn. 12:32; Ef. 3:12; 2 Co. 3:18; He. 10:19).

¡Hagamos el firme propósito este año de vivir a la altura de este privilegio incomparable! “Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”(Sal. 84:10). Mientras nuestro cuerpo se expresa en este mundo visible, y nuestra alma lucha contra las tensiones del mundo, nuestro espíritu puede estar conectado todo el tiempo con Dios. Se puede vivir en Su presencia, en donde hay plenitud de gozo y delicias a su diestra para siempre (Sal. 16:11). No hay elementos comparativos entre vivir una vida enfocada solamente en este pavoroso desierto, y el honor de “habitar en las alturas”, donde el refugio es fortaleza de rocas, donde hay Pan y las Aguas son seguras (Ver Isa. 33:16). Martin Lutero dijo una vez: “Hoy tengo tantas cosas por hacer, que primero voy a estar tres horas en oración”. Entonces, ¡qué grato sería si después de esas tres, nos pasamos también las demás, espiritualmente conectados con la gloria del Señor!

Te invito a vivir plenamente un año de ensanchamiento y conquista, viviendo en la presencia de Dios,

Soy tu servidor que ora siempre por ti,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Evangélica Monte de Sion
Miami, Fl. USA.

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