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CORRER TIENE SUS REQUERIMIENTOS

CORRER TIENE SUS REQUERIMIENTOS

La vida cristiana es una carrera. De esta aseveración tenemos suficiente referencia en la Palabra. En ella se nos relata, sin disimulo, el dolor que causa al corazón de Dios cuando un discípulo se vuelve atrás del camino de la vida. Así sucedió en el ministerio público de Cristo: Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él (Jn 6:66). Mas, la voluntad divina es que no retrocedamos para perdición, sino que tengamos fe para preservación del alma (Cf.  He 10:39).
 
Pero los requerimientos para correr bien la carrera de la fe no tienen solamente la advertencia de volverse atrás. El apóstol Pablo les comparó a los Corintios su participación en la carrera de la fe con el correr de los atletas en un estadio: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis (1 Co 9:24). Para ilustrar la necesidad de permanecer hasta el final, Pablo les hace énfasis aquí: todos a la verdad corren, pero uno sólo se lleva el premio. Uno solo demostró que entrenó lo suficiente como para ser vencedor. Uno solo parece haber puesto más que otros su mirada en el galardón. Uno solo parece haber desechado todas las atracciones que desde las gradas le pudieran haber llamado la atención. Entonces, la aplicación para nosotros: Corred de tal manera que lo obtengáis. Hoy les brindamos algunos requerimientos que son insustituibles en nuestro peregrinar.
 
El primero, es trazar un propósito de no correr en vano. Es necesario que los que corren en la vida cristiana, estén absolutamente decididos a terminar bien su carrera. Pablo, inmediatamente que recibió de Cristo la gran revelación del Evangelio, recibió también la luz de que la vida en el Evangelio es una carrera de fe y reconocía la importancia de comenzar bien su caminar. Él dijo tener el cuidado de no correr en vano. Por eso no se lanzó súbitamente a la enseñanza de la verdad revelada. Para ello, usó de prudencia en cuanto al reconocimiento de las autoridades eclesiásticas de Jerusalén, y antes de escribir sus cartas y hacer sus grandes viajes misioneros para predicar y enseñar, expuso en privado el Evangelio a los que tenían cierta reputación en la iglesia (Gálatas 2:2). Aquí aprendemos que para terminar bien la carrera hay que comenzar despacio, hay que tener en cuenta a otros, hay que respetar las autoridades espirituales de la Casa de Dios.
 
El segundo requerimiento es asirse de la Palabra de Dios. Cuando les escribió a los Filipenses, Pablo les desafió a asirse de la Palabra de vida para que en el día de Cristo él pudiera gloriarse de no haber corrido en vano (Fil 2:16). Para los obreros de Cristo el terminar bien su carrera incluye que aquellos para quienes trabajan en el Señor, también alcancen el cielo. Si la obra de algún obrero se quemare, él sufrirá pérdida, si bien el mismo será salvo, aunque, así como por fuego (1 Co 3:15). Velar por uno mismo y a la vez por las ovejas de Cristo es un trabajo de inmensa responsabilidad y peso en la obra de Dios. No en vano se requiere un llamado del Señor bien claro para lograrlo.
 
En Hebreos 12:1,2 a la lista se añaden cuatro requerimientos indispensables para correr la carrera de tal manera que se obtenga el triunfo:
 
–       Hay que despojarse de todo peso. Mientras más peso tiene sobre sí el atleta, más posibilidad hay que baje su resistencia en la carrera. Debemos estar alertas de no cargarnos voluntariamente de cosas de esta tierra que puedan llamar más nuestra atención que la persona de Cristo mismo. Recordamos a quienes querían seguir a Cristo, pero tenían demasiados pesos que le impidieron ver la importancia de ganar la vida eterna. El primero era recién propietario de una hacienda, a la cual consideró más importante que seguir a Cristo. El segundo era recién propietario de unos bueyes y, probar las yuntas, le pareció más necesario que caminar con Cristo. El tercero estaba recién casado y la luna de miel se interpuso en su carrera con el Señor (Ver Lc 14:16-20).  ¡Qué bendito ejemplo el de Pablo! Él dijo: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo (Fil 3:7).
–       Hay que despojarse también del pecado que nos asedia. Debemos tomar una postura radical cuando el pecado nos quiere cargar. El por qué la advertencia al atleta de cuidarse del pecado es tan común en la Biblia es porque el pecado está siempre relacionado con la caída. Cuando se peca voluntariamente, la persona cae espiritualmente y esa, obviamente, no es la posición más ventajosa para quien quiere mantenerse en la carrera. ¡Señor, líbranos del peso abrumador del pecado!
–       Hay que correr con paciencia. Basta ya, Jehová, quítame la vida. Eso dijo Elías cuando pensó que Jezabel lo alcanzaría para eliminarlo. Pero Dios le dijo: Come y bebe porque largo camino te resta (1 R 19:1-8). Quizás esta es una voz de Dios para alguno que esté desanimado a la misma hora que está leyendo este Eco Pastoral. ¡Ten paciencia hasta la venida del Señor! ¡No tienes que correr demasiado rápido, pero, te ruego en el Nombre de Cristo que te mantengas en la carrera! El galardón al final te dará el bendito reporte que no fue en vano el dolor sufrido mientras corrías con paciencia.
–       Hay que tener la mirada fija en Cristo. De todos los requerimientos para ganar el triunfo, este es el fundamental, porque se tiene que observar durante toda la carrera. Desde que creímos en él para salvación, hasta que le veamos cara a cara como él es, debemos sostenernos como viendo al invisible (He 11:27). La comunión con Jesús el Hijo de Dios es el elemento más fortalecedor para el atleta de la fe. Él es nuestro Salvador y también nuestro galardonador, es autor y consumador de la fe (He 12:2). Es de él que oiremos palabras como estas: Ven, buen siervo y fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor (Mt 25:23)Pablo dijo que del Señor recibiremos la recompensa de la herencia (Col 3:24).
 
Por último, es imposible que no vengan tropiezos (Lc 17:1). Por tanto, nuestro caminar a la meta necesita de una habilidad para sobrepasar los obstáculos sin que ellos nos hagan tropezar. Las carreras de obstáculos parecen ser más cortas, pero son más peligrosas que las de resistencia. El cristiano debe ejercitarse en las dos. Algunos de los tropiezos vienen sencillamente por ver caer a otros a nuestro lado. El cristiano inmaduro chocha con ese obstáculo, pues le desanima ver que otro cae de súbito y pierde así su galardón.. Cuando la fe madura en el creyente, el cristiano sigue avanzando mientras llora la caída de un hermano de la fe. El salmista advirtió que en el avanzar de la obra, a veces se irá andando y llorando (Sal 126:6). El llanto debe terminar, pero el andar tiene una meta más sublime: ver con nuestros propios ojos al que nos amó primero.
 
Amados, que Dios nos haya revelado hoy a través de estas palabras, que
 
¡Correr con Cristo tiene sus requerimientos!
 
Con vosotros en el camino,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion
Christian Zion University.
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