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¡CUÁN MALO Y CUÁN BUENO ES CONFORMARSE!

¡CUÁN MALO Y CUÁN BUENO ES CONFORMARSE!

Pero el título aquí no está relacionado con la pereza. No se trata de un dormitar en el hacer. Conformar es llevar algo a tomar una cierta forma. Es ajustar la forma, el aspecto o la estructura de una cosa con otra. Miremos, primero, el aspecto negativo de la conformación. 
 
Venimos a Dios deformados en lo relacionado con su plan para nosotros. El pecado nos deformó por naturaleza. Por tanto, la Palabra nos amonesta acerca de formas que no debemos asumir. Los cristianos espirituales son aquellos que “no andan conforme a la carne” (Ro. 8:1), y se hace esta sentencia: “… porque si vivís conforme a la carne, moriréis” (v. 13). Luego se nos ordena: “No os conforméis a este siglo…” (Ro. 12:2). Además, “… no os conforméis a los deseos que antes teníais, estando en vuestra ignorancia (1 P. 1:14). Igualmente, en el cuerpo de Cristo se nos advierte, que si por causa de la comida, el hermano es contristado, el que lo haga contristar, ya no anda conforme al amor (Ro. 14:15). A los Efesios se les recuerda la forma tan torcida en que andaban antes de conocer a Cristo, “… siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2). Es que el viejo hombre “… está viciado conforme a los deseos engañosos (4:22).
 
El salirse del modelo sagrado es un peligro que amenaza aun a los obreros más insignes del Señor. El apóstol Pablo tuvo que corregir delante de todos a dos grandes del Evangelio, porque no andaban rectamente conforme a la verdad del Evangelio (Ver Gál. 2:11-14). Cuando ministramos en la casa de Dios, nuestra responsabilidad de caminar rectamente es mucho más sensible, pues estamos puestos para ser ejemplos de la grey (Ver 1 P. 5:3). Pablo llegó a ser un modelo digno de imitar. Esto escribió en referencia a ello: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1). 
 
Ahora, enseñándonos lo malo que es conformarse al mundo y lo bueno que es conformarnos a Dios, la Palabra dice: “… para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios” (1 P. 4:2). Dios testificó así acerca de uno de sus grandes hallazgos: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará lo que yo quiero” (Hch. 13:22). 
 
Cuando Moisés fue a erigir el tabernáculo, el requerimiento divino fue: “Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (He. 8:5). Ahora, el propósito del Padre para nosotros, es que que fuésemos hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro. 8:29). Así que el nuevo hombre en Cristo, “… conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Ver Col. 3:10). 
 
Les muestro a continuación, algunas áreas de nuestro vivir que deben ser conformadas al modelo de Dios. Por ejemplo:
 
1.     Nuestra autoestima debe administrarse, pensando de nosotros mismos “… con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro. 12:3).
2.     El don de profecía, debe usarse “…conforme a la medida de la fe…” (v. 6). Y ese espíritu de fe, debe funcionar conforme a lo que está escrito (Ver 2 Co. 4:13). 
3.     El fortalecimiento espiritual de los creyentes, es un don conformado a las gloriosas riquezas divinas. Pablo oraba a Dios por los creyentes en esta dirección: “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Ef. 3:16). 
4.     Incluso, la demostración de haber oído verdaderamente a Jesús y haber sido enseñados por él, es que ello haya sido conforme a la verdad que está en Jesús (Ver Ef. 4:21). Por tanto, se recomienda a los creyentes: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros…” (Col. 3:16). 
5.     La enseñanza que se ministra a la iglesia, es verdaderamente la doctrina de Cristo, si es conforme a la piedad (Ver 1 Ti. 6:3). 
6.     Aun cuando Dios nos manda a amar a nuestro prójimo, la Palabra establece que hacerlo, es “… conforme a la Escritura” (Stg. 2:8).
7.     Nuestro hablar, tiene también su modelo en el Evangelio: “Si alguno hable, hable conforme a las palabras de Dios” (1 P. 4:11 a).
8.     El ministrar en la casa de Dios, tiene igualmente, una manera a seguir: “Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da”. Si esto hacemos, se logra este propósito supremo: “… para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos, amén” (1 P. 4:11 b). 
9.     Nuestras peticiones a Dios, deben también tener concordia con los modelos divinos: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Jn. 5:14). No debemos pretender que Dios nos oiga y nos conceda aquello que pidamos que no es conforme a su voluntad. 
 
Amados, en este tiempo ya profetizado de apostasía, cuando los modelos a seguir están tan escasos, es impostergable la urgencia de vivir conforme a la voluntad del Señor, la cual es agradable y perfecta (Cf. Ro. 12:2 b). La fórmula sagrada para alcanzar la meta de la vida cristiana, está aquí: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:18). Cristo no solamente es el autor, sino también el consumador de la fe, por tanto, el llamado siempre será: “Puestos los ojos en Jesús” (Ver He. 12:2). 
 
En la gloriosa expectación de su Majestad,
 
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
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