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¿CUÁNDO LA SAETA ES DE SALVACIÓN?

¿CUÁNDO LA SAETA ES DE SALVACIÓN?

En una narración de las Sagradas Escrituras, una saeta en especial recibió el distintivo de ser saeta de salvación. Joás, el rey de Israel, vino a ver al profeta Eliseo, quien estaba enfermo para morir. Con una expresión de llanto, el rey saludó al profeta con la misma frase que había dicho Eliseo cuando Elías se fue al cielo en un torbellino: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! (2 Reyes 2:12). La expresión parecía un reconocimiento de la autoridad que tenía aun Eliseo debido a la doble porción del espíritu de Elías que había recibido. Eliseo había profetizado por unos cincuenta años durante el reinado de seis reyes en Israel. Su influencia como varón de Dios superaba las fronteras patrias y era conocido en otros reinos como un verdadero vocero de Dios.  

Ahora, el rey Joás estaba enfrentando una terrible batalla de parte de Siria, y sus recursos militares estaban mermados. Sabía que con sus propias fuerzas nada se podría lograr para defender el terruño santo de Israel. Además, él no había sido totalmente recto ante Dios, porque no se había apartado de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que había hecho pecar a Israel (2 R 13:11). En su quebranto, Joás entendió que el anciano profeta tendría una palabra hacia el futuro y, ello, sería su último recurso en la confrontación.

Al venir a Eliseo, de inmediato el profeta lo mandó a tomar un arco y algunas saetas y poner sus manos sobre el arco. Cuando el rey lo hizo, el varón de Dios puso sus manos sobre las manos del rey y le dijo que abriera la ventana que daba al oriente (hacia donde quedaba Siria) y tirara la saeta. Cuando el rey Joás lo hizo, Eliseo dijo: Saeta de salvación de Jehová y saeta de salvación contra Siria. La voz divina a través de Eliseo fue que el rey Joás heriría a los sirios en Afec hasta destruirlos. Entonces el varón de Dios le dijo a Joás que tomara las saetas y golpeara la tierra con ellas, lo cual hizo el rey, golpeando la tierra tres veces. Pero Eliseo lamentó que el rey se hubiese detenido en tres golpes solamente, y le dijo que, si hubiese golpeado la tierra cinco o seis veces, hubiera derrotado a los sirios hasta no quedar ninguno, mas ahora solo derrotaría a Siria tres veces. La profecía se cumplió con exactitud. Joás derrotó tres veces a Ben-Hadad, saqueó varias veces a Damasco y recuperó todos los territorios que su padre había perdido. La saeta que había lanzado junto al varón de Dios, había sido realmente de salvación. Por eso, es sabio preguntarnos: ¿Cuándo una saeta es de salvación? El relato de 2 Reyes 13:14-19 que hemos utilizado aquí, nos lo responde. Miremos:

Primero, una saeta es de salvación cuando podemos discernir que las batallas son los escenarios obvios de las grandes victorias. Nadie puede ser vencedor si no tiene un campo donde pueda ser enfrentado por la oposición. De eso testifica Hebreos 11:34 donde se hace referencia a aquellos que se hicieron fuertes en batallas. Dios permite las batallas para graduar gigantes a los cuales mostrar su salvación.  

Segundo, una saeta es de salvación cuando existen contextos en los cuales nos queda un solo recurso, que es Dios. Así como a Joás nada más le quedaba consultar la voz divina y rogar un milagro del Omnipotente, Dios nos lleva a situaciones cuando, mirando al cielo, sólo podemos decir: ¡Padre mío, Padre mío! Pero si eso hacemos, veremos la manifestación del brazo salvador y oportuno de Dios obrando a nuestro favor.  

Tercero, una saeta es de salvación cuando obedecemos las estrategias que Dios nos ha dado para efectuar de la mejor manera el contraataque. Una de las estrategias permanentes es apuntar al lugar correcto, o sea, no equivocar el blanco. La Biblia es clara en enseñarnos que, aunque nuestros ojos vean al enemigo físico, en realidad, nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra los espíritus del mal que están en las regiones celestes (Ef 6:10-12). Nunca debemos pelear carnalmente contra el adversario. El que quita la paz es aquel que hizo rebelión en el cielo, Satanás (Isa 14:12-19), y la única manera de vencerlo es mediante el poder del Nombre de Jesucristo y su sangre derramada en la cruz (Mr 15:17,18; Ap 12:11). Nunca lancemos palabras agrias contra un enemigo humano, eso es errar el blanco. La estrategia que Eliseo ordenó cumplir a Joás fue tirar unas saetas al aire invisible, en el mismo rumbo de orientación donde estaba el enemigo visible. Si tomamos el aire en el Nombre de Cristo (Ef 2:2; Hch 16:18), el mundo material se ha de sujetar a ese triunfo obtenido, primero, espiritualmente.

Cuarto, una saeta es de salvación cuando tenemos en cuenta que, de acuerdo a lo fuerte del enemigo, así debe ser la perseverancia en hacer lo mismo que una vez dio resultados. Dondequiera oímos a personas tratando de inventar un nuevo método para vencer. Pero Eliseo sólo le pidió a Joás que hiciera varias veces lo mismo, que golpeara varias veces la tierra con las saetas. Por tanto, se enojó cuando vio que se detuvo tan rápido. La oración perseverante es una de esas saetas que siempre son de salvación. Nos será bueno recordar que Cristo comenzó su ministerio público orando, su carrera ministerial estuvo marcada por esa misma práctica consecutiva de noche y de madrugada, en el monte o en lugares desiertos. Fue orando que obtuvo fuerzas en Getsemaní para enfrentar luego la cruz, y ya en el madero, murió orando (Lc 3:21; 6:12; Mr 1:35; Lc 22:44; 23:46). ¡Si lo pudiéramos imitar, cuán eficiente sería esa misma arma usada cada vez contra el enemigo!

Amados, los días son muy peligrosos como nunca antes en la historia. Por tanto, no es hora de inventar un nuevo método sabiendo que el enemigo aun es el mismo. Continuemos en ir a Dios para que nos revele por qué ha permitido la batalla y tracemos la meta de hacernos fuertes en ella. Levantemos el rostro al Señor con corazones arrodillados ante su Majestad y digámosle que Él es nuestro único recurso. Entonces, del secreto de su presencia saldrá orientación segura sobre todo lo que debemos hacer para vencer. Nunca tratemos de dañar a las personas que el enemigo está usando como instrumento en nuestra contra. Por el contrario, hagamos bien a los que nos ultrajan y persiguen y dicen toda clase de mal contra nosotros mintiendo (Mt 5:44). Y no desmayemos en continuar haciendo lo que una vez funcionó con eficacia cuando enfrentamos alguna dura batalla. Las armas de Dios están probadas en todos los contextos, en todos los momentos y frente a todos los enemigos. La prueba ha dado testimonio de su eficacia singular (2 Co 10:4).

Te quiero anunciar que, si el enemigo arrecia, tu Dios no está asustado; él está en su trono trabajando a tu favor. Por tanto, la cantidad de tus victorias será directamente proporcional a tu perseverancia en confiar en él en todo tiempo.  

Con amor sincero en Jesús,

Tu servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez

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