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CUANDO LO DIVINO HACE PEQUEÑO LO GRANDE

CUANDO LO DIVINO HACE PEQUEÑO LO GRANDE

Me parece fresco el recuerdo de estar sentado en el aula frente al profesor. Le oí con atención hablar sobre la importancia que tiene el ejercicio físico para la salud del cuerpo. Tuve que escribir toda una larga lista de aspectos positivos que tiene el hecho de hacer ejercicio. Oírlo de labios de un experto incentivó en mí la necesidad de practicarlo. Y ahora, cuando los años han pasado, doy testimonio que el profesor tenía razón. El ejercicio físico mejora la forma y la resistencia física, regula las cifras de presión arterial, ayuda a incrementar o mantener la densidad ósea, mejora la resistencia a la insulina, ayuda a mantener el peso corporal, mejora la flexibilidad y movilidad de las articulaciones. Además, la ciencia dice que hacer ejercicios mejora la autoimagen, reduce el aislamiento social, rebaja la tensión y el estrés, reduce el nivel de depresión, aumenta el estado de alerta, disminuye el número de accidentes laborales, produce menor grado de agresividad, ira, angustia, etc. e incrementa el bienestar general.

A pesar de toda esta información, las sagradas Escrituras dicen textualmente: … el ejercicio corporal para poco es provechoso (Ver 1 Ti 4:7-9). ¿Cómo armonizamos este pronunciamiento sagrado con la realidad científica y experimental demostrada anteriormente?

El apóstol Pablo le dijo aquellas palabras a un joven ministro, llamado Timoteo, que entonces se desarrollaba como pastor de la iglesia en la ciudad de Éfeso. Las pistas de carreras, los gimnasios para lucha libre y otros lugares idóneos para el deporte eran comunes en aquella urbe. Como hoy, la tendencia de los jóvenes era exhibir sus cuerpos vigorosos como resultado del ejercicio físico. Pero Timoteo padecía de frecuentes enfermedades (1 Ti 5:23) y posiblemente estaba privado de ser un gran fisiculturista. Por tanto, en la primera carta, el apóstol Pablo le muestra la importancia relevante que tiene el ejercicio de la piedad sobre todas las demás virtudes cultivables en la vida: el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha. El ejercicio que se le ordena hacer sobre todos, es espiritual, es del carácter. La iglesia necesita hoy también jóvenes y adultos que puedan exhibir fortaleza moral, un tipo de musculatura espiritual competente que provenga del entrenamiento cotidiano en cuanto a la piedad. Sin exageración, el apóstol expone el gran provecho que proporciona la piedad, y establece que, al lado de ella, el ejercicio corporal es provechoso, pero para poco.  

La Biblia usa algunas comparaciones similares para destacar aquellos valores espirituales que son a tal manera importantes, que dejan sin tanta valía lo aparentemente grande. El salmista contrastó las tenencias de lo eterno con lo temporal, de lo celestial con lo terrenal, y cantó así: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra (Sal 73:25). Cristo mismo hizo uso de este tipo de lenguaje al decir: ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Mt 16:26). Cuando un hombre rico de Jericó encontró a Jesús y se benefició de su gran salvación, supo quitarle precio a lo que antes estimaba ser de más valor. Al contrastar lo divino de su salvación con la grandeza de sus riquezas terrenales, le dijo a Cristo: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado (Lc 19:8).  

Ante la declaración de Pablo que deja comparativamente abajo el valor del importante ejercicio corporal, nos preguntamos: ¿Qué tiene la piedad que la hace tan incomparablemente provechosa? Para saberlo, debemos, primero, conocerla. El sentido con que se usa la palabra piedad en este pasaje es en referencia al carácter santo que modula la vida de un creyente, de alguien que ha renunciado a la impiedad. Timoteo está llamado a personificar piedad, a tal manera que llegue a ser un buen ministro de Jesucristo (1 Ti 4:6)y un ejemplo de los creyentes en… conducta… en pureza (v. 12).  Por tanto, se le ordena no descuidar el don que hay en él (v. 14) y tener cuidado de sí mismo (v. 16).

Ahora, en el propio pasaje se revela que la piedad …tiene promesa de esta vida presente y de la venidera. Al querer saber cómo nos beneficia la piedad en esta vida de peregrinaje terrenal, nos sirve la promesa dada por Dios a Josué cuando le pidió hacer piadosamente conforme a todo lo que estaba escrito en el Libro: Entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien (Jos 1:8). Si no ando en consejo de malos, ni en el camino de los pecadores, la piedad me regalará su beneficio: vendré a ser como árbol plantado junto a corrientes de aguas que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que haga en esa piedad, prosperará (Ver Sal 1:1-3). Tenía razón el escritor del Salmo 93 cuando expresó en el versículo 5: Tus testimonios son muy firmes, la santidad conviene a tu casa. La obediencia de fe a la Palabra, sirve de fundamento inamovible en la edificación de nuestra vida. Cristo hizo un llamado a la piedad a los que oían su primer sermón y les dio promesas de cómo la vida piadosa afirmaría su casa:  Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca (Mt 7:24,25). La piedad sirve como muro protector frente al enemigo. Es eso lo que significa esta pregunta: ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? (1 P 3:13). 

Y si miramos cómo trascienden los beneficios de la piedad a esta vida, debemos dar espacio a Cristo para que nos diga: Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios (Mt 5:8). No he encontrado en todas las promesas preciosas dadas al cristiano pío, una sola que supere esta: Ver a Dios. La piedad es un atributo inmerso en su divino ser, y los piadosos verán y adorarán al Rey en la hermosura de su santidad (Ver Isa 33:17; Sal 29:2). Cuando un joven rico vino a Jesús deseando heredar la vida eterna, Cristo le recomendó practicar la vida piadosa. Pero el mismo pasaje deja ver que a nadie le es posible vivir en piedad, si se aleja de la fuente eterna de ella, que es Cristo mismo (Ver Mt 19:16-22).  Cuando el amor a Cristo es mayor, y la fe en él causa más gozo que la tenencia de las riquezas temporales, entonces la piedad entregará su ganancia eterna. La voz del Señor todavía resuena: El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles (Ap 3:5).  ¡Lo divino es tan glorioso que hace pequeño lo aparentemente grande!

Amados, el ejercicio físico es humanamente provechoso y la Palabra así lo reconoce, pero los bienes que ofrece la vida piadosa superan todo lo que ostenta valor sobre esta tierra. Pidamos humildemente a Dios que su piedad y pureza se manifiesten en nosotros, porque nos aprovecharemos de su doble favor, el que es para esta vida y para la eternidad. Al concluir, oímos al perito del evangelio a los gentiles decir: … ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Ro 6:22).

¡Ejercítate para la piedad!

Soy tu servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org

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