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DE REGRESO A LAS HUELLAS DEL FUTURO

DE REGRESO A LAS HUELLAS DEL FUTURO

Algunas veces Dios me ha concedido el privilegio de regresar a lugares que han sido escenarios de disímiles experiencias con él. En algunos de aquellos sitios, había tenido esos encuentros con Dios que me hicieron iniciar en el santo ministerio. Otros, han sido predios donde había sido librado, y regresar a ellos, me ha dado fuerzas para la continuidad de la obra encomendada. A ese tipo de regreso, me refiero hoy, y te invito a mirar al futuro desde allí, porque en verdad, no se pudiera decir Eben-ezer, sin un vistazo al camino en el que hemos sido ayudados (Ver. 1 S. 7:12). 
 
Dios habita la eternidad (Isa. 57:15). En él no hay pasado y futuro que lo puedan separar del presente. Pero el Señor eterno, irrumpió en la historia, para tratar con nosotros, a quienes ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de nuestra habitación (Ver Hch. 17:26). Es cierto que el consejo divino es que no nos quedemos varados en el pasado (Fil. 3:13). Dios quiere que miremos al futuro con fe, y fe es “certeza de lo que se espera… ” (He. 1:1). Ahora, aunque la fe mira al futuro, está basada en lo que Dios ya ha dicho en el pasado, o está diciendo en el presente. En el Nuevo Pacto aprendemos que Dios ya nos ha hablado por el Hijo (He. 1:1-2). Esa Palabra fue dicha en el pasado, pero si la creemos hoy, nos pueda dar vida eterna. En la piedad del Evangelio, hay “… promesa para la vida presente y para la venidera” (1 Ti. 4:8). 
 
De modo que en la marcha hacia la conquista de lo que Dios ha diseñado para nuestra vida, nos conviene regresar en nuestra mente a las huellas que Dios haya imprimido en su trato con nosotros.   “… Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo” (Sal. 77:10).
 
En Génesis 35, Dios mandó a Jacob a regresar momentáneamente a Betel, en donde había tenido aquella visión extraordinaria, cuando huía de su hermano Esaú (Ver Gn. 28:10ss). Jacob dijo que haría allí un altar al Dios, que “… me respondió en el día de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado” (v. 3). Visitando aquel paraje, marco geográfico de un hacer divino tan singular, Dios le habló sobre su futuro: “De ti procederán una nación y un conjunto de naciones; reyes saldrán de tus lomos. La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, te la daré a ti; a tus descendientes después de ti, les daré la tierra” (vv. 11-12). Después de aquella nueva cita en Betel, el linaje de Israel caminó victorioso hacia un futuro cargado del cumplimiento fiel de cada promesa dada en el pasado. 
 
David regresó en sus recuerdos al testimonio de lo que Dios hacía con él en el pasado, como prueba de que lo habría de librar en el futuro inmediato. Esto fue lo que le dijo a Saúl, en relación con el peligro de ir a enfrentarse al gigante Goliat: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 S. 17:37). David estaba haciendo  una rápida película de su vida pasada, cuando cuidaba las ovejas de su padre Isaí, de Belén. Regresa allí y testifica de cómo Dios lo libró, cuando él arriesgaba su vida para cuidar las ovejas, de las zarpas de fieros depredadores. Aquellas huellas del pasado, servían para volver a poner los pies sobre ellas mismas, en relación al nuevo reto que lo desafiaba, vencer a ese “depredador” filisteo, que hacía burla de las huestes del pueblo santo. “De pie” en aquel bendito recuerdo, pero con acento en el futuro inmediato, le dijo al enemigo: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré… y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel” (1 S. 17:46). La victoria no se hizo esperar; venció al amenazador, y el Nombre del Señor fue glorificado.
 
En el Salmo 42, el escritor dice: “Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí, de cómo yo fui con la multitud y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. Este regreso al pasado, lo alentó a tal manera en medio de la desesperada situación por la que atravesaba, que pudo decir a su alma: “Espera en Dios, porque aun he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (vv. 4, 5b, 11b).
 
Amados, la Biblia no da licencia para mirar hacia el pasado en la forma como lo practican los hipnotizadores, usando el método de “regresión”, que saca a las personas de sus quicios de conciencia, para inducirles una mejoría sin fundamento real. Ni siquiera debemos recordar el pasado, tomándonos a nosotros mismos como el centro de referencia. Tampoco Dios nos recomienda regresar allí, tomando como referentes las malas experiencias que hayamos tenido otrora. Pero cuando miramos al ayer, debemos considerar a Dios como el único referente sólido sobre el cual levantar un testimonio que nos sirva para ir hacia delante.
 
Hermano, ministro, siervo del Señor, si has caminado un trecho con Cristo, ya tienes un referente en el pasado, que te puede llevar al futuro con seguridad. Tu trayectoria, estoy seguro, ha estado marcada por muchas evidencias irrefutables en donde tu Dios ha manifestado su incomparable poder a tu favor. Quiero animarte a que camines hacia tu futuro sobre esas huellas, y que nunca entonces, puedas ir hacia el mañana en oscuridad.
 
Este es tu regreso a las huellas del futuro.
 
¡Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por todos los siglos! (He. 13:8).
 
Con una mirada a la grandeza del Señor mostrada en el camino, y confiado entonces que cumplirá aun todas sus promesas,
 
Tu servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
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