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DESPERTAR DE UN SUEÑO, VIVIR DE UNA MUERTE

DESPERTAR DE UN SUEÑO, VIVIR DE UNA MUERTE

La Palabra de Dios contiene gran cantidad de textos relacionados con despertar del sueño, y con vivir de la muerte. La mayoría de ellos son llamados de Dios directamente a su pueblo, primero, al pueblo de Israel, luego a la iglesia de Jesucristo.

Siendo hijos de Dios, podríamos estar espiritualmente dormidos, y hasta muertos. Como esas no son las mejores condiciones de salud de la fe, el Señor da una voz que intenta vivificar al moribundo peregrino. El despertar en cuanto a la fe, no se puede postergar, pues hacerlo pudiera ser letal para el alcance de las promesas en cuanto a nuestro vivir en el cielo por la eternidad. En verdad, “Dios no es Dios de muertos sino de vivos” (Mt. 22:32).

Primero necesitamos saber las causas de tal mortal sueño. Observemos algunas aquí:

1.     Elías se durmió, tal parece, dominado por el desánimo y el temor a morir como solitario profeta, a manos de enemigos de Dios. Tras haber demostrado milagrosamente en el Monte Carmelo, la superioridad de Jehová sobre los ídolos paganos, ahora huía para salvar su vida. El desánimo en la carrera de la fe, es un peligro para la estabilidad y la vitalidad cristianas. A Elías le quitó el deseo de seguir viviendo y ministrando.

Entonces, el ángel le despertó, diciéndole: “Levántate y come, porque largo camino te resta”. Luego, estando en la cueva de Horeb, Dios le dijo: “Ve, vuélvete por tu camino”, y lo mandó a continuar ministrando y ungiendo los sucesores en el reino y en la profecía, y le dijo que no estaba solo, pues Él se había reservado siete mil que no habían doblado la rodilla ante Baal… (Ver 1 R.19:1-18).

2.     En Isaías 51:17, aparece otra de las causas: “Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén”. El pueblo de Israel estaba dormitando, debido a que había sufrido la ira de Dios. “… La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres… ” (Ver Ro. 1:18). También, “… el Señor, al que ama disciplina…”  y de ella, todos hemos sido participantes. Como consecuencia, a veces el ánimo se afecta tanto, que las manos tienden a caer y las rodillas a paralizarse,  y el cristiano deja de avanzar en la carrera. En tal caso, la voz divina es: “Levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas”, y todavía, hacer sendas derechas para nuestros pies, a fin de que lo cojo no se salga del camino sino que sea sanado (Ver He. 12:6-13).

3.     Efesios 5:14, es la tercera referencia a las causas de tan peligroso dormitar: “… Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo”. El contexto deja claro que la contemporización con el mundo, puede marchitar la verdadera fe del creyente. “Cualquiera, pues,  que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4). El proverbista dice: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10). Pablo dice: “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos” (Ef. 5:6, 7).

Los cristianos deben saber trazar la línea entre ellos y los pecadores, en lo que respecta a comunión.  Cristo dijo que nosotros no somos del mundo, como tampoco él es del mundo (Jn. 17:14). Debemos amar a los pecadores a tal modo, que nuestra separación de sus actos de maldad, le sirvan como testimonio luminoso, de que hay otro estilo de vida mejor, la vida cristiana. Por eso Cristo nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16). Debemos ir a los mundanos para presentarles a Jesús, y para invitarlos a desistir de pasar la eternidad en el infierno, pero nunca para participar con ellos como si fueran nuestros mejores amigos. Si no aprendemos a separarnos espiritualmente, un peligroso sueño puede venir, y distraernos totalmente del sonido de la final trompeta.

Por todas estas causas, es imperativo oír la voz que nos dice nuevamente: “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos”, la cual contiene esta promesa entre líneas:

a)    “Si nos levantamos de esa condición de desánimo por la persecución de los enemigos y el temor de una muerte prematura,

b)   Si nos levantamos del sueño causado por desalientos ante las disciplinas del Señor,

c)    Si nos levantamos del oscuro dormitar debido a haber mezclado demasiado nuestras vidas con los que no siguen a Cristo,

… entonces,   nos   alumbrará  Cristo. Con Cristo siempre hay un remedio. Desde las más oscuras tinieblas del sueño y de la muerte, Cristo promete alumbrarnos. Él es la estrella resplandeciente de la mañana (Ap. 22:16). Él mismo dijo: “el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn. 8:12) La luz aquí, está relacionada con la vida. ¡Amados, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios! (Ver 1 Ts. 4:6).

 Con esa esperanza bendita de la eterna Luz que nos levanta,

Soy tu servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

¡EL SEÑOR NOS ESPERA EN SU CASA DE ORACIÓN ESTE FIN DE SEMANA!

¡CONGREGUÉMONOS Y HAGAMOS NUESTRAS,  SUS PROMESAS DE BENDICIONES!

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