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DIOS DE LOS PATRIARCAS

DIOS DE LOS PATRIARCAS

Un patriarca era un padre de un linaje, de una nación. Los patriarcas tenían responsabilidades sacerdotales y proféticas para con sus descendientes. El patriarcado fue el germen de la realeza, de los profetas y de los sacerdotes del Antiguo Testamento. En la Biblia, Dios se llama a sí mismo, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob (Ver Ex. 3:6) Estos tres patriarcas, padre, hijo y nieto, fueron parte de la genealogía del Mesías. Los tres solían levantar altares de adoración a su Dios, en forma individual (Ver Gn. 12:7; 26:25; 33:20). Pero es obvio, que el logro de que hijo y nieto consecutivamente tuviesen al Creador como su Dios, tuvo que ver con la influencia que el primero ejerció sobre los segundos. Fue tan loable ese legado generacional de Abraham, que Dios mismo lo mencionó: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo queha hablado acerca de él  (Gn. 18:19). 
 
La expresión, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, denota también, que el hombre es mortal, necesita un sucesor. Mas Dios es trascendente al tiempo: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación… Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal. 90:1-2).  Por tanto, Dios ha diseñado que después que cese la presencia física de un patriarca, sus hijos tomen la antorcha de la fe, y a su vez la traspasen a sus generaciones. 
 
Miremos estos ejemplos:
 
El primer Adán falló, e introdujo la muerte a su descendencia (Ver Ro. 5:12). Pero el postrer Adán, que es Cristo, cuya ascendencia paternal no es de esta tierra, “sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio” (2 Ti. 1:10). “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante”. “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales” (Ver 1 Co. 15:45, 47, 48). 
 
Segundo, Taré, el padre de Abram era un idólatra (Jos. 24:2), “pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré, y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”(Gn. 12:1-2). A partir de esa salida del escenario del fracaso, Dios lo hizo padre de la fe, padre también de una generación que heredaría promesas divinas (Ver Ro. 4:11-12). Como en el caso de Abraham, a veces Dios llama a alguien que viene de una familia espiritualmente fracasada, para a partir de él, hacer un linaje que viva para su gloria. Un llamado así, puede cortar un historial de maldiciones, y hacer nacer una generación de benditos. 
 
Tercero, no podemos conseguir en la Biblia el nombre del padre de Job. Pero este hombre era “… perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1). Él anhelaba que su Dios, fuera también el Dios de sus hijos. Su nombre aparece mencionado otra vez, pero ahora en un trio de verdaderos justos, que citó el mismo Dios: “… si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job… ” (Ez. 14:13-14). Noé salvó a su familia, por obedecer a su Dios (1 P. 3:20), Daniel, jefe supremo de todos los sabios de Babilonia, fue usado para levantar el nombre del Dios Todopoderoso, en medio de un reino terriblemente pagano (Ver Dn. 2:48; 6:25-27). Job marcó la historia por bendecir a su Dios, aun cuando los vientos soplaran contrarios (Ver Job 1:18-22). Por su legado de piedad, sus hijos que murieron súbitamente, se fueron de esta tierra, bajo las bendiciones incalculables del sacerdocio de un patriarca fiel (Ver Job. 1:5). 
 
Cuarto, de Ester tampoco sabemos mucho en cuanto a su ascendencia familiar.  Pero un trio de parentesco aparece entrelazado con las hazañas que revelan su historia.  Primero, el padre fallecido de la hermosa joven hebrea. Luego, un sobrino de ese finado, que asume el papel de la paternidad, Mardoqueo, y se hace cargo de la crianza de su prima. Y finalmente, la joven huérfana, Ester, (Ver Est. 1:5-7). Pero, sobrepasando las sombras de la muerte, que parecían marcar su destino, Dios la escogió a ella, precisamente, para preservación de vida de todo un pueblo de su linaje, en tierra extranjera. El Nombre del protagonista real de este milagro salvífico, ni siquiera se escribe en el Libro que lleva el nombre de Ester, pero es notable que él fue el Dios de ella y de aquel pueblo redimido de una muerte amenazante (Ver Est. Caps. 3 – 8). 
 
Oro que se levanten linajes piadosos que no se quiebren a pesar de la fragilidad humana de sus depositarios. Pido a Dios que le conceda a su iglesia, hombres y mujeres del tipo de aquellos que marcan generaciones, que son padres de fe, como lo fue Abraham, que abren pozos, como Isaac (Ver Gn. 26:18), que luchan por bendiciones, como Jacob (Ver Gn. 28:12; 32:24-26). ¡Que surjan hombres y mujeres quienes cuenten con el  honor, de que Dios se haga llamar Dios de ellos! ¡Que se levanten abuelas como Loida, que den a luz hijas como Eunice, y que trasmitan la fe como ellas lo hicieron con Timoteo (Ver 2 Ti. 1:5).
 
Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Mt. 22:32). Él es el Dios de los patriarcas, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob.
 
Anhelando cumplir responsablemente nuestro rol en esta generación, 
 
Soy vuestro, en Cristo,
 
Pst. Eliseo Rodriguez.
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