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DIOS DE RAROS ESCENARIOS

DIOS DE RAROS ESCENARIOS

 Me siguen sorprendiendo los escenarios donde Dios se ha manifestado a través de la historia. Son disímiles y extraños, pero fue en ellos donde tuvieron lugar muchos hechos trascendentales que validan la fe que profesamos. Te invito a venir en busca de algunos de estos “raros” escenarios:

Desde el inicio de la creación, resulta asombroso que Dios pudiera colocar su imagen y semejante en una criatura tan pequeña como el hombre, cuando lo comparamos con el macrocosmos. De este primer escenario, la Biblia anota: “¿Que es el hombre para que tengas de él memoria y el hijo del hombre para que lo estimes?”. Pero por raro que nos parezca, Dios ha hecho al hombre solo un poco menor que los ángeles y lo ha coronado de gloria y de honra, lo colocó todo debajo de sus pies  (Ver Gn. 1:26-27; Sal. 8:4-6). 
 
Igualmente, un muy raro escenario fue aquella zarza, la que Dios escogiera para manifestarse en Horeb, diciéndole a Moisés, desde ella: “No te acerques, quita tu calzado de tus pies, porque el lugar donde tú estas, tierra santa es”. Desde allí, se promulgó la liberación inmediata de los hijos de Israel. Desde aquel rústico arbusto en el desierto, se dieron instrucciones y el poder para el Éxodo del pueblo de Dios (Ver Ex. 3).
 
También, una de las más pequeñas de las tribus de Israel, la de Benjamín, fue la que Dios escogió, para de ella, ungir al primer rey de Israel, Saúl. ¡Qué raro escenario para sacar de ahí al primer Monarca de la nación más importante del mundo! Pero así son principalmente los escenarios donde Dios se expresa en esta tierra (1 S. 9:21).
 
¡Qué raro me resulta igualmente, que cuando Dios fue a corregir la desobediencia de un profeta, usara a un gran pez como cuarto de aconsejamiento! Ese fue el caso de Jonás, cuando huía de la presencia de Jehová a Tarsis. Aquel escenario tan incómodo, sirvió al propósito divino de regresar a dicho hombre a la cordura. En aquel oscuro cuarto submarino, ocurrió el ayuno “más profundo” que un siervo del Señor hiciera jamás. Fue ese el escenario de la más “honda” oración que registre la Palabra. El clamor de Jonás es un paralelo a la voz del Salmista cuando dijo: “De lo profundo, oh Jehová, clamo a ti” (Ver Sal. 130:1; Jon.1-2). ¡Qué escenario para operar Dios el corazón endurecido de su enviado

De igual forma, Dios usó un escenario tan raro para desde allí exponer al bendito Creador del Universo, hecho carne entre los hombres. Me refiero a Belén. “
Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel (Miq. 5:2). Rara era también la propia “cuna” donde fue puesto el recién nacido: un pesebre, donde se servía el pasto de los animales del establo (Lc. 2:7). ¡Qué raro! ¡El representante más grande de la realeza universal, en una cuna tan indigna de su alteza! Pero en verdad, así parecen la mayoría de los escenarios de Dios. 
 
No podemos obviar el lugar que sirvió de crianza al Salvador. Después de haber nacido en Belén, Jesús volvió con José y María a Nazaret. Allí creció y vivió hasta que tuvo unos treinta años (Lc. 2:51; 3:23). Era tan pobre la reputación del pueblo, que alguien evangelizado preguntó asombrado: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?”. El que invitaba a su compañero a conocer a Jesús, no pudo contradecir la tragedia de la mala reputación del pueblo; solo se limitó a decir: “Ven y ve”. Al venir, el invitado comprobó que se trataba del Verbo hecho carne, el Hijo de Dios, el Rey de Israel. Sí, Emanuel se había expresado en aquel raro escenario. (Ver Jn. 1:45-49).

Pero me admira en forma especial, el escenario que ha servido por unos dos mil años, como la Plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Ef. 1:23), me refiero a la Iglesia. El pueblo que la conforma parece como la escoria del mundo, el desecho de todos (1 Co. 4:13), sin embargo, en Cristo es cabeza sobre todas  las cosas (Ef. 1:22). Es una manada pequeña, pero al Padre le ha placido darle el reino (Lc. 12:32). La iglesia, siendo aun tan amenazada por las corrientes herejes, sigue siendo “… columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:15).

!Oh, sí, me parece raro este escenario! porque a veces la iglesia está expresada como en  Filadelfia, en una congregación que tiene poca fuerza. Con todo, goza de una autoridad sin igual: Ni las puertas del Hades  prevalecen contra ella. Dios mismo le abre una puerta la cual nadie puede cerrar (Ver Mt. 16:18; Ap. 3:8). En disimiles lugares, está expresada en una congregación como Corinto, donde los que la componen, no son muchos nobles, ni muchos sabios, sin embargo ellos tienen la sabiduría  de Dios, a tal modo que avergüenzan a los sabios (Ver 1 Co. 1:26, 27). Muchos en la iglesia son los pobres de este mundo, pero son a su vez, ricos en fe y herederos del Reino que Dios ha prometido a los que le aman (Stg. 2:5). En la iglesia algunos miembros, han padecido el despojo de sus bienes, pero lo han sufrido con gozo, porque saben que tienen una mejor y perdurable herencia en los cielos (Ver He. 10:34). 
 
Amados, Dios hace digno lo vil, glorifica lo menospreciado, hace meritorio lo que pareciera carecer de virtud alguna. Quizás el mismo escenario donde te desempeñas para Dios, pudiera parecerte hostil y desanimante. Pero Dios puede manifestarse en ese difícil contexto, revelando allí Su gloria excelsa. ¡No renunciemos a creer esta verdad, y seremos diariamente testigos de su ineludible realidad!
 
Asombrado, entonces, de que Dios nos pueda usar para ministrar el bendito Evangelio de la Cruz,
 
Tu servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez M
Iglesia E. Mote de Sion.
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