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DIOS ES PUNTUAL CON SU PROPIA AGENDA

DIOS ES PUNTUAL CON SU PROPIA AGENDA

Dios tiene una agenda propia, o sea, tiene trabajos definidos qué hacer. Cristo lo aseveró cuando dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn. 5:17). Él comenzó en nosotros una buena obra, la cual perfeccionará hasta el día de Jesucristo (ver Fil. 1:6).

Desde que esta agenda divina se manifestó en esta esfera, Dios nunca ha hecho nada fuera de tiempo. Por tanto, no necesita ser aconsejado respecto a cuándo debe hacer Su obra. Jesús le dijo a María, su propia madre, en relación a su primer milagro en Caná de Galilea: “Aún no ha venido mi hora” (Jn. 2:4). Cuando los discípulos, al saber que ya Él se iba al cielo, le preguntaron sobre el tiempo en su agenda para la restauración de la nación judía: “Señor: ¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”, él les respondió: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad” (Ver Hch. 1:6-7).

Dios cumple su agenda siempre a tiempo, en impresionante puntualidad. Como Creador, “todo lo hizo hermoso en su tiempo” (Ec. 3:11). Cristo mismo vino al mundo en absoluto acuerdo con este patrón del proceder divino. “… cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo… ” (Gal. 4:4). En la Natividad de Cristo, no solo fueron maravillosos los eventos en sí mismos, sino cómo ocurrieron cronométricamente ordenados para que las profecías se cumplieran con magnífica exactitud. Miremos este ejemplo:

Según las predicciones divinas, el Mesías habría de nacer en Belén, al sur de Israel en la provincia de Judea (Miq. 5:2). Pero para los días de la encarnación de Cristo, José y María vivían en Nazaret, al norte, en la provincia de Galilea. Mas, cuando se acercaba el tiempo del nacimiento de Jesús, Augusto Cesar promulgó un edicto que todo el mundo fuese empadronado, lo cual significaba que regresaran a su tierra de origen para ser censados allí. Como José era oriundo de Belén, tuvo que viajar a esa región con María. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento, y vino al mundo el Hijo de Dios (Ver Lc. 2:1-7).

Luego, mientras Jesús cumplía la agenda de su ministerio terrenal, fue requerido con urgencia en Betania, donde vivían Marta, María y Lázaro, un hogar que frecuentaba y a cuyos componentes amaba Jesús. La situación por la cual las dos hermanas llamaron la atención del Señor era seria: su hermano Lázaro estaba enfermo, y era grave la dolencia. Sabían ellas que si Jesús llegaba, también llegaba la sanidad. Pero al revés de la agenda de Marta y María, quienes expectaban un milagro de sanidad, cuando el Señor supo de la enfermedad de su amigo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Cuando determinó venir, aparentemente ya era tarde, y por ello recibió de parte de ambas hermanas respectivamente , este responso: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Pero Cristo es puntual con su propia agenda, y en ella no estaba programado sanar a un hombre en Betania, sino resucitar allí a alguien al cuarto día de estar sepultado. Por tanto, Cristo llegó justo a tiempo para hacer Su milagro, y al hacerlo, muchos creyeron en Él (Ver Jn. Cap. 11, 12:1-11).

La iglesia que sabe por la Palabra lo que dice la agenda de Dios para estos tiempos, reconoce que se avecina el arrebatamiento al cielo de los verdaderos creyentes en Cristo. El mismo Señor nos dio señales para que sepamos que el tiempo está cerca (Ver Mt. 24:3-28; Ap. 1:3). Pero a través de los siglos, tantos han querido torcer el brazo a Dios para que estos Eventos del fin ocurran cuando ellos lo imaginan. Sin embargo, Dios es a tal manera puntual con su propia agenda, que para la Venida del Hijo del Hombre, hay asignado un día y hasta una hora: “Pero del día y la hora, nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre” –dijo Cristo en Mt. 24:36. ¡Qué precisión! Es tan irreversible la puntualidad divina, que el Espíritu Santo nos advierte: “La venida del Señor se acerca” (Stg. 5:8). Y el canon de la Sagrada Escritura se cierra recalcándonos en el último capítulo: “El tiempo está cerca” (Ap. 22:10). Podemos decir, “nunca antes tan inminentemente cerca como en estos días”. La venida de Cristo, dará lugar a otra demostración de la puntualidad de Dios: Los juicios. Pablo lo dijo predicando en Atenas: Dios “… ha establecido un día, en el cual juzgará al mundo con justicia… ” (Hch. 17:31). Leemos en Ap. 14:7: “… la hora de Su juicio ha llegado”. Otra vez, es un día, y es una hora. Es puntualidad.

Alabemos a Dios por otra de sus virtudes, su puntualidad. Y como nos enseña Efesios 5:1, seamos imitadores de Dios como hijos amados. ¡Dejemos una huella en nuestro andar en el reino de Dios, de que en verdad somos imagen y semejanza del Creador! Si el atributo de carácter que hemos tratado en este EcoPastoral es reclamado a todo nivel de la convivencia humana ordenada, los hijos de Dios debemos tratar la agenda divina bajo el mismo orden de prioridades que la trata su Legislador.

Justo a tiempo,

Vuestro servidor y colaborador,

Pst. Eliseo Rodríguez.
Iglesia Monte de Sion, Miami.

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