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¿DÓNDE TIENE DIOS SU PUEBLO?

¿DÓNDE TIENE DIOS SU PUEBLO?

La pregunta que nos concierne hoy es una de las más importantes en el plan de Dios para la salvación de las criaturas humanas. Con su correcta respuesta han tenido que lidiar, tanto los gigantes de la fe, como los creyentes de todas las congregaciones cristianas. A simple vista, el pueblo de Dios no parece ser difícil de hallar cuando alguien lo quiere encontrar. Por ejemplo, al recién ungido Saúl no le fue engorroso hallar una compañía de profetas de Dios que profetizaban mientras él iba de regreso a la casa de su padre Cis (1 S 10:10). Los apóstoles del Señor en Jerusalén, después de haber sido encarcelados y amenazados por los líderes judíos para que no predicaran más a Jesucristo, vinieron a sus hermanos de la fe y oraron con ellos de tal manera que la tierra tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo (Hch 4:23-31). A Pedro no le fue difícil hallar a la familia de la fe cuando fue liberado de la cárcel la noche de su posible martirio en Jerusalén. Se dirigió a la casa de María, la madre de Juan Marcos, y allí encontró a una porción del pueblo de Dios en oración (Hch 12:12-17). Al apóstol Juan se le dio prontamente la respuesta a su pregunta sobre quiénes eran los componentes de aquella multitud vestida de ropas blancas y con palmas en las manos: Estos son los que han salido de la gran tribulación y han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero (Ap 7:9-15).
A los que buscan al pueblo de Dios no les es difícil encontrarlo, cuando el sentido de la búsqueda es simplemente hallar una congregación de creyentes reunidos en su devoción. En tal caso, bastaría preguntar por la iglesia cristiana de la localidad, y allí se hallaría una representación de ese pueblo. Pero desde la perspectiva de Dios, la pregunta sobre dónde tiene él su pueblo, pudiera cambiar un tanto de respuesta. Si le preguntamos a Dios, posiblemente él nos hablaría del libro de la vida. Allí está la lista de los que verdaderamente son el pueblo de Dios. Y como, debido al atributo de su omnisciencia, Dios no tiene que esperar para saber quiénes aceptarían el plan de redención, la Biblia da a entender que los nombres de los que componen el pueblo de Dios están en ese libro desde la fundación del mundo (Ver Ap 17:8). Por eso, mientras que alguno pudiera identificar al pueblo de Dios como el número total de los congregados en un templo, Dios presenta el hallazgo de su pueblo como un remanente que se encuentra entre la iglesia nominal: Tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras… (Ap 3:4). Aún si nos preguntáramos, ¿Dónde tendrá Dios el pueblo salvo de Israel? La respuesta es: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo (Ro 9:27).
 
Ahora, hay otra dimensión donde Dios tiene parte de su pueblo. El Señor Jesús dijo:  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor (Jn 10:16). El trabajo inmediato que el Señor dice hacer consiste en que las traerá, les hablará, las unirá al rebaño y él será su pastor. Pero, aunque ese trabajo del Buen Pastor aparece en futuro, el Omnisciente pastor dice al referirse a ellas en presente, … tengo otras ovejas. Así que, cuando aún no han sido traídas, llamadas, unidas al rebaño y pastoreadas, ya el Señor las identifica como parte de su pueblo. Fue el mismo Salvador de las ovejas quien le dijo a Pablo en Corinto: No temas, habla y no calles… porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad (Hch 18:9,10). Por la encomienda divina, Pablo debía continuar la predicación de la Palabra en aquella comunidad. Pero la afirmación de Cristo incluía que el pueblo al cual Pablo contactaría a través de la predicación, ya era para Dios una posesión antes que Pablo lo hallara.
Todo esto nos muestra la tremenda responsabilidad que Dios ha dado a los que hoy somos su pueblo. Aunque Cristo dijo: Tengo otras ovejas, su trabajo de traerlas, hablarles, unirlas al rebaño y pastorearlas es sumamente necesario. Aunque ya el Señor tenía mucho pueblo entre los corintios, Pablo debía, sin temor y sin pausa, hablar la Palabra hasta que los corazones recibieran las buenas nuevas de salvación que él les habría de hablar. Una pregunta muy importante surge aquí: ¿Qué pasaría con las ovejas de ese otro redil, si Cristo no fuera a traerlas, hablarles, unirlas al rebaño y pastorearlas? ¿Qué sucedería con aquellos corintios que Dios ya tenía como su pueblo, si Pablo no les hubiera hablado de Cristo hasta persuadirlos a aceptar la fe? Dios ha encargado a los que ya somos su pueblo, la Palabra de la reconciliación (2 Co 5:19). Por tanto, debemos discernir que, fuera de las paredes de nuestros templos, están aquellos cuyos corazones ya Dios ha preparado y que sólo necesitan ser llamados y traídos al redil del Buen Pastor. ¡Lo necesitan!
 
Si le preguntamos ahora a los redimidos, ¿dónde tiene Dios su pueblo? los sabios pueden responder: El pueblo de Dios está entre los creyentes profesantes, a manera de remanente fiel, y también está entre aquellos que aún no han sido alcanzados, pero que, debido a la omnisciencia divina, ya Dios los tiene como suyos.
 
Amados, Dios cuenta con la visión misionera de su iglesia. Él quiere que veamos la necesidad con sentido de urgencia, que hablemos el Evangelio sin callar hasta que todos tengan la posibilidad de decidir aceptar a Cristo y ser parte de su pueblo. Debemos pedir al Señor misericordia, no sólo por los que él tiene como su pueblo y aún no han sido alcanzados, sino por los que ya han sido salvados, pero todavía no pueden responder claramente la pregunta,
 
¿Dónde tiene Dios su pueblo?
 
Con este humilde aporte al hallazgo de las almas perdidas,
 
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion,
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