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DUEÑOS GENUINOS DEL REINO

DUEÑOS GENUINOS DEL REINO

Una de las virtudes más cotizadas en el reino de Dios, es la visión. Sucede igual que en el mundo físico, en donde el sentido de la vista es posiblemente el más apreciado de los cinco con los que el Creador nos ha dotado. Es tan importante el sentido de ver espiritualmente, que Cristo le recomendó a una iglesia, el comprar colirio para sus ojos, a fin de que pudieran ver. Ellos eran ciegos aunque militaban en la iglesia (Ap. 3:17-18).

La falta de vista espiritual ha sido un mal que han padecido también los más sinceros discípulos de Cristo. A veces, ello no está relacionado con el pecado propiamente, sino con poco conocimiento del corazón de Dios, debido a demoras en el crecimiento espiritual. Por ejemplo: “… debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios… ” (He. 5:12). Se necesita vivir cerca de la Luz. Cristo es la Luz del mundo, y el que le sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Ver Jn. 8:12).

Hay un aspecto en el cual los mismos discípulos íntimos del Señor no tenían mucha revelación. Debido a su perspectiva no bien enfocada sobre el reino de Cristo, no entendían claramente quienes eran los verdaderos miembros y a quienes pertenecía realmente ese Reino. Por eso, tenían poca iluminación sobre la necesidad de que tan bendito Reino, alcanzase a los niños. Esta fue la escena:

Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía (Mr. 10:13-16).

En el pasaje encontramos tres enfoques prácticos sobre la relación de los niños y el Reino de Dios. El primero es el de aquellos que traían los niños a Jesús. Para ellos, el lograrlo, merecía cualquier esfuerzo. Aquí, el evangelista Marcos dice que la visión de estos tutores, era que el Señor los tocase. Mateo 19:13, revela además, cómo deseaban que Jesús orase por los niños. Eran personas que conocían de la virtud que fluye de Jesús a los que se acercan a él con fe.

El segundo enfoque era el de los discípulos. La acción de estos, de intentar evitar que los niños fueran acercados a Jesús, demuestra que para su propia perspectiva borrosa, los niños no debían ocupar el tiempo del Señor. En su manera de ver, la agenda de Jesús debía priorizar a los adultos que necesitaban ser evangelizados, perdonados, restaurados, sanados de espíritus inmundos y dolencias físicas. Por tanto, los discípulos hacían reprensión a aquellos que se habían abierto paso entre la multitud para poner sus niños lo más cerca posible de donde Jesús estaba ministrando.

El tercer enfoque es el del Maestro, quien con una visión diáfana, acerca de cuanto vale un niño en su reino, se indignó cuando vio el proceder de sus discípulos. Solo algunas veces la Biblia muestra a Jesús indignado. Ahora, el constatar que se estaba intentando alejar a los niños de su presencia, dio lugar a una de esas indignaciones justas del Salvador. Así que sin esconder su enojo le dijo a sus discípulos que dejaran a los niños venir a él. Entonces, les enseñó a todos, que de gentes tales como los niños, es el reino de los cielos. Finalmente, Cristo, tomando los niños en su brazos y poniendo sobre ellos sus manos, los bendecía. ¡Qué acto de ternura del Señor!

El Señor deja claro que un niño, por la pureza de su carácter, sirve de modelo a seguir, respecto a la sencillez de fe con que recibe su Reino (Mr. 10:15). Es a los que son como niños, que el Padre les revela las cosas maravillosas de Dios, las mismas que soberanamente ha ocultado de los sabios y entendidos (Mt. 11:25). Jesús dijo que si no nos volvemos y nos hacemos como niños, no entraremos en el reino de los cielos (Mt. 18:1-3). En el reino de Dios, hay que humillarse como un niño (v. 4). Dijo, que recibir en Su nombre a un niño así, es igual que recibirlo a él (v. 5). Además, enseñó que de la boca de los niños, Dios ha perfeccionado la alabanza (Mt. 21:16).

Amados, necesitamos pedir visión. Si nuestros sentidos espirituales estuviesen afinados, oyéramos el grito silencioso de niños que claman, pidiendo ser acercados a Jesús. ¿Quién los traerá? ¡Pertenezcamos a aquel primer grupo que estaba bien enfocado y traían a los niños a Jesús para que él los bendijese! ¡Renunciemos a aquella visión torpe, que posterga para cuando los niños crezcan más, traerlos a Cristo! ¡Abracemos la visión divina, y no evitemos manifestar enojo santo, cuando frente a nosotros, alguien quiere apartar a un niño del camino al cielo !

Es mejor que los niños vengan a Cristo ahora, para que después no estén en el grupo en donde los discípulos tenían solamente su mirada, en aquel de los que ya hayan sido mordidos por la serpiente del pecado, y entonces necesiten reparación espiritual. La medicina preventiva es mejor que el remedio curativo.

Al ver los campos que ya están blancos para la siega, también veo en ellos, niños esperando ser cosechados para el reino maravilloso del Señor. ¡Que este domingo, se vea en las congregaciones el resultado de este clamor, por los que en verdad son

Dueños genuinos del Reino !

Con amor sincero,

Pst. Eliseo Rodríguez,
Iglesia E. Monte de Sion.

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