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ÉL ES PEOR QUE SU APARIENCIA

ÉL ES PEOR QUE SU APARIENCIA

“Las apariencias engañan”, es un dicho popular, pero con base profunda en las Sagradas Escrituras, en las cuales el mismo Cristo nos dice: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Jn. 7:24). 
 
Hay dos maneras, fundamentalmente, como nos podemos equivocar si usamos la apariencia como identificador absoluto de la identidad. La primera, es calificando negativamente a algo o a alguien, que en lo profundo, tiene en verdad un carácter benigno, aunque parezca a simple vista, que no es así. Y la segunda es, calificar superficialmente de buena identidad, aquello que es realmente nocivo. Debemos reconocer que muchos de nosotros hemos cometido a veces, ambos errores de valoración. El único que no equivoca su estima sobre todo, es “… Dios, el juez de todos” (He. 12:33). De la sabiduría de Cristo para conocer a cada uno más allá de su apariencia, la Palabra dice: “… y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues élsabía lo que había en el hombre (Jn. 2:25). Él mismo dijo, “… mi juicio es justo” (Jn. 5:30).
 
Hoy trataremos precisamente acerca de aquello, con lo cual ha tenido que ver inevitablemente cada hijo de Dios en todas partes del mundo, y que conocer su verdadero carácter, ha sido el reto de los hijos de Dios en todas las edades. Te invito a conocerlo aquí:
 
Su apariencia es impresionantemente atractiva a los sentidos naturales. Literalmente, a veces se viste de coloridos atrayentes (Ver Prov. 23:31). En verdad, cuando quiere mostrarse como apetitoso, lo hemos visto arreglado de color rojo (Ver Gn. 25:30; Isa. 1:18). Si alguien se siente un tanto solo, éste, cuya apariencia estamos identificando ahora, se presenta ofreciendo cierto tipo de compañía (Ver Prov. 1:10-11 a). Si de satisfacer instintos se trata, él brinda embriagar y alegrar de “amor” (Ver Prov. 7:18). Su atractiva apariencia y su meta de hallar diversidad de clientes, lo hace reversible en cuanto al sexo. Hay ofertas atrayentes, tanto para hombres, como para mujeres. En apariencia él se ofrece usando suavidad de palabras, y su oferta viene de labios repletos de zalamería (Cf. Prov. 7:21). De él se habla como sinónimo de deleites (Ver He. 11:25). Con estas descripciones, te he querido hablar de eso que se llama, el pecado. Si revisas las connotaciones bíblicas anteriores, te darás cuenta que describen realmente a ese taimado y antiguo enemigo de las criaturas humanas. 
 
En verdad, “… hay camino que al hombre le parece derecho; perosu fin es camino de muerte” (Prov. 14:12). Separar dicha apariencia, del resultado que realmente ocasiona su cometimiento, es el meollo de este Eco Pastoral hoy.
 
Sí, porque el pecado, en apariencia, ofrece libertad, pero la Biblia habla del que queda retenido con sus cuerdas, y de los que son esclavos del pecado (Prov. 5:22; Ro. 6:17, 20). En apariencia, ofrece ganar el mundo, pero en esencia, el pecado hace perder el alma. Jesús dice entonces: ¿… qué aprovechará… ? (Ver Mt. 16:26). El pecado hace desperdiciar los bienes, conlleva a vivir perdidamente, incentiva malgastarlo todo, viste de miseria (Ver Lc. 15:13-14). El pecado es tan ofensivo al Creador, que “… la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres” (Cf. Ro. 1:18). Peor que su apariencia, el pecado tiene carácter letal, siempre su paga es la muerte  (Ver Prov. 7:22-23; Ro. 6:23). En su identidad real, el pecado es una carga pesada, y que arrastra tras sí a los incautos (Ver 2 Ti. 3:6). Es tan peor el pecado mismo,  que la Biblia llama a su oferta, “el engaño del pecado” (He. 3:13). Cuando las personas escapan de él, por la obra del Señor Jesucristo, todavía el pecado sigue queriendo atraparles. Y si “…habiéndose ellos escapado… enredándose otra vez… son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero (2 P. 2:20). Su realidad es tan peligrosa, que los que ciegamente le obedecen, “tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8). 
 
El árbol de la ciencia del bien y del mal, fue agradable a los ojos, pero comerlo, trajo el pecado y la muerte a toda la raza humana (Comp. Gn. 3; Ro. 5:12-21).  El potaje rojo de Jacob, parecía prometedor al apetito momentáneo de Esaú, pero ingerirlo, despreciando derechos divinos, le arrebató súbitamente, las bendiciones que le pertenecían. No tuvo más oportunidad, aunque la procuró con lágrimas (Cf. Gn. 25:27-34; 27:1-40; He. 12:17). El botín prohibido de Jericó, alucinó a Acán, pero llevar de ello a su casa, le trajo un final fatal a él y a su familia (Jos. 7). Betsabé deslumbró a David por su belleza corporal, pero adulterar con ella, le trajo muerte a su casa y muchas consecuencias terribles, de las que el rey no tuvo control jamás (Ver 2 S. 11 – 18). 
 
Por tanto, en el discernimiento de Dios, oímos al Padre decir al joven: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10). Dios le insiste a la generación de sus hijos hoy: “No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tupie del mal” (Prov. 4:27). También recomienda: “Escápate como gacela de la mano del cazador, y como ave de la mano del que arma lazos” (Prov. 6:5). Al que está tentado por la apariencia rojiza del vino, le dice: “No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente, más al fin como serpiente morderá… ” (Prov. 23:31-32). Y a los jóvenes, incluyendo los que están en el santo ministerio, les recomienda: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Ti. 2:22). En Moisés aprendemos a tener “… por mayores riquezas el vituperio de Cristo, que los tesoros de los egipcios” (Ver He. 11:26).  
 
Oro que este material, nos ayude a todos a ser de aquellos “… que han alcanzado madurez, los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:14).
 
El pecado es peor que su apariencia. Pero el Espíritu Santo nos lo describe en las Sagradas Escrituras, tal cual realmente es, para que seamos de aquellos bienaventurados a los que se refiere Santiago al decir: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, queDios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12).
 
Con la esperanza de retener siempre la dádiva de Dios que es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro (Cf. Ro. 6:23),
 
Soy vuestro,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
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