skip to Main Content
EL HERMANO # 6

EL HERMANO # 6

En la última parte de su historia, “el hermano # 6”, resalta por gestionar el bien a favor de los suyos, aun desde una situación muy desventajosa. Su buen deseo no era precisamente el tenerlos cerca, pero a la distancia, mantenía una benévola preocupación por ellos. Aunque tenía también necesidades propias, realmente lo que pide para él es poco en comparación con lo que demanda para sus parientes. 
 
Primero, “el hermano # 6”, tuvo un pasado glamuroso. Las riquezas, los vestidos lujosos, y los espléndidos banquetes diarios, no escaseaban. Pero a pesar de su suntuosidad, “el hermano # 6”, ¡estaba enfermo! Vivía hundido en el materialismo, y se había convertido en un olvidadizo, en cuanto a preparar el alma para la eternidad. Era alguien así: “No hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (Sal. 10:4). Por tanto, se había hecho indolente. Podía ver al hambriento y no darle de comer, al enfermo, y no ayudarle para su salud (Comp. Mt. 25:35-36). 
 
Al identificarlo, con dolor, nos acordamos de “los afanados”. Aun profesando la fe, han llegado a un estado en que solo trabajan y trabajan, hasta no tener ya tiempo para sentarse a los pies de Jesús a oír Su Palabra (Ver Mt. 6:25; Lc. 10:40-42). En ese estilo de vida, Dios y su Obra, van quedando para cuando no se esté demasiado ocupado. Jesús dijo de ellos, que “son ahogados” por los afanes, por las riquezas y por los placeres de la vida (Lc. 8:14). ¿Cómo se llega a esta triste situación? Es, deslizándose (He. 2:1-2). O sea, un poco de descuido en cuanto a oír (He. 5:11), y otro relegar los deberes espirituales de hoy para otro día. Cuando se está experimentando ese sueño, lo que puede causar un milagro, es el impacto de la voz divina que llama: “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14). Si no sucede así, se puede caer de súbito en un sitio peor que Lodebar, una “tierra” de tristeza y dolores inenarrables (Ver 2 S. 9:4-5; Mr. 9:43-45). 
 
Fue precisamente eso lo que le sucedió al “hermano # 6”. Estaba tan “grave”, que ignoraba totalmente esto: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27). De pronto, uno de sus vecinos más cercanos, muy pobre y enfermo, murió. “No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra… ” (Ec. 8:8). Pero ni aun la muerte de su vecino, le hizo reaccionar sabiamente. 
 
Luego, este ser, alienado de Dios, también murió, y ahora se encontraba en el Hades, el lugar de tormento. Desde allí vuelve a ver, pero de lejos, a Lázaro, el mendigo que en vida de ambos, estaba echado a sus pies, lleno de llagas, pero que había vivido en piedad. Lo ve siendo consolado allá en el seno de Abraham, y ruega al patriarca, que le envíe, para que mojando la punta de su dedo en agua, refresque su lengua. Al oír de Abraham que esa petición no se puede conceder, es que este se identifica como “el hermano # 6”: “Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Ver toda la historia en Lc. 16:19-31).
 
Con el seudónimo del “hermano # 6”, hemos presentado a aquel que desde el infierno, gestionó, infructuosa, pero desesperadamente, la salvación de sus hermanos en la tierra. 
 
Debemos sacar estas conclusiones: Primero, “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc. 12:15). Por tanto, no es inteligente poner los bienes materiales en primer lugar en nuestra vida. Segundo, es sabio prepararnos para la eternidad. “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mt. 16:26). Tercero, aunque Dios nos diera la añadidura de los bienes materiales, nunca perdamos la compasión por los otros que sufren a nuestro lado (Vea Gl. 2:10). Cuarto, nada se pudiese hacer por el bien eterno de nuestros seres queridos, si nosotros mismos estuviésemos en una situación de ruina espiritual. Para decir, “yo y mi casa serviremos a Jehová”, hay que ser un verdadero “Josué”, un hombre de Dios (Ver Jos. 24:15). Debemos velar por nosotros y por nuestras familias, porque es desesperante el pensar que nuestros familiares pasen la eternidad en el infierno. Quinto, lo único que puede solucionar la necesidad de Salvación de las almas, es que se vuelvan al mensaje de la Palabra, al Evangelio de Cristo. “La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios” (Ro. 10:17). ¿Se habrán salvado los cinco hermanos del “hermano # 6”? Si fueron salvos, no fue por una gestión hecha desde el infierno. No hay comunicación entre los muertos y los vivos. Cristo nos contó esta anécdota, para que ahora en vida, le testifiquemos a los nuestros, de todo lo horrendo que se pueden librar eternamente, si reciben a Cristo como Su Salvador y Señor y se consagran a él de todo corazón. 
 
¡Que nunca nosotros nos encontremos en la desgracia del “hermano # 6”!
 
 
Gestionando hoy el bien a favor de nuestros hermanos de la fe,
 
Tu servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez M
Iglesia E. Monte de Sion.
 
¡QUE ESTE FIN DE SEMANA, TODA LA FAMILIA COINCIDA EN LA CASA DE DIOS, PARA ALABAR AL ÚNICO QUE NOS PUEDE LIBRAR DE LA CONDENACION, EL SEÑOR JESUCRISTO! Amen.
Back To Top