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EL LADO POSITIVO DE LA OSCURIDAD

EL LADO POSITIVO DE LA OSCURIDAD

La Palabra de Dios hace mención a cierto parentesco entre las tinieblas y la maldad: “… los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn. 3:19). También, como sinónimos de juicios divinos. De hecho, una de las plagas que Dios trajo para castigar a Egipto, fue la de tinieblas (Ex. 10:21-23). Cuando el juicio por el pecado de la humanidad estaba siendo realizado en la cruz del Cordero de Dios, hubo tinieblas desde la hora sexta hasta la hora novena (Mt. 27:45). Por otro lado, hay huestes espirituales de maldad, trabajando en el mismo equipo de los gobernadores de las tinieblas de este siglo (Ver Ef. 6:12). La peor calificación bíblica de las tinieblas, es que la condenación eterna se asocia con ellas, “… las tinieblas de afuera, allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mt. 8:12; 22:13;25:10). Así que se nos hace imposible, mejorar el carácter de dichas tinieblas.
 
Mas, hay un lado positivo en la oscuridad natural. Miremos, por tanto, algunos aspectos sobresalientes de ello: 
 
En una ocasión Dios habló con su amigo, Abram, después de la puesta del sol. Hizo falta esa oscuridad, pues ella era el lógico escenario para la promesa ilustrada que Dios le habría de dar esa noche: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia”.  Entonces, “… el temor de una grande oscuridad cayó sobre él”. Mas, en medio de ese contexto nocturno, “… se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos”.Dentro de la oscuridad natural, Abram pudo percibir la certificación gloriosa del pacto de Dios consigo y con su descendencia. Entonces la voz divina le dio la confirmación de su herencia: “A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates”. Fue aquella noche oscura, que Abram “… creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Ver Gn. 15:1-21).
 
También, cuando el Legislador celestial descendió al Monte Sinaí, para mostrarse y dar sus leyes a Israel, Dios mismo mandó poner límites al monte. Traspasar dichos linderos, atraería muerte al pueblo (Ver Ex. 19:12, 23). El Dios que es tres veces Santo escribiría su Ley con su propio dedo y en las tablas de su propia hechura. Era tanta Su gloria allí que “… el humo subía como el humo de un horno” (Ex. 19:18). Entonces “… Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios” (Ex. 20:21). Al final de esta cita, “… descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano… no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él” (Ex. 34:29, 30). ¡Qué paradójico: su rostro salió iluminado de la oscuridad! La intimidad con Dios trae resplandor de luz, hace que reflejemos su gloria ante los que nos rodean. Los hombres que Dios ha usado en la historia, han estado marcados por esto: son siervos que pasan tiempo a solas con él, en lugares donde no existen distracciones. ¿Hará falta que volvamos allí otra vez?
 
Hay otras experiencias importantes en la vida de ministros de Dios que ocurrieron en lugares físicamente oscuros, pero donde había luz del Señor. Por ejemplo:
 
Fue el oscuro vientre de un gran pez, el sitio que Dios escogió para corregir el corazón desobediente de un profeta. Hablando Jonás con Dios desde allí, dijo: “Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío” (Jon. 2:6). Después de esa experiencia, su mensaje en Nínive trajo arrepentimiento abajo en la tierra, y arriba en el cielo. Abajo, toda la ciudad, incluyendo al rey, se arrepintió de su pecado, ayunando y clamando a Dios fuertemente. Cubiertos de cilicio, se convirtieron de su maldad (Ver Jon. 3:5-8). Arriba, “… vio Dios lo que hicieron… y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” (v. 10). El impacto que se produce en el ministerio cuando quedamos a solas con Dios, siempre supera todas las expectativas.
 
De la vida de oración de Jesús en la oscuridad del monte, nos llega este reporte: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lc. 6:12). Otra vez, “… se fue, como solía, al monte de los Olivos”  (Lc. 22:39). De su aprovechamiento de la oscuridad para intimar con su Padre, nos llega esta narrativa: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr. 1:35). Él mismo nos enseñó: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mt. 6:6). La oración personal diaria que traerá resultados visibles, requiere de un espacio donde esté solamente el orante y su Padre celestial, Dios y un alma sedienta por su presencia.
 
Cristo aprovechaba las horas nocturnas para hablarle a los doce, en la cercanía del Maestro con sus discípulos, sobre los benditos secretos del Evangelio: “Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas” (Mt. 10:27). 
 
Asimismo los ojos de Saulo quedaron en total oscuridad por tres días, cuando Jesús le salió el encuentro, camino a Damasco. Pero en aquella larga “noche”, tuvo una visión divina, de que un varón llamado Ananías entraba y ponía las manos sobre él a fin de que recibiese la vista (Ver Hch. 9:11, 12). Los ojos físicos fueron sanados. Y a partir de aquel milagro, Pablo llegó a verespiritualmente el reino de Dios en una dimensión tan grande, que ahora oraba para que los ojos del entendimiento de los hermanos fueran iluminados también, para ver todo lo que en Cristo les había sido dado (Comp. Ef. 1:17-19; 3:4).
 
Finalmente, una de las cosas que hace preciosa la Nueva Jerusalén, es que allí no hay necesidad de sol, ni de luna, ni de luz de lámpara, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera (Ver Ap. 21:2322:25)
 
Los hombres y mujeres de Dios de estos tiempos, también necesitamos tener lugares y momentos especiales para citas con Dios, donde nada físico pueda distraernos la atención de Aquel que es más sublime que los cielos (Ver He. 7:26). Será en ellos donde el resplandor de la gloria divina iluminará la mente, alumbrará el camino, y en los cuales el Señor nos dará un nivel mayor de revelación a través de su Palabra. Necesitamos estos lugares, donde Dios nos pueda llamar amigos (Comp. Isa41:8; Jn. 15:14). Cristo anhela cenar con nosotros, y que compartamos juntos la mesa de su comunión (Ap. 3:20). No olvidemos, “… vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3:3). El éxito en el ministerio público está muy relacionado con una vida que permanece en el secreto de Dios, conforme a Jer. 23:22.
 
Este es 
el lado positivo de la oscuridad
 
 
Con amor sincero,
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
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