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EL MEJOR AMIGO

EL MEJOR AMIGO

Uno de los tesoros de la himnología cristiana es aquel precioso Himno que se titula, El Mejor Amigo, escrito por Peter Philip Bilhorn, quien aceptó a Cristo en 1881 bajo el ministerio de W. L. Moody en la ciudad de Chicago. En esta alabanza se exalta a Jesús como el amigo fiel que está con nosotros cuando estamos tristes o tentados, que oye nuestros ruegos y lleva nuestras cargas. El autor lo presenta a Jesús como el amigo que da paz perfecta a nuestra alma, y en quien podemos apoyarnos. Lo presenta como el que nos libra del mal cuando estamos en peligro o en sombra de muerte. Y al final se entona la esperanza de aquel día cuando estemos reunidos con los redimidos más allá y podamos cantar en presencia del mejor amigo la canción de redención. Cada estrofa y el coro terminan con esa frase: Es Jesús el mejor amigo. Todo aquel que ha caminado con Jesús un trecho de su vida, puede asentir con un amén a la verdad que recoge este canto del ayer. Esta es una verdad que trasciende hasta el presente y augura quedar con nosotros por la eternidad.
 
Mientras susurraba esta melodía, vino a mi mente cómo Jesús llamó amigos a sus discípulos. Él les dijo: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando… os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer (Jn 15:13-15). Este cuadro muestra un tipo de liderazgo digno de ser imitado por cada uno de aquellos que estamos en autoridad. Este estilo de dirigir debe ser también comprendido por los beneficiarios de nuestro servicio en el reino de Dios. El liderazgo de Jesús no se expresó como la supremacía de uno sobre otros. No es la autoridad de un jefe sobre los súbditos, ni la competencia por el mayoreo sobre los más pequeños. Cristo mismo enseñó a sus discípulos:
 
Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Mt 20:25-28).
 
Su muestra de amistad fue incomparablemente inmensa. En referencia a aquel círculo íntimo de doce discípulos, la Palabra refiere que como Cristo había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13:1). Fue a tal manera amigo de sus discípulos que cuando la turba dirigida por Judas Iscariote vino al Getsemaní la noche de su apresamiento, Jesús dijo a los apresadores que dejaran ir a sus discípulos. Fue a tal manera amigo de sus seguidores, que cuando uno de ellos le fue desleal y lo negó, la primera vez que lo vio después de su resurrección, la pregunta no fue, ¿por qué me negaste? sino, ¿me amas? Cuando el caído Pedro, en triple expresión afirmativa mostró correspondencia con el amor a ese amigo singular, no hubo más preguntas, sino una comisión de amor: apacienta mis ovejas (Jn 21:15-17). Se trata de un tipo de amor por aquellos a quienes considera amigos, que estuvo dispuesto a asumir la culpa de esos amados y pagar el precio que la justicia divina pedía por el rescate de sus almas.  
Lo que nos sorprende de esta relación tan cercana entre los discípulos y el Maestro, no es sólo la grandeza del cariño conque Jesús trataba a sus obreros del ministerio, sino el hecho que lo hiciera desde una posición de tan absoluta dignidad. Quien ama tan amistosamente es el Creador del Universo (He 1:2), el Hombre perfecto en su moral (Sal 45:2), el representante más digno del trono de David (Lc 1:32). Se trata de Uno a quien están sujetos ángeles, autoridades y potestades (1 P 3:22). El mejor amigo es, a la vez, el soberano de los reyes de la tierra (Ap 1:5). Juan describió su alteza al mirar que en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores (Ap 19:16). Sus siervos pudiéramos decir como David: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria? (Sal 8:4). Pero el Señor no menosprecia a ninguno de sus servidores. Por el contrario, está con ellos hasta el fin (Mt 28:20). Él es el líder amigo del cual se dijo: vivió entre nosotros y vimos su gloria, gloria como la del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Jn 1:14), los llama amigos, los hace cercanos (Ef 2:13).
 
Ayudará a nuestra salud como líderes saber que en el reino de Dios el concepto de liderazgo es, fundamentalmente, servicio, no sólo representatividad. El mejor amigo dijo: Yo estoy entre vosotros como el que sirve (Lc 22:27). El ministerio, a la manera como Dios lo ve, no está diseñado para engrandecer al depositario del don, sino para edificar al cuerpo de Cristo. La recompensa prometida al buen siervo no está condicionada a la categoría desde donde se sirve; se ofrece por haber sido fiel en lo poco (Mt 25:21). El servicio debe tener supremacía ante los ojos del siervo. Por tanto, la grandeza del siervo no está en distanciarse de aquellos a quienes dirige, sino en amarlos y servirles como amigos.
 
Hay que afinar las cuerdas vocales para cantar El Mejor Amigo, pero hay que afinar también el concepto de liderazgo a la manera de Jesús. Entonces, la correspondencia entre la autoridad en la iglesia y los hermanos de la fe, suena como un precioso armonio de respeto mutuo que trae gloria al dueño de la grey.
 
Que el Señor levante muchos líderes en su iglesia, a tal manera llenos del amor de Cristo, que se pueda volver a cantar con vivencia, que, aunque es Rey de gloria, Jesús sigue siendo
 
El Mejor Amigo.
 
Como siervo de los santos,
 
Vuestro en él,
Pst. Eliseo Rodríguez.
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