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EL PODER ACELERADOR DE LA INTERCESIÓN

EL PODER ACELERADOR DE LA INTERCESIÓN

¿Necesitaremos orar por el arribo más rápido de las bendiciones de Dios? ¿Habrá que clamar para que los programas divinos sean cumplidos? ¿Se necesita interceder para que llegue más rápido el recurso divino que nos defiende en nuestras batallas? Si. La intercesión ejerce un poder ¡tan extraordinario! Además, hay un rango en el efecto de la oración intercesora que encierra la aceleración de eventos divinos a favor de los hijos de Dios. De ello te invito a mirar algunos puntos sobresalientes:
 
La Palabra pregunta acerca del pueblo de Dios: “Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?” (Dt. 4:7). En el espacio y en el tiempo, “… en todo cuanto le pedimos”, Dios está cerca de nosotros. Primero hay que pedir; luego Dios se acerca, en aquello por lo que oramos. Todavía podemos testificar: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Sal. 46:1). 
 
Josafat, le dijo a Dios que no sabía qué hacer en su defensa contra los hijos de Amón, de Moab y del Monte de Seir que habían venido contra Judá. Los enemigos eran una gran multitud. Pero Josafat “… hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová”. La batalla, normalmente podría haber demorado mucho tiempo, a causa de la desventaja numérica del ejército de Josafat. Pero “… Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros”. La oración intercesora en conjunto, aceleró la llegada del triunfo, en forma sobrenatural (2 Cr. 20:1ss). 
 
Igualmente sucedió con la ofensiva de Herodes Agripa, contra la Iglesia en Jerusalén. “En aquel mismo tiempo, el rey… echó manos a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro… y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua”. El pronóstico que se veía sobre la iglesia era como el “valle de sombra de muerte” (Cf. Sal. 23). Pero aunque Pedro estaba custodiado en la cárcel, la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Aquel clamor incesante, aceleró la victoria de la iglesia sobre tan bestial representante de Roma. La misma noche que Herodes iba a sacar a Pedro para hacerle morir, el Señor hizo un milagro adelantado, tomando como materia prima, las oraciones intercesoras de los cristianos. Un ángel del cielo vino a la cárcel, y dijo a Pedro: “Levántate pronto. Y la cadenas se le cayeron de las manos”. Aceleró también Dios, la muerte del rey perseguidor, y Herodes, súbitamente “… expiró comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (Ver Hch. 12:1-19).
 
El Señor profetizó que su reino vendría (Mt. 8:11; 13:43; 25:31). Pero nos enseñó a orar diciéndole al Padre: “Venga tu reino” (Mt. 6:10). Cuando el Señor dice: “Ciertamente vengo en breve”, la respuesta cristiana a su anuncio, es esta oración: “Amén, si ven Señor Jesús” (Ver Ap. 22:20). Los cristianos debemos decirle “amén”, al regreso en breve del Señor. Ese clamor intercesor respecto al cumplimiento más rápido de su venida, tiene un efecto escatológico de gran importancia. Hablando la Palabra de los días de la gran tribulación, dice: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mt. 24:22). Después de aquella gran tribulación, Cristo establecerá su reino milenial, literal y glorioso sobre esta tierra.
 
Cristo mismo, hablando a favor de la oración como agente acelerador de las acciones divinas, nos dejó esta pregunta que incluye una contundente respuesta: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia… ” (Lc. 18:7-8). Si se clama diurna y nocturnamente, no habrá tardanza en la respuesta del cielo; pronto, él lo hará. La oración tiene poder acelerador en dar cumplimiento a esta promesa: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5:6). 
El escritor de Hebreos, le pide a los hermanos desde algún lugar de reclusión en que se encontraba: “Orad por nosotros… Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea restituido más pronto” (He. 13:18-19). ¡Qué conocimiento tan vasto refleja aquí el escritor inspirado, sobre el poder acelerador de la oración intercesora ! Expresa que si oran, él pudiera ser restituido más pronto, dando a entender, obviamente, que la falta de la oración de este tipo, pudiera traer un atraso en su liberación. 
 
Amados, les ruego en Nombre de Cristo, que no desaceleren la oración, para que no se atrasen las manifestaciones divinas de protección, de reino y de justicia. ¡Aceleremos el ruego mediador, como aquello que es de máxima influencia en el reino de Dios, y el Señor traerá de repente, como en Pentecostés, avivamiento, sanidad, expansión del Evangelio y victoria sobre nuestros enemigos! (Ver Hch. 2:1-2).
 
Plenamente convencido del poder acelerador de la intercesión,
 
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
Iglesia E. Monte de Sion,
Miami, Fl. USA.
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