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EL “ROMPECABEZAS” DE LA CRUZ

EL “ROMPECABEZAS” DE LA CRUZ

¿Has visto alguna vez una Biblia en forma de una cruz? Hablo de la misma que lees diariamente. Es la misma que asiduamente usa el predicar cristiano, y el maestro perito en la fe. Es la misma que ha servido de mapa al peregrino creyente en el Camino de todos los tiempos. Hoy queremos mostrarte una. ¿De qué se trata? Se trata de que la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis gira alrededor de la Cruz.
 
Muchos se han desanimado porque no han podido armar ese bendito “rompecabezas”, cual un niño que aun no puede poner en orden las distintas piezas de uno de ellos. Para unos, la Cruz ha sido tropezadero, para otros locura (1 Co. 1:23). Las piezas de este “rompecabezas” se hallan diseminadas por todo el libro de Dios. A veces, la pieza que va al  lado de la otra, se encuentra separada entre libros, aun entre Testamentos. Se requiere, por tanto, una sabiduría no meramente humana para poder entender y armar correctamente el Crucigrama. Mas, siempre el Espíritu Santo estará disponible para guiarnos hasta poder armar correctamente, en cuanto al entendimiento, el programa de Dios trazado en su Palabra.
 
Entonces, caminemos a través de la Biblia y veamos primero a Dios diciendo a la Serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya” (Gn. 3:15).  Esta promesa establece que Satanás heriría a Cristo en el calcañar, pero que a su vez, Cristo lo heriría a él en la cabeza. Entonces encontramos la pieza que ha de ir por la parte del sufrimiento causado al Mesías, cuando Isaías dice: “Varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isa. 53:3). Y también, cual perfecta unión entre cóncavo y convexo, aparece esta fracción: Cristo “… sufrió la cruz, menospreciando el oprobio… ” (He. 12:2).  
Por el otro lado del enlace, resaltando la victoria de Cristo sobre Satanás, hallamos esta armonía: “Y despojando a los principados y potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15). Lo hizo “… para destruir por medio de la muerte, al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo” (He. 2:14). El rompecabezas se entiende mejor al decirnos: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás, bajo vuestros pies” (Ro. 16:20). Buscando una colorida pieza que ensamble con perfección, hallamos esta de forma victoriosa: “Por lo cual estoy seguro que “ni la muerte, ni la vida, ángeles, ni principados, ni potestades… nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro. 8:38-39).
 
Es en la Cruz, no solo como forma de muerte del cuerpo de Cristo, sino como estilo de vida cristiana, donde encontramos el absoluto remedio para esta raza humana caída. En ella se restauran las atropelladas relaciones entre Dios y los hombres. Como nuestro Sustituto, en la Cruz, Cristo hizo suya la deuda de nuestro pecado, por lo cual podemos ser justificados y tener paz con Dios (Ro. 5:1).  Fue en la cruz, donde Dios trató directamente con nuestro pecado a través de la expiación. La expiación tiene que ver con la forma como Dios cubre o borra nuestros pecados. En ese marco es que la Palabra establece: “Y él (Cristo) es la propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 2:2). Y aquel sacrificio en la cruz, vino a ser “ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef. 5:2). El rompecabezas de la cruz, se va formando con esta pieza tan importante: “… Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados… ” (2 Co. 5:18-19). Todavía queda espacio para colocar este pedazo del gran tesoro de la Cruz: “… estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:9). Por tanto, “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús… ” (Ro. 8:1). Cristo es “… quien nos libra de la ira venidera” (1 Ts. 1:10).  En la cruz de Cristo somos liberados del oscuro dominio del pecado, y trasladados al reino del Amado Hijo (Col. 1:13).  Como hizo el padre en el caso del hijo pródigo, en la Cruz somos recibidos, renovados totalmente, y en ella recibimos la promesa de la vida eterna (Ver Lc. 15:20; 23:43; Jn. 14:19 b).
Ahora Dios nos permite vivir en íntima comunión con él. ¡Que alentadoras estas palabras: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:16). Es en esta parte del rompecabezas de la Cruz, donde se muestra el acabado perfecto: Si Cristo nos ha sustituido en la cruz, si ha tratado con nuestros pecados a tal modo que hemos podido ser reconciliados con el Padre, si hemos sido liberados del dominio del pecado y tenemos nueva vida a través del nuevo nacimiento, entonces, podemos acercarnos a Dios “… con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura” (He. 10:22). Hay una tribulación causada por la carne y el mundo, en el hecho de estar “crucificados con Cristo” (Gl. 2:20). Es una vida de renuncias a todo lo frívolo y banal de esta existencia.  Pero el otro lado de la Cruz, tiene un reino incluido, “… el reino eterno de nuestro Señor Jesucristo” (2 P. 1:11). “Si sufrimos, también reinaremos con él”  (2 Ti. 2:12).
 
Hermano (a), pastor, ministro, ¿Te gustaría invertir toda tu vida en la causa de la cruz? Si el Camino resulta estrecho aquí, pero al final se torna en gloria con el Salvador, debemos hoy mismo decidir poner nuestra mano en el arado para nunca más mirar atrás. ¡Vivamos dentro de lo que pareciera ser el gran rompecabezas de la Cruz, pues al final, la Cruz se cambiará por Corona!
 
Con la esperanza de la vida eterna,
 
Vuestro consiervo,

pastoresPst. Eliseo Rodríguez.
Iglesia E. Monte de Sion, Miami.

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