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ESPÍRITU SANTO, QUIERO TRABAJAR CONTIGO

ESPÍRITU SANTO, QUIERO TRABAJAR CONTIGO

El Señor Jesucristo nos enseñó cuales serían las funciones del Espíritu Santo en esta esfera terrenal, una vez que él regresara al Padre en el cielo y enviara al Consolador: 
 
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Jn. 16:7-11).
 
Por casi dos milenios, ¡qué conveniente ha sido la obra del Espíritu Santo en la iglesia! Su labor como Consolador es una realidad que cada creyente puede testificar con firmeza. Pero además, Cristo habló de tres funciones específicas del Espíritu Santo en el mundo: 
 
1.    Convencer al mundo de su pecado de incredulidad respecto a Cristo.
2.    Convencer al mundo de la justicia de Cristo, evidenciada en su ascensión gloriosa al Padre.
3.    Convencerlo también del juicio ya hecho contra el Príncipe de este mundo. 
 
Así que, en primer lugar, el Espíritu Santo trabaja redarguyendo al mundo de cuán grave es su pecado de rechazar a Cristo. Luego, cuando el pecado de incredulidad es revelado, viene el convencimiento de que aquél  en quien no habían creído, es verdaderamente el Justo y único Mesías, digno de ser exaltado a la diestra del Padre. Finalmente, el Espíritu Santo trabaja haciendo ver el justo juicio de Dios contra Satanás, quien ha sido ya condenado, e irá irremisiblemente al fuego eterno (Mt. 25:41).  
 
Ahora, es muy importante para la iglesia, el discernir la agenda divina que le ha sido asignada. Cuando este plan de trabajo celestial no ha sido entendido por la iglesia, sus actividades son algo así como golpear el aire (Ver 1 Co. 9:26). Sin dudas, no hay otra agenda más acertada, que seguir el plan de trabajo del Espíritu Santo. Él es el agente divino que trae los propósitos celestiales al seno de la Casa de Dios.
 
Con esta visión, entendemos mejor que: 
 
·      Una iglesia está trabajando con el Espíritu Santo cuando enfatiza sobre la cura del pecado de incredulidad. Mas, “¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído?” (Ro. 10:14). Esto nos responsabiliza en la proclamación de Jesucristo, como Señor. Si vamos a trabajar con el Espíritu Santo, debemos ser Cristo céntricos en nuestro mensaje evangelizador. No debemos intentar convencer al pecador de su incredulidad, con argumentos intelectuales. El mensaje de Cristo y de su muerte y resurrección, es en sí mismo, el mejor antídoto contra el pecado de incredulidad. Por eso, ayudados por el Espíritu Santo, los apóstoles en Jerusalén, “… todos los días en el templo y por las casas, no cesaban de predicar y enseñar a Jesucristo” (Hch.5:42). La gente en Samaria, pensaba que Simón, el mago, era el gran poder de Dios. “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hch. 8:10, 12).
 
·      Una iglesia está trabajando con el Espíritu Santo, cuando su mensaje contiene como sagrado ingrediente, la Justicia de Cristo. “… Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Pero él “… nunca pecó ni hubo engaño en su boca” (Ver Ro. 3:23; Isa. 53:9). Por tanto, se hizo digno del testimonio del Padre a su justicia: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17; 17:5).  Solo él ostenta el título de Justo, merecedor de sentarse en el trono con el Padre (Ap. 3:21). Pedro, lleno del Espíritu Santo,  predicó así de esa Justicia de Cristo: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Ver Hch. 2:36-37). Es nuestro trabajo permanente, anunciar “… las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9). 
 
·      Una iglesia está trabajando con el Espíritu Santo, cuando presenta al príncipe de este mundo como alguien ya juzgado. Cristo vio a Satanás caer del cielo como un rayo, mientras los misioneros hacían la obra encomendada (Ver Lc. 10:18). En la cruz, Cristo hirió a la simiente de la Serpiente en la cabeza conforme a Gn. 3:15. El Señor lo había prometido: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Jn. 12:31). Por tanto,  al Señor están sujetos ángeles, autoridades y potestades (1 P. 3:22). Debemos proclamar que Cristo, “… despojando a los principados y potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15). ¡Que no se nos olvide al trabajar con el Espíritu Santo, anunciar que Cristo tiene hoy las llaves de la muerte y del Hades! (Ap. 1:18). Además, mientras el Enemigo vino para hurtar, matar y destruir, Cristo dijo: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10). 
 
Amados, ¡prediquemos con vehemencia al mundo la fe de Jesucristo, exaltemos en la iglesia al Justo y glorificado Hijo de Dios, y proclamemos que Satanás está condenado eternamente! De esa forma, nuestro trabajo será efectivo, y, contaremos con la gracia del Señor mientras caminamos en las huellas de su Espíritu.
 
“Espíritu Santo, quiero trabajar contigo”
 
 
Soy tu servidor,
 
Pst. Eliseo Rodriguez
Iglesia E. Monte de Sion.
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