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ESTA ES MANERA DE VENCER

ESTA ES MANERA DE VENCER

Para el momento cuando escribo este boletín, me encuentro en Jerusalén, Israel, la ciudad del Rey David, conocida también como la ciudad del gran rey (Sal 48:2). Dios ha prometido en su Palabra que sus ojos estarán sobre Jerusalén para siempre, y esa promesa es una de las muchas singularidades que tiene esta preciosa metrópoli.

Antes conocida como ciudad de los Jebuseos, fue conquistada por el rey David, y fue aquí donde el mencionado rey le hizo una tienda al arca del pacto, conocida también como “el tabernáculo de David” (Hch 15:16). Jesús estuvo en esta ciudad donde hizo dos de sus grandes milagros, la curación de un paralítico en el estanque de Betesda (Juan 5: 1-15) y la sanidad de un ciego, al cual mandó a lavarse en el estanque de Siloé (Jn 9:11). Fue sobre esta ciudad que lloró el Señor cuando entró triunfante, aclamado por las multitudes que le seguían, las cuales daban Hosanna al Hijo de David. Pero sólo cinco días después de ser aclamado como rey, Jesús fue entregado en esta misma ciudad para ser condenado a muerte. Lo sacaron fuera de los muros de la ciudad y, al llegar a un lugar llamado Gólgota, le crucificaron allí (Mt 27:33). Más el Señor Jesús dijo que nadie le quitaba su vida, sino que él mismo la entregaba por la vida del mundo (Juan 10:18). Su muerte en la cruz fue el cumplimiento del programa eterno de Dios, para hacer expiación y salvarnos de nuestros pecados. Al tercer día se levantó victorioso de entre los muertos y apareció a sus discípulos, hablándoles acerca del reino de Dios (Mateo 28: 1-10). Cuarenta días después subió a los cielos y se sentó a la diestra de Dios, donde permanece sacerdote para siempre y desde donde vendrá por su iglesia muy pronto para llevarnos a vivir con él en el cielo (Jn 14:1-3).

Pero hay una peculiaridad muy relevante en los símbolos patrios de Israel. Ayer visitamos la calle que está frente al Parlamento hebreo. En un lugar muy significativo se encuentra la menorá. Siempre habíamos pensado que el símbolo principal de la nación era la estrella de David. Pero aquí aprendimos que el símbolo oficial de la nación es la menorá, o sea, la figura del candelabro de siete brazos que estaba en el tabernáculo y en el templo de Salomón. 

Lo asombroso es que este símbolo nacional de Israel, fabricado ahora en gran dimensión para realzar los valores de esta nación, tiene escrito en los dos primeros brazos inferiores, aquella palabra que le dijo Dios a Zorobabel: “No con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac 4:6). Luego, en la parte central desde donde nacen los siete brazos tiene escrito el texto: “Oye Israel, Jehová vuestro Dios, Jehová uno es” (Dt 6:4).

 Arriba, dentro de otras figuras, aparece una que identifica a David con la cabeza del gigante Goliat en su mano, para recordar el momento cuando aquel joven valiente de Belén derrotó al prepotente filisteo, usando solo una piedra lisa tomada del arroyo, pero apoyado en el nombre de Jehová de los ejércitos (1 Sam 17).

Amados, nosotros también tenemos el reto de ser vencedores, porque la victoria es parte de nuestra identidad cristiana. La Biblia nos enseña que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Rom 8:37). Pero, la ilustración del símbolo nacional de la nación hebrea sirve como recordatorio que no somos fuertes por nosotros mismos, sino por la fuerza que viene del brazo de Dios, por la victoria obtenida por Cristo en la cruz del Calvario. 

Te animo a reconocer al Señor en todos tus caminos y nunca apoyarte en tu propia prudencia (Prov 3:5-6). Cuando el enemigo ataque, recuerda que el Espíritu de Dios es tu arma de victoria. Dios promete que, aunque el enemigo venga como río, el Espíritu del Señor levantará bandera contra él (Is 59:19). Esto, si creemos que hay un solo Dios y un solo mediador ente Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Ti 2:5).

Con amor sincero en él,

Desde Jerusalén,

Tu servidor,

PST Eliseo Rodríguez

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