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Expectativa

Expectativa

Al leer la definición bíblica de la fe, encontramos en ella un tipo de expectativa: “Es pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He. 11:1). “… si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (Ro. 8:25). “… sin fe es imposible agradar a Dios” (He. 11:6) Ahora, la expectativa, para los hijos de Dios, no está basada en un tipo de testarudez que intenta torcer el brazo de Dios, para que haga lo que a nosotros nos parece mejor. Por el contrario, la expectativa de la fe, está absolutamente basada en las Palabras de Dios, en sus promesas, y tienen el apoyo inconmovible de Su fidelidad. Por tanto, todo aquello que hemos recibido como promesa divina, y que aun no lo hemos visto, debe producir en nosotros, expectativa.

Tomemos el primer ejemplo del padre de la fe, Abraham, quien caminó en expectación de la promesa de Dios por unos veinticinco años. Él creyó en esperanza contra esperanza (Ro. 4:18). Su expectativa por ser padre de muchedumbres, tenía la contrapartida de la esterilidad de Sara y de la ancianidad de ambos. Por tanto, cada año, en términos racionales, la expectativa debía menguar. Sin embargo, “él se fortaleció en fe dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Ro. 4:20-21). Cuando Sara tenía noventa años, también tenía noventa lo que compitió con el milagro, pues era congénito en ella la infertilidad. Pero tal como un año anterior al cumplimiento, Dios les había recalcado, el milagro se produjo, Isaac nació, y de él, Jacob, y finalmente Israel como nación y la iglesia, donde somos hijos de Abraham respecto a la fe. (Gl. 3:7).

En segundo lugar, Dios nos ha dado su propio ejemplo sobre Expectativa. Cuando avisó a Abraham sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra, este fue uno de sus incentivos: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová… ” (Gn. 18:19). Cuando dijo estas palabras, Abraham no tenía aun esos hijos de que Dios hablaba. Pero más allá de una realidad palpable, debe estar la realidad de la fe. La expectativa de la fe, trabaja precisamente en lo invisible, en lo impalpable, en lo que aun no es, físicamente. La mirada de un creyente en expectativa, como imitador de Dios, traspasa la razón, el intelecto, el raciocinio. Es una expectación mucho más allá de lo que nuestro sistema visual puede captar y retener. Dios miró en Abraham un maestro del camino de justicia para una descendencia que aun no existía. El anciano llegó a ser exactamente eso. Todavía su fe, nos está enseñando a nosotros diariamente.

Amados, nunca la expectativa en las promesas de Dios será en vano. No solo por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos de la fe (He. 11:2), sino que aun cuando algunos morían sin ver con sus propios ojos el cumplimiento de la promesa, esto hacían: “… mirándolo de lejos, y creyéndolo y saludándolo… ” (He. 11:13). Les animo, que aunque quizás vuestra misma razón, o la razón de otros alrededor, o las voces silenciosas del Enemigo quieran apagar la llama interior de vuestra expectativa, no lo permitan jamás. “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón” (He. 10:35). Son preciosas y grandísimas promesas las que el Señor nos ha dado (2 P. 1:4). Pero esta la debemos atesorar con mucho celo: “Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He. 10:37). Si no perdemos esta expectativa gloriosa, en cualquier momento, entramos al gozo de nuestro Señor, donde todas las grandes expectativas de nuestro peregrinar, serán absolutamente saciadas por la eternidad.

Con una mirada de fe, llena de buena expectación para vosotros,

Soy vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

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