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HAY FORCEJEO EN LA PUERTA

HAY FORCEJEO EN LA PUERTA

Mientras unos mensajeros del cielo estaban una noche en la casa de un varón de Dios en una antigua ciudad, con la misión de salvarlo con su familia de una inminente destrucción, hubo un forcejeo en la puerta. Era una confrontación directa entre el bien y el mal, una ruda pelea entre la pureza y la inmundicia. La comunidad corrompida de aquellos días, supo de los visitantes “extranjeros” en dicho hogar, y los vinieron a buscar para intentar envilecerlos.

Pero el forcejeo involucró en segundo lugar, al dueño de la casa. Este salió afuera, y cerró tras sí la puerta, intentando convencer a los malos a que retrocedieran de su macabra intención. Él sufrió gran violencia y amenazas de hacerle más mal que a los visitantes. El tercer nivel del forcejeo, puso en peligro a la familia del dueño de la casa. Dos hijas suyas estuvieron en riesgo de ser dañadas por el ataque enemigo en la puerta.

El último golpe de batalla se describe así: “Se acercaron para romper la puerta”. Entonces los celestiales visitantes, alargaron la mano, y metieron al dueño dentro de la casa, y cerraron la puerta, y a todos los que luchaban para penetrar la casa, hirieron con ceguera. Pero aun así, ya fatigados, seguían buscando la puerta. Finalmente, Dios sacó del peligro a aquel varón y a su familia y los puso a salvo. Esta es la historia sucedida a Lot, relatada en Génesis 19:1-11.

De acuerdo a las palabras de Cristo, al final de esta dispensación, la humanidad habría regresado a los días de Lot (Lc. 17:28-29). Todo lo que entonces allí sucedió, estaría de boga en el planeta en este tiempo. Por tanto, hoy también hay forcejeo en la puerta.

¿En qué puerta? En la puerta de la mente de cada creyente. Continuamente hay una violencia allí. Dardos de fuego del Maligno son lanzados, intentando perforar nuestras convicciones, y hasta hacernos dudar de nuestra salvación. Es allí donde el forcejeo se establece porque el escudo de la fe, usado por el cristiano, puede apagar todos los dardos de fuego del Maligno (Ef. 6:16).

¿En qué puerta? En la puerta de la familia, donde el ataque va dirigido certeramente a destruir la autoridad espiritual del cabeza de familia, pero también a golpear así a los demás miembros del hogar. Surge entonces el forcejeo, porque el que representa a Dios en ese hogar, se para firme y establece: “Yo y mi casa, serviremos a Jehová” (Ver Jos. 24:15), y forcejea a través de la intercesión y la enseñanza del temor de Dios en el hogar.

¿En qué puerta? En la puerta de la Iglesia, donde el principal ataque va dirigido a quienes tengan mayor responsabilidad, al pastor, a los obreros de la Casa de Dios. El Adversario batalla igualmente por descentralizar a Cristo como Señor, y por introducir herejías destructoras, para golpear la iglesia como columna y baluarte de la verdad (Ver 2 P. 2:1). Hay también un ataque a la santidad, queriendo hacernos tolerantes al pecado (Ej. 1 Co. 5:1-2). Entonces el forcejeo ocurre, si la iglesia ayuda a los ministros, orando a Dios por ellos. Una iglesia que ha de prevalecer es aquella que le da suma importancia y espacio a la intercesión y a la guerra espiritual, y que decide entregar siempre la alabanza al Señor (Ver Hch. 6:4). La iglesia forcejea en su defensa cuando mantiene la enseñanza pura de la Palabra, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor (He. 12:14).

Muchos hijos de Dios, no han sabido discernir la hostilidad del Enemigo, y han bajado la guardia. No se han dado cuenta que esa frialdad, desánimo, alejamiento de la Casa de Oración, es una investida del Adversario en su puerta. Pero te quiero animar en este día a forcejear. “Pelea la buena batalla de la fe… ” (2 Ti. 6:12). Este sería el plan:

Primero, que identifiques el origen espiritual del ataque que percibes en tu puerta. Nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra diversos rangos demoníacos en los lugares celestiales que atacan nuestra puerta.

Segundo, que forcejees con tu Enemigo, usando las armas espirituales que Dios te ha dado. Jesucristo, el Capitán, nos dio un cinto, su verdad; una coraza, su justicia; un calzado, el Evangelio de la paz; un escudo, la fe; un yelmo, la salvación; una espada, la Palabra de Dios; unas grebas, la oración (Ver Ef. 6:10-18). Recuerda usar el Nombre de Jesucristo contra tu Enemigo (Mr. 16:17-18). Está garantizado que estas armas pueden herirlo hasta fatigarlo.

Tercero, que mantengas tu fe. Hay promesas de victoria. ¿Se ha cometido algún pecado? Eso es peligroso porque abre puertas legales al Enemigo. Pero la Biblia dice: “… abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo” (1 Jn. 2:1). ¿No tienes fuerzas propias? Puedes decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). ¿Tienes temor a ser derrotado en la batalla? Recuerda: “Él (Dios), nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús (2 Co. 2:14). “Someteos, pues a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros” (Stg. 4:7). Si el Enemigo parece romper tu puerta, recuerda: “El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies (Ro. 16:20). Durante este forcejeo espiritual ten presente que si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro. 8:31). Un buen soldado de Jesucristo, nunca se da por vencido. ¡Prosigue, mi hermano (a)! ¡No dejes que rompan tu puerta! ¡Sé celoso porque Cristo esté siempre dentro de tu casa! ¡Forcejea hasta alcanzar el premio de la victoria! Pronto seremos llevados a la Gloria celestial, donde jamás habrá un forcejeo en la Puerta.

Con armas de Justicia a diestra y a siniestra,
Soy tu servidor,

Eliseo Rodríguez
Pastor, Iglesia E. Monte de Sion.

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