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HIJOS DE DIOS SENCILLOS

HIJOS DE DIOS SENCILLOS

Estamos relacionados en forma constante con la frase hijos de Dios, porque ella es la expresión de nuestra experiencia como salvados. ¡Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios! (1 Jn 3:1). Aun nuestra comunicación con el Creador tiene insertada la palabra Padre al principio de nuestras invocaciones. Así fue como Jesús enseñó a sus discípulos que debían decir al comenzar su oración: Padre nuestro que estas en los cielos… (Mt 6:9). Por tanto, hoy me propongo hablarles sobre un atributo que está relacionado con nuestra identidad como hijos, la sencillez.
 
Cuando el apóstol Pablo le escribió a la iglesia de los Filipenses, no dejó de mencionar, dentro de otras virtudes de los creyentes, la sencillez. Así les pidió: … para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo (Fil 2:15). Si ser sencillo fuera una condición que se le pidiese a un escritor, él identificaría el reclamo como que el estilo de su lenguaje al escribir debe ser claro y natural, sin artículos retóricos, de tal modo que haga claramente comprensible lo que quiere comunicar. Si la promesa del profesor a los estudiantes es que el próximo examen será sencillo, los alumnos comprenderán que la prueba vendrá sin muchas dificultades y complicaciones. Si lo que se quiere describir con sencillo es el atuendo sobre el cuerpo, lo que se entenderá es que éste no será con deslumbrante lujo, ni adornos excesivos. Si un disco musical califica como sencillo, es porque su contenido es relativamente pequeño y de corta duración, que contiene generalmente una o dos canciones.  
 
Al tomar estos ejemplosestamos mejor preparados para entender qué nos quiere decir Dios en su Palabra al pedirnos que seamos sencillos. Veamos:
 
Primero, ser sencillos está relacionado con la pureza del corazón. El contexto del mismo versículo donde Pablo menciona esta necesaria virtud de los cristianos, muestra que esa sencillez debe ser parte del resplandor de los hijos de Dios que viven en medio de una generación maligna y perversa… Parece que el sentido más fuerte que está en la mente del escritor al hablar de la sencillez, es la pureza. Pablo rodea la palabra sencillo con dos términos fuertes acerca de la santidad: irreprensibles y sin mancha. Los ojos de Dios miran a esta generación como una progenie manchada, que se ha mezclado impíamente con malignidad y perversión. En medio, están los hijos de Dios, que desafían la cultura pagana parecida a la del tiempo del diluvio (Gn 6:5), y que tienen una propuesta distinta. Ellos, cual Daniel, proponen en su corazón no contaminarse… (Dn 1:8). A uno solo aman con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, al Señor su Dios (Lc 10:27). Cuando eso hacen, están en obediencia al reclamo del Espíritu Santo de ser sencillos. Estos son los que no aman al mundo ni las cosas que están en el mundo. El amor del Padre está en hijos como ellos (Ver 1 Jn 2:15).
 
En segundo lugar, el ser sencillos nos ayuda a cumplir efectivamente el llamado de Cristo al campo misionero. Los hijos de Dios tienen una misión evangelizadora dentro de este mundo leudado de malicia. Por eso, cuando Cristo envió sus discípulos a hacer la obra del ministerio, les dijo: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas (Mt 10:16). Cristo da a entender que la prudencia y la sencillez son armas efectivas de los obreros de la fe, que de alguna manera les defenderán cuando sean agraviados por hombres feroces que irracionalmente odian el Evangelio de Cristo. Los obreros del Señor que han soportado persecuciones terribles, saben que a veces han tenido que actuar con la prudencia de una serpiente, aunque tengan un corazón sencillo como el de una paloma. El apóstol Pablo nos sirve de ejemplo práctico sobre cómo la astucia en él se manifestaba a la par de su sencillez. Cuando, preso por la causa de Cristo, fue presentado ante el rey Agripa y Berenice, los cuales vinieron al tribunal con mucha pompa, Pablo le dijo al rey que se defendería delante de él, y eso hizo en su discurso, con la prudencia que reclamaba el ser su propio abogado. Pero al final, trató al rey con toda sencillez, pues sabía que, dentro de aquel atuendo ostentoso, había un alma que necesitaba salvación. Así que le presentó la fe al rey con una sencilla pregunta: ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Y de inmediato le aseveró: Yo sé que crees. El rey se sintió tan aludido que le dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano (Ver Hch 26:1-28). La palabra del Evangelio dicha con prudencia y sencillez, puede traer convicción de pecado al espíritu y convertir el alma del más empedernido pecador.
 
Por último, el ser sencillos nos ayudará a mantener la comunión con el cuerpo de Cristo. Los primeros cristianos tenían la característica de ser hermanos sencillos. Lucas da testimonio que ellos, hasta comían juntos con alegría y sencillez de corazón (Hch 2:46). En el trato entre los hermanos de la fe, se necesita que seamos sencillos. Debe haber absoluta benignidad, transparencia, sinceridad plena. Ello es la plataforma desde donde se erige el perdón. Por lo cual …si alguno tuviere queja contra otro, de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (Ver Col 3:13). Además, nunca un saludo afectuoso debe ser el producto de haberlo aprendido a hacer, sino la consecuencia de un corazón limpio, pues la Palabra dice que es de ahí que nace el amor (1 Ti 1:5). La radiografía divina al corazón de Caín arrojó un resultado fatal: Su corazón estaba dañado por el Maligno, por tanto, sus obras eran malas y sus manos se mancharon con la sangre de su hermano justo. Por eso, cuando el Nuevo Testamento nos recuerda el mensaje de amor mutuo que hemos oído desde el principio, a la vez, nos advierte: No como Caín… (1 Jn 3:11,12).
 
Al concluir este tratado sobre la sencillez propia de los hijos de Dios, ningún ejemplo me sirve mejor que el que usó Jesús para hablarnos de aquello que no tiene doblez, el carácter de un niño. A los que eran sencillos como niños, fue a quienes al Padre agradó revelar las cosas del reino, las mismas que escondió de los complicados sabios y de los difíciles entendidos que no tenían fe (Mt 11:25). Cristo dio a entender también, que la puerta del cielo tiene la dimensión del corazón sencillo de un niño, y por eso expresó: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Y Jesús dijo que la verdadera grandeza está en humillarse como un niño (Mt 18:3,4). Además, Dios mismo se ha comprometido en hacer sabio al sencillo, y también en guardar a los sencillos (Sal 19:7; 116:6).  
 
¡Que este llamado de Dios a ser sencillos, nos haga renunciar para siempre a la imitación de lo pomposo y de toda postura que evidencie las manchas de la vanagloria terrenal! Para que seamos irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecemos como luminares en el mundo.
 
Con sencillez,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Vuestro servidor
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