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“HOMELESS”, AUNQUE TIENEN HOGAR

“HOMELESS”, AUNQUE TIENEN HOGAR

En el mundo hay muchos de estos. ¿Quiénes son y a qué nos referimos? Para ayudar a entender a todos, es necesario interpretar “homeless”. Esta palabra en ingles, que se pronunciaría más o menos “jómles”, identifica a los que han perdido su casa, no tienen un techo donde cobijarse, y viven como desamparados, sobreviviendo por el beneficio de la caridad pública. La mayoría de ellos tuvieron un hogar, pero por disímiles razones, lo perdieron. Muchos de ellos no tienen ningún tipo de conocimiento sobre aquellos que una vez fueron sus seres queridos. Y aunque hay programas en los países para ayudarlos, el futuro de miles de ellos se oscurece, porque tantos están cautivos por ataduras espirituales, de las cuales por sí mismos no se pudieran soltar. Nuestra preciosa congregación ha hecho varios programas de ayuda directa a este tipo de desafortunados, llevando las buenas nuevas de salvación, unido a la ayuda material de alimentos, frazadas o cobijas, ropas y distintos atuendos para aliviar esa pena tan atroz.

Pero dentro de ese mundo de personas sin hogar, están los que consideramos en peor situación: Son aquellos que sí tienen una familia, pero debido a un pecado específico de mucha gravedad, rompieron los patrones de la convivencia entre sus seres queridos. Ahora, en muchos casos, las mismas leyes del país, los hacen vivir fuera de la sociedad, para evitar peligros mayores. Son homeless, aunque tienen un hogar.

Cristo contó la historia de un “homeless” que tenía hogar, pero lo abandonó, dando culto al egoísmo, al desenfrenado apetito de la carne, y a la deslumbrante falsa promesa de ganar el mundo a través del dinero y de los placeres temporales. En esa situación, su padre lo consideró perdido, lo estimó como muerto. Es que no se sabía nada de su derrotero. En la casa abandonada por el joven, todavía había pan, riquezas, trabajadores bien pagados, y sobre todo, había familia, había amor. Un inspirado himnólogo de la antigüedad dijo: “No hay sitio bajo el cielo, más dulce que el hogar”. Pero Cristo terminó la historia, diciendo que aquel joven volvió en sí, y regresó a su propio hogar, y hubo fiesta porque el joven perdido había sido hallado y el que se pensaba muerto, revivió (Ver Lc. 15:11-32).

Nada ilustra mejor la situación de la humanidad, que esta historia que narró Jesús. Alguien dijo así: “Señor, tú hiciste el alma para ti, y esta no halla reposo hasta que vuelve a ti”. Dios hizo al hombre para sí en el principio, le dio, un hogar, el Edén, le dio una familia, lo colmó de autoridad, le dio espíritu sabio, y le permitió el honor inenarrable de tener comunión con Él. Pero el Enemigo con su astucia lo engañó y literalmente Adán perdió su hogar, fue destituido, no solamente de su casa en Edén, sino de la gloria de Dios (Ver Gn. 3). Por el pecado de aquella primera pareja, heredamos la desgracia de nacer fuera del Hogar del Padre celestial (Comp. Ro. 5:12-21). Pero la buena noticia es que debido al sacrificio hecho por Cristo en la cruz, podemos regresar al Hogar, ser perdonados, justificados y reconciliados con el Padre. Entonces, el Espíritu Santo inserta al salvado a la familia de Dios, a la iglesia (Ver 1 Co. 12:13).

Quienes ya tenemos el privilegio de vivir a salvo en la Casa del Padre, y tener una linda familia de hermanos de la fe, debemos ir a avisar a los homeless espirituales de nuestros días, que en Cristo no solamente hay salvación, gracia y perdón, sino un Hogar, una Familia de fe, una hermandad de los nacidos de nuevo. Así como el Salvador vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10), Él quiere que su iglesia sea un Hogar de rescate de quienes ahora mismo están sufriendo el frio de la muerte espiritual. Aseguremos que haya pan de vida en la iglesia, el verdadero y bien cocinado alimento de la Palabra de Dios. ¡Seamos misericordiosos para con los que van llegando de las gélidas celdas del pecado! ¡Gocémonos junto con los ángeles cuando un pecador se arrepiente! (Lc. 15:10).

Y tú, hermano cristiano, que tienes un buen Hogar, que tienes una linda Iglesia donde guarecerte de la frialdad espiritual, aprecia lo que tienes, honra a los que te ayudan a crecer espiritualmente, y reconoce en tu corazón que eres bienaventurado por ello. No te alejes del Hogar, se ferviente en congregarte y vive agradecido por lo mucho que Dios te ha dado.

Ruego con amor sincero, a todos los santos que reciben este Eco Pastoral, que al leerlo, determinemos juntos hacer lo que podamos por traer este mismo fin de semana aunque sea a un alma perdida, a los pies del Padre de la Casa, a los pies del Señor. ¡Hay muchos homeless que tienen hogar!

Listo para encontrarnos juntos en el Hogar de Dios este fin de Semana,
Soy vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
Miami, Fl. USA.

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