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JUSTIFICADA DESOBEDIENCIA

JUSTIFICADA DESOBEDIENCIA

A veces el requerimiento a la obediencia viene en forma de un mandamiento preciso y directo; por ejemplo: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón… ” (Dt. 6:5). Pero en otras ocasiones, la demanda celestial tiene la forma de una recomendación. Hoy queremos ver por la Palabra, una variante sobresaliente en la ley sobre mandamiento y obediencia.

Primero miremos el relato sagrado: En el Capitulo 1 de Marcos, Jesús hace uno de sus milagros atípicos, un tanto diferente a los estándares. Un leproso se postra ante él y le ruega así por su salud: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús, teniendo misericordia de él, y pasando por encima de las leyes rituales, lo tocó y le dijo: “Quiero, se limpio… Al instante la lepra se fue de aquel y quedó limpio” (Ver Mr. 1:40-45).

Entonces, viene el mandamiento de Jesús, “Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos”. Jesús estaba iniciando su ministerio, y necesitaba aun seguir predicando públicamente, sin que el testimonio de su poder, produjera prematuramente su apresamiento por parte de sus detractores.

Pero el leproso sanado, no pudo obedecer el mandamiento de limitar solo a una persona la evidencia de su milagro. Así que, desobedeciendo la recomendación circunstancial del Señor, no solo lo dijo a algunos, sino que: “… comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho… ”. Su experiencia personal con Jesús, hizo de su propia vida, una casa publicitaria, una agencia de divulgación del poder Salvador de Jesús. Fue tan fuerte la influencia causada por la divulgación de su testimonio, que la ciudad completa se enteró de que antes él había sido un leproso destinado a morir en destierro, y que Jesús lo había devuelto sano a la sociedad. ¡Qué maravilla! La ciudad que antes lo había expulsado de sus limites por leproso, ahora tuvo que oírlo testificar con vehemencia acerca de Jesús.

Esta es la lección: Cristo no sancionó al ex leproso por publicar sus maravillas, aun cuando el sanado obró contrario a la recomendación entregada por el sanador. Porque cuando alguien ha experimentado a Cristo como Salvador, Señor, sanador, cuando ha tenido un encuentro con Jesús, habitualmente se convierte en un publicador de sus bondades. Por eso Pedro y Juan le dijeron al Concilio, cuando este les quería sujetar a obedecer la orden de no predicar más en Nombre de Jesús: “No podemos dejar de decir, lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20).

¿Alguna vez, has sido confrontado con el mandamiento de callar y no hablar del bien de Jesús? Si en verdad Cristo ha tocado tu vida y Su Palabra está en tu corazón, tendrás también que practicar una Justificada Desobediencia. En tal caso tienes que decir como dijo quien vio tres veces a Cristo resucitado, esto es Pablo: “… ¡ay de mí si no anunciare el Evangelio!” (1 Co. 9:16). Si Cristo le prohibió a un hombre sanado decir públicamente su milagro, y aun así el hombre no pudo callar, ¿cómo podremos nosotros que hemos sido comisionado para predicar, dejar que las almas se sigan perdiendo eternamente sin proclamarles salvación?

Conclusión: Cristo no solo nos ha tocado y hablado; él también vive en nosotros y nos ha delegado la honrosa labor de publicar salvación, de divulgar su Evangelio. Por tanto, tomando como testimonio la acción del leproso sanado, llenemos también nuestras ciudades de la Palabra. El testimonio de la cruz puede rescatar a los que van rumbo al Infierno eterno, y colocarlos en el Camino que los lleva al cielo. No olvidemos, “¡Cuán hermososson los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Ro. 10:15).

Con mis hombros cargados de esta responsabilidad, y llamándolos a todos a sembrar la buena semilla de la fe en todo tiempo y en todo lugar,

Soy vuestro servidor en Cristo,

Eliseo Rodríguez.
Pastor de Iglesia E. Monte de Sion.
Miami. Fl. USA.

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