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LA Inflación DE LAS VICTORIAS

LA Inflación DE LAS VICTORIAS

Las conquistas de David nos sirven de ejemplo para medir nuestras victorias. En 2 Samuel 23:8-23 están sus valientes, y sus triunfos más hazañosos. Mire estos cuatro ejemplos:

1.     Eleazar hirió a los filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Por él, Jehová dio una gran victoria. (vv. 9, 10).

2.     Sama. Los filisteos se habían reunido en Lehí, donde había un pequeño terreno de lentejas. Pero él  se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos, y el Señor dio una gran victoria (vv. 11, 12).

3.     Mientras los filisteos tenían una guarnición en Belén, tres de los treinta valientes,  oyeron cuando David dijo:  ¡Quien me diera a beber del agua del pozo de Belén … ! Aquellos tres, irrumpieron en el campamento enemigo, y sacaron agua del pozo y la trajeron a David (vv. 13-16).

4.     Benaía, mató a dos leones de Moab. Además, él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso, cuando estaba nevando. Él mató a un Egipcio de gran estatura, contra quien descendió armado solamente con un palo, le arrebató la lanza que tenía en su mano, y lo mató con ella misma. Entonces, David lo hizo jefe de su guardia personal (vv. 20-23).

Estos valerosos no solo gastaron espadas, cántaros, lanzas y palos; también sus victorias costaron osadía, riesgos físicos, coraje, perseverancia, lealtad, amor.

Nuestra lucha hoy no es contra sangre y carne. Aunque veamos enemigos físicos frente a nosotros, ellos son movidos por Satanás (Ver 2 Co. 2:11; Ef. 6:10-18). En esta dispensación, las victorias han subido de precio. Para que nosotros pudiésemos ser más que vencedores, Cristo pagó el más alto costo de todos, a saber, su muerte expiatoria en la cruz (1 P. 1:18-19). No pudiésemos participar de Su triunfo, usando armas carnales. Pedro usó un instrumento físico para luchar contra “la potestad de las tinieblas” y Jesús, lo reprendió por ello (Mt. 26:50-52; Lc. 22:53). Debemos pelear con armas de justicia a diestra y a siniestra (2 Co. 6:7), las que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2 Co. 10:4).

En las Siete Cartas de Cristo a las Iglesias, encontramos el gran desafío, para que lleguemos a ser vencedores. Mire cómo suben los precios de esas victorias:

·      Éfeso tenía que arrepentirse y volverse a su primer amor. El arrepentimiento para con Dios y el amor sincero a Cristo, son armas caras, pero garantizan el ganar victorias (Ver Ap. 2:4-5).

·      Esmirna tenía que perder el temor al padecimiento, aceptar las pruebas, y perseverar en fidelidad hasta la muerte. El valor ante el ataque del Enemigo, y en tal caso, una decisión a batallar, como la de Ester, son costos muy altos, pero endosan genuinamente ser vencedores (Ap. 2:10; Est. 4:16).

·      Pérgamo tenía que regresar a la sana doctrina, y retener la fe de Cristo, aun cuando hubiese amenazas de muerte por ello. El guardar con valor la pureza de la verdad cristiana, es un costo sumamente alto, pero es tan filoso, que libera a los esclavos del pecado y sujeta la armadura de nuestra fe (Ver  Ap. 2:13-15; Jn. 8:32; Ef. 6:14).

·      Tiatira debía alejarse de una doctrina, en donde los desórdenes sexuales no eran vistos como pecado, y las leyes divinas eran irrespetadas. Debía retener los tesoros espirituales en Cristo, con la expectativa de la venida del Señor. La postura intolerante frente a la inmoralidad y la retención de la Palabra fiel, son armas muy costosas, pero su uso en Cristo garantizan que seamos vencedores para el día final (Ver Ap. 2:20-25; Tit. 1:9).

·      Sardis debía despertarse de su sueño, y no dejar morir las virtudes de la fe que estaban amenazadas. Debía retornar al principio y retomar con arrepentimiento la santidad. El Velar espiritualmente en oración y el celo por no ser manchados por el pecado, son armas cuyo precio están en inflación, pero son más efectivas que las armas físicas de Sama (Ver Ap. 3:2-4).

·      Filadelfia debía continuar guardando la palabra de la paciencia de Cristo, retener Su Nombre y los valores de la fe que habían cultivado. ¿No eran estos precios más altos que los que pagó Benaía en el foso? Si, pero garantizan que nadie tome nuestra corona (Ver Ap. 3:10, 11).

·      Laodicea debía rectificar su temperatura espiritual, poner en orden sus prioridades, reconocer su miseria, y volver a hacer sensibles sus ojos y oídos a la presencia y a la voz del Señor. Este era el costo mayor, porque se trata de una restauración de las peores ruinas, en cuanto a la fe. Pero si en Cristo lo podían sufragar, podían también lograr la victoria más cotizada: sentarse en la mesa de la comunión íntima con el Señor Jesús (Ver Ap. 3:15-20).

Amados, nuestros días son peores que los de David. Son “… tiempos peligrosos” (2 Ti. 3:1). Ser vencedores hoy se logra en contra de la corriente caudalosa de una maldad multiplicada (Mt. 24:12). Esto es, en parte, lo que causa tanta inflación en los precios de las victorias. Mientras más grandes sean las conquistas, más altos son los costos. Pero a cada una de las iglesias, se le da la posibilidad de vencer.  ¡Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús! (2 Ti. 2:1). ¡Que podamos decir con Pablo, quien después de citar los altos costos por su fe, expresó: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8).

 Confiado de que el Señor de los Ejércitos nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús,

Soy tu servidor en el campo del fragor,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion,
Miami, Fl. USA.

LA PROMESA DIVINA PARA SU PUEBLO CONGREGADO ESTE FIN DE SEMANA:

“Jehová bendecirá a su pueblo con paz” (Sal. 29:11).

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