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LA SOBREABUNDANCIA DE NUESTRO DADOR

LA SOBREABUNDANCIA DE NUESTRO DADOR

¡Qué grande fue lo ocurrido a Salomón una noche en Gabaón! Lo leemos de 1. Reyes Capítulo 3. Miremos algunos ángulos de esta historia:

Primero, el suceso y el ambiente espiritual que rodeó la experiencia. Salomón amaba a Dios, y ahora se encontraba en Gabaón, ofreciendo a Dios sus acostumbrados sacrificios, tantos como mil holocaustos (vv. 3 y 4). Ocupado allí en ello, Dios le apareció en sueños para decirle: “Pide lo que quieras que yo te dé”. Al escuchar la oferta, Salomón reaccionó solicitando solo esto: “Da, pues, a tu siervo, corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo… ”. Dios se agradó de su petición y le dijo: “He aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú” (v. 12).

En segundo lugar, observamos la sobreabundancia de Dios a la hora de responder nuestras peticiones. Él “… es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos y entendemos” (Ef. 3:20). Después de entregar a Salomón abundante sabiduría, discernimiento, prudencia, entendimiento y anchura de corazón, Dios fue mucho más allá: “… aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días” (v. 13). Los tiempos que siguieron a este sueño, revelaron el cumplimiento fiel de esta promesa. A partir de aquella noche, Salomón tuvo sabiduría excepcional. Lo primero sabio que hizo después de salir de Gabaón, fue ir a Jerusalén para adorar, y comenzar a tratar bien a sus servidores (v. 15). Dios lo colmó a tal manera de entendimiento, que de todas partes de la tierra venían para ver su rostro y oír su sabiduría (Ver 1 R. 4:34). Además, fue cierto que Dios lo bendigo singularmente con bienes materiales y riquezas (Ver 1 R. 4).

Finalmente, debemos aprender de esta historia, algunas lecciones:

a) Necesitamos cultivar diariamente una vida de adoración, de alabanza, de acciones de gracias, de “sacrificios espirituales aceptables a Dios, por medio de Jesucristo” (1 P. 2:5). Sin apartarnos con Dios a solas cada día para adorar, no habría expectativas de ver lo mejor de él en nuestro caminar. La vida cristiana real no es solo fe en el corazón, es devoción práctica, además.

b) Debemos, además, admitir que. “ … pedir como conviene, no sabemos” (Ro. 8:26). Muchas veces, humanamente no sabemos que fuera mejor para nosotros. En el relato de hoy, Salomón pidió sabiduría, pero no lo hizo sensorialmente. No lo hizo motivado por sus cinco sentidos. Estos estaban anestesiados por el sueño. Dios mismo lo estaba guiando en su petición. Debemos pedir al Espíritu Santo que nos revele de antemano la voluntad de Dios, para que nuestras peticiones cumplan este requisito obvio de su respuesta según 1 Jn. 5:14-15.

c) En el primer trato de Dios con relación a nuestras peticiones, se evidencia que Él responde con exactitud cuando nuestras peticiones son precisas. Salomón pidió a Dios corazón entendido, y Dios le dio exactamente eso. Cuando Bartimeo clamaba: “Hijo de David, ten misericordia de mi”, Cristo le pidió que precisara su petición: “¿Qué quieres que te haga?”. Entonces Bartimeo fue especifico: “Señor, que recobre la vista”. La respuesta del Salvador fue entonces, conforme a eso: “Vete, tu fe te ha salvado”. Y enseguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino (Ver Mr. 10:46-52).

d) Otra condición para recibir la sobreabundancia de Dios es esta: Que no pidamos al Señor las cosas que no son exactamente aquello por lo que Él nos ha enseñado o indicado rogar. A Dios lo satisfizo, que Salomón se cohibiera de pedir algunas cosas. Así le dijo el Dador: “… no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos… ” (v. 11). A Dios no le agradan aquellas peticiones en que nosotros mismos somos el centro. Salomón pidió ciertamente, que a él le fuera dada sabiduría, pero no la pidió centrado en el beneficio propio, sino para el beneficio de los intereses de Dios: “… Tu siervo está en medio detu pueblo al cual tú escogiste… Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo ” (vv. 8, 9). (Cursivas del autor). La misma cohibición de aquel rey al pedir, fue incentivo para la sobreabundancia divina al responder con otras tantas bendiciones por las que tampoco había orado.

e) Finalmente esta enseñanza: Cuando Dios nos da conforme a su sobreabundancia, él lo hace para que seamos atraídos a su magnifica presencia, y vengamos con una actitud de gratitud frente a su trono majestuoso. Antes y después de ser tan sabio y tan exitoso, Salomón mostró pruebas de ser un adorador. Pero también, es deber del que recibe esa desbordada bendición, no sentirse mejor que los demás, sino humildemente poderse sentar con sus consiervos y tener comunión con ellos, considerando todavía a los demás como superiores a él mismo (Ver Flp. 2:3).

Seamos diligentes en buscar la dirección del Espíritu al orar, precisos en nuestras peticiones, y nunca centrados en nosotros sino en la gloria de Dios. Entonces, nos quedaremos siempre asombrados de
La sobreabundancia de nuestro Dador.

Seguro de que te ocurrirán milagros de parte de un Dios como este,

Soy contigo un creyente orante, de rodillas para dar a Dios la gloria por todas sus bondades.

En Él,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion. Miami. Fl.

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