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Las Dos Puertas Visibles De Una Cárcel Invisible

Las dos puertas visibles de una cárcel invisible

Hay una prisión muy popular que está robando la libertad a millones. Parece incómodo tratar sobre ella en los púlpitos de nuestras congregaciones, sobre todo por la mixtura de edades allí presentes. Pero hoy lo haremos aquí, intentando arrojar luz en este oscuro presidio de pecado, y mostrar que hay esperanza en el bendito Evangelio de Jesucristo. Nos referimos a la cárcel de la pornografía. 
 
Primero, identifiquemos internamente esta cárcel. Jesús dijo: “… todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8:34). Satanás es el esclavizador. Jesús habló de una mujer a quien Satanás había atado dieciocho años (Lc. 13:16). La práctica y consumo de la pornografía es pecado. Lo sabemos porque la Biblia menciona la codicia como pecado y nos prohíbe su práctica (Ex. 20:17). Jesús dijo: “El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mt. 5:28). Pedro pone en evidencia a los que tienen los ojos llenos de adulterio (2 P. 2:14). Hay estrecha relación entre lo que miramos y la cantidad de luz o de tinieblas que está dentro de nuestro corazón (Ver Lc. 11:34-36).
 
Dentro de esa cárcel no se puede participar del Pan de Vida que es Cristo (Ver Jn. 6:35), porque el pecado está relacionado con la muerte (Ver Ro. 6:23). Dentro de esa cárcel, se pierde la comunión con Dios, porque la amistad del mundo, es enemistad contra Dios, así que el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Stg. 4:4). Además, dentro de esa cárcel, se es vulnerable a una intensa actividad demoniaca. El alma de los que participan para mirar, entra en comunión con el alma de los que ofrecen su desnudez, y no ignoramos que algunos de estos últimos, pueden ser miembros activos de instituciones satánicas y ocultistas de las que no tenemos ni siquiera alguna idea. En ese intercambio de oferta y demanda, y en el abrir conscientemente la mente a esos servicios de maldad, se contrae un peligro que puede ser fatal eternamente. Esta cárcel es invisible porque no se ven físicamente barrotes, puertas y cerrojos, y porque está diseñada para esclavizar el alma. Pero es una prisión de maldad (Ver Hch. 8:23).
 
Ahora conozcamos la primera puerta visible, la puerta de entrada. Esta puerta no es exclusiva para quienes carecen de fe, sino que también hijos de Dios corren el peligro de entrar, si descuidan establecer límites claros, conforme a Dios. Esta puerta tiene sus goznes en el entretenimiento, pues la pornografía pertenece a una de las áreas más profundas de esta vana mercancía. El propósito oculto es desviar la mirada del alma sobre su verdadera necesidad, que es obtener el perdón y la redención de nuestro pecado congénito (Ver Ro. 3:23). Si un cristiano accede a sitios de este tipo, Satanás lo está entreteniendo para desenfocarlo de la necesidad de buscar la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Ver He. 12:14). 
 
La otra marca que tiene esta primera puerta, es la del engaño. Al entrar, la mente queda desprovista de la verdadera sabiduría; los sentidos espirituales se cierran por “el engaño del pecado” (Ver He. 3:13; 2 Co. 11:3). Salomón describió así el engaño que una ramera causó a un joven insensato: “Al punto se marchó tras ella, como va el buey al degolladero, como el necio a las prisiones para ser castigado; como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón (Prov. 7:22-23). El pecado es una siembra de muerte; por tanto, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gl. 6:7). La Biblia dice: “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ec. 12:14).
En esta primera puerta hay también otra marca; se llama, errar el blanco. Al acceder, un cristiano se hace ignorante respecto al potencial que Dios le ha dado, para vivir ganando almas para Cristo. Pero en lugar de aprovechar ese potencial en beneficio eterno de miles, está consumiendo muerte para sí mismo y dañando su entorno familiar y a su generación. No estamos diseñados para vivir para nosotros mismos, sino para Dios, e invertir nuestra vida en el trabajo de su preciosa viña (Ver Ro. 14:8).
Pero, hay esperanza. La cárcel invisible, tiene una salida, es la Puerta Principal. Es cierto que el diablo “.. a sus presos nunca abrió la cárcel” (Isa. 14:17), pero lo es también que “… si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36). Él dice: “Yo tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Ap. 1:18).  Él vino “… para proclamar libertad a los cautivos” (Lc. 4:18). Él dijo: Yo soy Puerta” (Jn. 10:9), la puerta de entrada a la Salvación. Esta puerta es visible porque por doquier se lee y se oye el mensaje salvífico de Jesucristo. 
Para salir de la oscura cárcel de la pornografía hay que confesar esa práctica como pecado, hay que creer que solamente Cristo puede libertar de ello. Hay que clamar. Dios le dijo a Israel que si le fallaban, serían llevados cautivos, pero les prometió: “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás  (Dt. 4:29). Hay que clamar, diciendo como Pedro: “Señor, sálvame que perezco”. Entonces, Su gracia vendrá, y romperá esa cadena invisible, y el creyente será libre para vivir como siervo de Dios (Cf. Ro. 6:22). Por último, esta exhortación: “Haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado” (He. 12:13). Esto equivale a “… que con propósito de corazón, permaneciesen fieles al Señor” (Hch. 11:23). Y es confirmado aquí: “… apártese de iniquidad todo aquel que invoca el Nombre de Cristo  (2 Ti. 2:19). Lo anterior muestra que se debe tomar una postura intransigente para no volver a caer preso de estos vicios, y velar por ello con temor de Dios.
La mejor manera de invertir la vida, es negarnos a invertir el tiempo en lo que no produce buen fruto, y trazar la meta de invertir la existencia, en lo que perdura por la eternidad.
Con un canto cristiano de esperanza,
Tu servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
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