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LENGUAJE REALISTA Y VICTORIOSO DEL EQUILIBRIO CRISTIANO

LENGUAJE REALISTA Y VICTORIOSO DEL EQUILIBRIO CRISTIANO

El pasado sábado, 2 de Agosto, me fue necesario estar en las Cataratas del Niágara, porque muy cerca de allí está el puente que me quedaba más cercano para atravesar la frontera hacia Canadá, donde tenía que ministrar la Palabra al día siguiente. Mientras una vez más absorto, observaba la fuerza y estruendo de la caída y corriente del agua, a mi mente venía clara la imagen de algunas veces cuando valientes equilibristas han cruzado caminando sobre un cable por encima de ese abismo de unos 150 pies de altura. Recientemente un hazañoso lo hizo sin tener protección alguna debajo de sus pies, arriesgando su vida, si acaso perdía el equilibrio. Finalmente, ante la mirada insólita del público, lo logró, sin caer. Cuando estudiamos la Biblia se nos muestra en ella a un Dios equilibrado, y también notamos, que el Espíritu Santo produce esa virtud en el creyente.

Dios ha equilibrado los peligros, batallas y pruebas a las cuales tenemos que enfrentarnos mientras estamos en este mundo. El cruce por el camino al cielo es seguro si podemos aprender a equilibrar nuestro andar. A veces nos parece que “no escampa” respecto a los sufrimientos, a las desilusiones, a los desencantos que esta vida aquí nos presenta. En tales circunstancias, los cristianos tenemos de Cristo el ejemplo mayor de sufrimiento. Él es el “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isa. 53:3). A la par nos llega el testimonio de los cristianos de los primeros siglos de la Iglesia: El apóstol Pedro escribió esto a los hermanos de aquellos tiempos: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 P. 4:12). A la iglesia de Esmirna, Cristo le dijo: “Tendréis tribulación por diez días” (Ap. 2:10).

Ante esta evidencia irrefutable y experimental, necesitamos un equilibrio. Pero es innegable, que el lenguaje conque la Biblia habla de ese equilibrio, es tan realista como victorioso.
Es realista porque nos avisa: “Muchas son las aflicciones del justo”. Pero es victorioso porque asegura: “Pero de todas ellas le librará Jehová” (Ver Sal. 34:19).
Es realista porque admite frente al enemigo: “Me empujaste con violencia para que cayera”. Pero es victorioso porque testifica: “Pero me ayudó Jehová” (Sal. 118:13).
Es realista porque nos dice: “En el mundo tendréis aflicción”. Pero es victorioso porque entonces Cristo nos dice: “Mas confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33).
En 2. Corintios 4:7-11, el apóstol Pablo igualmente se hace eco de este equilibrio, admitiendo que,
Realmente estamos “atribulados en todo”. ¡Pero qué victoria! “… no angustiados”.
Realmente estamos “en apuros”, pero con esta victoria: “… no desesperados”.
Realmente estamos “perseguidos”, pero el lenguaje sigue siendo victorioso: “… no desamparados”.
Realmente estamos hasta “derribados”, pero con victoria podemos decir: “… no destruidos”.
Con un doble énfasis el Espíritu Santo nos recuerda que aunque es real que llevamos en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, es victorioso también el hecho de que entonces la vida de Jesús se manifiesta en nuestra carne mortal.

Amado (a), aférrate a la fe. Ella va a hacer falta siempre, pero en especial cuando realmente camines por un valle de sombra de muerte. En tal caso, equilibra tu andar en Cristo con la convicción victoriosa: “Señor,… tú estarás conmigo” (Ver Sal. 23:4). Equilibra tu andar en Cristo, sabiendo que irás andando y llorando mientras llevas la preciosa semilla, pero que volverás a venir con regocijo, trayendo tus gavillas (Ver Sal. 126:6).

¡Que Dios nos ayude a ser realistas en la prueba, pero victoriosos en saborear el cumplimiento fiel de sus promesas! Con ese sabor de la victoria te digo: “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Isa. 51:11). Todo no será dolor; habrá alivio. Todo no será esperanza, habrá cumplimiento. Todo no será preocupación; habrá paz interior. Todo no será batalla; habrá victoria. Todo no será muerte; habrá vida. Si es que en términos espirituales vas realmente hoy caminando como por un cable peligroso sobre el precipicio de las dudas, por favor, mantén tu equilibrio, mira hacia delante, mira a Cristo, porque casi estás a punto de poder contarlo como un relato de tu victoria. ¡Ten buen ánimo!
Equilibrado entre la realidad de la prueba y la victoria de Cristo,

Soy tu servidor,
Pst Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion, Miami.

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