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“MANJÚ”  QUE ALIMENTA ETERNAMENTE

“MANJÚ” QUE ALIMENTA ETERNAMENTE

Mientras Israel atravesaba el desierto en busca de la tierra prometida, Dios demostró ser el Shaddai, El Dios Todo Suficiente para las necesidades de su pueblo. Cuando el pueblo tuvo hambre, Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día… (Ex. 16:4 ss). Lo precioso es que aquel Maná prefiguraba, la provisión que Dios nos ha hecho en Cristo, para Salvación. Cristo dijo: “No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo… Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre… (Jn. 6:32, 33, 35).
 
He aquí algunas anotaciones:
 
1.    La raíz de la palabra Maná, es Manjú, que significa “¿Qué es?”. Esto se preguntaban todos de Cristo: “¿Quién es éste…?” (Mr. 4:41). Las grandes obras que Dios hace con su pueblo, deben despertar un interés en todos por responder la pregunta, ¿quién es este que hace tales maravillas? Esto ayuda a definir el cristianismo, no como una religión vacía, sino como una vivencia continua con la persona de Jesucristo.
 
2.    El Maná recibió su nombre una vez que había descendido del cielo. Nuestro Señor fue nombrado como “verdadero pan del cielo”, después de estar en este mundo (Jn. 6:32). Es después que participamos de Cristo que se nos nombra, “… linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 P. 2:9).
 
3.    El Maná llegaba hasta ellos en manera milagrosa todas las mañanas; Jesús nació en manera milagrosa, y como tal vivió en este mundo (Lc. 1:35). Él hace obras que ningún otro ha hecho (Jn. 15:24). Nuestro nuevo nacimiento en Cristo, es también un milagro extraordinario  obrado por el Espíritu Santo (Jn. 3:3-8).
 
4.    Cada una de las cuatro palabras que describen al Maná (Ex. 16:14, 31), nos ofrecen una dimensión especial de Cristo:
 
a)    Menudo o Pequeño: Es una indicación de su humildad, de la cual se nos dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Ver Mt. 11:29; Fil. 2:5-8).
b)   Redondo: Señala su deidad y eternidad. Era antes, y será después (Jn. 1:1-3). La piedad de Cristo sirve para esta vida presenta y para la venidera (Ver 1 Ti. 4:8). Al “comer” de Cristo, recibimos Su promesa: “Yo les doy vida eterna… ” (Ver Jn. 10:28). 
c)    Blanco: Indicativo de su pureza: “… nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca” (Is. 53:9). Aun los demonios conocían a Jesús como “el santo de Dios” (Mr. 1:24). El cristianismo es una relación con Dios, donde se tiene como fruto la santificación (Ver Ro. 6:22). La Iglesia debe predicar con vehemencia su mensaje de Santidad, en medio de tanta apostasía que nos rodea. “La Santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre” (Sal. 93:5).
d)    Dulce: Habla de la inmensa paz e indiscutible satisfacción que nuestra alma experimenta en él.  La Palabra le dice a los que hemos probado de Cristo: “Nada os falta… ” (1 Co. 1:7); “… estáis completos en él… ” (Col. 2:10).
 
5.    Así como el Maná debía ser molido, el Mesías sería “… molido por nuestros pecados… ” (Is. 53:5). El sufrimiento que soportó nuestro Señor fue del más intenso. En nuestro participar de Cristo, se nos enseña: “A vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Fil. 1:29). 
 
6.    El Maná debía ser cocinado (Ex.16:23). También Cristo sufriría el fuego de la ira de Dios. Nuestra buena relación con Dios, tuvo un precio: “El castigo de nuestra paz fue sobre él…” (Isa. 53:5). Al participar de Cristo, por tanto, “tengamos gratitud” (He. 12:28).
7.    Era breve el tiempo que el Maná permanecía en la tierra. Nuestro Salvador estuvo en este mundo solo unos treinta y tres años. Él dijo: “Por un poco está la luz entre vosotros… ” (Jn. 12:35). El énfasis de nuestro participar con Cristo no es terrenal, sino celestial. Aquí andamos como peregrinos, mas nuestra ciudadanía está en el cielo (Ver Fil. 3:20; 1 P. 2:11).
8.    Aquel dulce alimento se debía recoger cada mañana para la alimentación de cada día. La vida cristiana no es una profesión histórica; se vive diariamente, buscando con continuidad a Cristo mismo. La invitación a acercarnos a Dios es un presente continuo: “Acercándoos a él… ” (1 P. 2:4).
9.    Era responsabilidad de cada judío hacerse del Maná. Cada hombre que quiere el beneficio del Salvador, tiene que hacerlo personalmente. La salvación está al alcance de todos, pero si alguno la desprecia, será condenado por su propia decisión. No hay nadie en el infierno por culpa de Dios (Ver Jn. 3:16, 17).
10. Una porción de aquel maná debía ser guardada en una vasija delante de la presencia de Dios. Milagrosamente, esta porción guardada dentro del arca, no se corrompía. Ello representa la resurrección de nuestro Señor, sin haber visto corrupción, y su gloriosa ascensión al trono del Padre (Ver Sal. 16: 10; Mr. 16:1-20).  Los que recibimos a Cristo, no moriremos eternamente (Jn. 11:26).
 
Amados, debemos vivir a tal manera el Evangelio de Cristo, que demos lugar a la pregunta: ¿Manjú? O, sea, ¿Qué es?, o ¿Quién es? Y podamos decir: Es Cristo, nuestro pan de vida, que nos alimenta eternamente.
 
Orando que seamos fortalecidos en Él, y en el poder de Su fuerza,
 
Soy vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Evangélica Monte de Sion, Miami.
 
¡CRISTO NOS ESPERA EN SU CASA ESTE FIN DE SEMANA PARA NUTRIRNOS MÁS Y MÁS DE SU VIDA!  ¡ Invitemos a otros a venir también a Él!
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