skip to Main Content
Meditación Trascendental

Meditación Trascendental

Hay un tipo de meditación, que debe ser recriminada por la cristiandad. Pero hay otro, que requiere nuestra participación y que provee resultados realmente trascendentales. La meditación que recomienda Dios, se diferencia de la pagana. Esta última, intenta alcanzar un falso relajar de la mente, a través de lo que se conoce como pensamiento positivo, hipnosis, regresión y prácticas como el yoga y otras, que tienen carácter ocultista. Allí se invita al hombre a “mirar” dentro de sí mismo, en un intento peligroso por salirse de su realidad. Por eso, hoy les invito a conocer algunos aspectos interesantes de la verdadera meditación trascendental.

La meditación santa consiste en algo así como un descansar de nuestras mentes en la presencia de Dios, quien es fuente de permanente salud para todo el que viene a él. Sí, porque es a tal manera evidente que nuestras meditaciones están delante del Señor, que alguien le dijo así a Dios: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón, delante de ti… ” (Sal. 19:14). Esta manera de meditar es un presentarse ante Dios para esperar. Así lo dijo David: “Oh Dios… de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” (Sal. 5:3).

Isaac había salido a meditar al campo el mismo día que su esposa Rebeca era traída a su alcoba (Gn. 24:63). Muchos de los hombres de Dios practicaban este culto deleitoso.

La Palabra de Dios nos recomienda la meditación espiritual

1. Dios le dijo a Josué: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás en él… ” (Jos. 1:8). El objetivo ahí era meditar para guardar y hacer conforme a todo lo que estaba escrito en los Oráculos de Dios.
2. “Bienaventurado el varón que… en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Sal. 1:2). Aquí se establece un paralelo entre meditar y deleitarse espiritualmente.

Estos son los conceptos en los cuales se medita cuando somos hijos de Dios

1. Meditar en el Señor mismo: “Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti, en las vigilias de la noche” (Sal. 63:6). “Dulce será mi meditación en él. Yo me regocijaré en Jehová” (Sal. 104:34). Esta meditación centrada en el mismo Dios, renueva el amor profundo que cada hijo debe mostrar al Padre celestial.
2. Meditar en las obras divinas: “Meditaré en todas tus obras” (Sal. 77:12). Esta meditación sustenta el testimonio de la presencia de Dios en la vida diaria de su pueblo.
3. Meditar en los mandamientos de Dios: “En tus mandamientos meditaré” (Sal. 119:15). Esta meditación aviva el carácter obediente que debe manifestar cada genuino discípulo de Cristo.
4. Meditar en las maravillas del Señor: “Detente y considera las maravillas de Dios” (Job. 37:14). “Hazme entender… para que medite en tus maravillas (Sal. 119:27). Esta meditación sirve de ánimo a la fe en un Dios que siempre nos deja admirados con sus portentos.
5. Meditar en la indescriptible gloria de la Majestad: “En la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos maravillosos, meditaré” (Sal. 145:5). Esta meditación alimenta la reverencia, al tener en cuenta a un Dios que habita en luz inaccesible, y que es fuego consumidor (Ver 1 Ti. 6:16; He. 12:29).

Pero quizás el extracto más completo de aquello en que debemos meditar, está aquí: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8).

Al obedecer estas recomendaciones celestiales, nos percatamos que:

Hay provechos trascendentales cuando meditamos a la manera de Dios

1. En el mismo consejo divino a Josué, a meditar, está escrita la recompensa: “Porque entonces, harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8).
2. El Salmo 1, promete al que medita así, que “será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará” (v. 3).
3. Cuando se medita ante Dios en silencio, el corazón aprende a temblar ante el pecado (Sal. 4:4).
4. Igualmente, meditar en la Palabra, produce entendimiento: “Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación” (Sal. 119:99).
5. Si nos deleitamos en el Señor, él promete concedernos las peticiones de nuestro corazón (Sal. 37:4).

Amados, nuestras mentes deben estar bajo el gobierno de Cristo, para poder disfrutar la vida cristiana victoriosa. Deliberadamente debemos llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (Ver 2 Co. 10:5). Es hora de orar con este sentido: “Señor, no quiero que mi mente divague trabajando solo alrededor de mi. Quiero, como Juan, recostarme cerca de ti (Ver Jn. 13:23, 25). Permíteme escalar a ese estilo de vida en el cual, tú has conquistado la mente y ya te conviertes en el centro de nuestros pensamientos. Dame el privilegio de tenerte como mi prioridad suprema, cuando entonces, todo gira alrededor de ti”. Amén. ¡Que Dios responda a tal manera esta oración, que nuestra mira no esté solamente en los provechos que se reciben al llevar nuestras mentes de continuo a Su presencia, sino en la delicia que significa en sí mismo admirar sosegadamente a Jesucristo!

Meditando en Él,

Vuestro servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

Back To Top