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MISIÓN A TERRITORIOS USURPADOS

MISIÓN A TERRITORIOS USURPADOS

Es una verdad irreversible que “de Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan” (Sal. 24:1). Mas, en cierta ocasión Dios preguntó a Satanás: “¿De dónde vienes…?”, y este le respondió: “De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1:7). El pecado original le abrió la puerta a este malévolo ser, para usurpar esta parte de la creación.  En Job capítulo 1, se nos revela que el diablo, al andar toda la tierra, 
 
1.     Observa odiosamente a los santos del Señor. Dios le preguntó: ¿No has considerado a mi siervo Job…? (v. 8).
2.     Puede tener una maligna percepción sobre el grado de fidelidad de los siervos de Dios: “… no hay otro como él en la tierra” (v. 8 b). 
3.     Sabe que Dios es recíproco con los que le temen: “¿Acaso teme Job a Dios de balde? (v. 9). 
4.     Ve el cerco protector de Dios sobre sus hijos: “¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? (v. 10).
5.     Se percata cuando Dios bendice el laborar de sus hijos: “Al trabajo de sus manos has dado bendición” (v. 10 b). 
 
Pero en todas las generaciones, el Señor ha enviado a sus siervos a poner sus pies y tomar posesión de los territorios que el Enemigo había usurpado. Te invito a ir conmigo, en busca de algunos testimonios:
 
Cuando Acab reinaba sobre Israel, un dios sidonio, Baal, había sido introducido por Jezabel, su esposa. La influencia de la idolatría había sido tan voraz, que el pueblo dudaba si debía seguir a Jehová o a Baal. Dios envió un juicio severo de sequía, para descaracterizar la fe en Baal, considerado el dios de la lluvia y de la fertilidad. Entonces, mandó al profeta Elías a invadir el territorio sidonio, cuando le dijo: “Levántate, vete a Sarepta de Sidón y mora allí”. Ahora, el profeta viviendo en tierra de tanta idolatría, fue usado allí por Dios para provisión milagrosa de aceite, de harina, y de vida (Ver (1 R. 17:8-24). De regreso, desafió en el Nombre del Dios de Israel a los profetas de Baal, y sobre el Monte Carmelo fue demostrado por milagro de fuego, que solo Jehová es Dios (Ver 1 R. 18:20-39). 
 
Cuando Cristo estaba en su ministerio terrenal, mandó distintos comandos misioneros a anunciar su reino en ciudades vecinas. Primero envió a sus doce discípulos. Este fue el manual de instrucción: “… yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Ver Mt. 10:5-8).  “Después… designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”. Los enviaba “… como corderos en medio de lobos” (v. 3). Esto les encomendó, al entrar en una casa: “… sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios”.  Al regresar, testificaron con gozo: “Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre”. Jesús les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”. (Ver Lc. 10:1-9; 17-19). 
 
Luego de su muerte y resurrección, envió a los once: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). Cristo en la cruz, había asestado una herida mortal a Satanás en la cabeza (Ver Gn. 3:15). “Y despojando a los principados y potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15). Así que el nombre en el cual vamos, es sobre todo nombre. En él, “… toda rodilla se doblará y toda lengua confesará, que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9-11). A los territorios usurpados, ahora van los mensajeros, “… con armas de justicia a diestra y a siniestra” (2 Co. 6:7). Son armas no carnales, sino “… poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Co. 10:4). Las usó efectivamente Pablo en Éfeso, una de las grandes fortalezas de la idolatría y la inmoralidad en Asia. Cuando predicó el Evangelio, “… muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos… Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor” (Hch. 19:19-20). 
 
El mismo Pablo tenía la misión de invadir con la Palabra de la cruz, todo territorio ocupado por el Enemigo. Esto testificó: “Desde Jerusalén, y por los alrededores, hasta Ilírico, todo lo he llenado del Evangelio de Cristo” (Ro. 15:19). Además, su equipo era también intranquilo respecto a cumplir la predicación, aunque a veces, en medio de gran oposición (Ver 1 Ts. 2:2). ¿Dónde hallamos a los colaboradores de Pablo?: “Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia” (2 Ti. 4:10). Le dice a Timoteo: “Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (v. 11). “A Tíquico lo envié a Éfeso” (v. 12). A Timoteo le manda pasar por Troas, en una encomienda ministerial (v. 13). “Erasto se quedó en Corinto” (v. 20). A Tito, Pablo lo había dejado en Creta para corregir errores y enseñar la verdad (Tit. 1:5). Allí ha de enviar también a Artemas y a Tíquico (Tit. 3:12). Cuando estos dos lleguen, esta fue la ruta dada a Tito: “apresúrate a venir a mí en Nicópolis” (3:12 b). Pablo tenía también propósito de ir a España a predicar el Evangelio, pero habría de pasar antes por Roma para ver a los hermanos (Ro. 15:24). 
 
Ahora, el precioso trabajo de plantar la semilla de la fe en todo el mundo, no lo estaremos haciendo sin amparo. Estas promesas divinas son dadas al pueblo de Dios: 
 
Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas. No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada (Isa. 54:2-4).
 
Como la evangelización es parte de una recia batalla, esto promete el Señor a su mensajero: Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá… Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová” (vv. 15, 17). A sus enviados, Cristo promete: “… yo estoy con vosotros todos los días y hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20). “… si bebieren cosa mortífera, no les hará daño” (Mr.  16:18).  “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda fuerza del enemigo y nada os dañará” (Lc. 10:19). Es que “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Ro. 8:31).
 
¡Hagamos la misión evangelizadora encomendada, hasta aquel día que se diga con victoria: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”! (Ap. 11:15). Un día pronto cantaremos: “¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios, poderoso reina!” (Ap. 19:6). ¡Que ese sea el testimonio final de los que estamos en esta
 
Misión a territorios usurpados
 
Contigo en el campo misionero,
 
Tu servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
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