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NAVIDAD A LA MANERA DE HERODES

NAVIDAD A LA MANERA DE HERODES

Cuando Jesús nació en Belén de Judea vinieron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente y venimos a adorarle (Mateo 2:2). Cuando el romano gobernador supo por las Escrituras leídas que el rey de los judíos había nacido en Belén, él dio unas orientaciones a los magos que son dignas de desentrañar. Dios puede tomar la mala intención de un malvado y tornarla para que sirva a sus propósitos eternos. Miremos: 

Herodes les dio unas cinco orientaciones a los magos, tratando de esconder en ello su malvado propósito. Pero analicemos el orden de verdades que expresó sin saberlo: 

La primera instrucción fue enviarlos de Jerusalén a Belén para que allá supieran más exactamente acerca del recién nacido rey. Precisamente, los magos estaban buscando al niño, inicialmente, en la ciudad equivocada para su nacimiento. Cristo no nació en Jerusalén. Aquella ciudad era el centro de la religión oficial, donde estaba la sede de los líderes religiosos judíos, los cuales, con el velo puesto sobre sus rostros (2 Co 3:15), no pudieron percatarse que Emanuel había venido a visitarlos. Dios había entregado a su pueblo el don más precioso que desde el trono jamás había dado a la humanidad, su propio Hijo. Pero Cristo no nació en Jerusalén, pues Él no venía a instituir una nueva religión y mucho menos a darle continuidad a la Ley como forma de alcanzar la justicia. Tal como orientó Herodes a los magos, Cristo debía ser buscado en Belén, ciudad natal del rey David a quien Dios había prometido que su reino sería firme para siempre (1 R 9:5). Los magos no vinieron preguntando por un Salvador, sino por un rey, y por eso, Belén, tal como dijo Herodes, era el lugar donde el más honorable representante de la casa de David habría nacido en aquellos días. Nosotros adoramos a un Salvador que es rey eternamente y para siempre. Con ello concuerda el mensaje del ángel a María acerca del niño: reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin (Lc 1:33).

La segunda orientación de Herodes a los magos al enviarlos a Belén fue: averiguad con diligencia acerca del niño. El estudio más sabio de la Biblia es, precisamente, este que Herodes recomendó a los visitantes, averiguar con diligencia quién es Jesús, nuestro Salvador. Los magos habrían sido orientados a preguntar a los testigos del bendito nacimiento todos los pormenores del rey de los judíos en su encarnación y aparición al mundo. Los cristianos debemos ir a las páginas del libro de Dios, las cuales están repletas de la más exacta información acerca del Hijo de Dios y, auxiliados por el Espíritu Santo, averiguar diligentemente quién es este Jesús Salvador y rey, al cual voluntariamente adoramos. ¡Qué triste nos fuera repetir el error de los atenienses que adoraban al Dios no conocido! (Hch 17:23). Aquella orientación taimada de Herodes debería ser un mensaje a la iglesia para dejar la pereza y adentrarse en un estudio profundo de la Palabra para que nos sea revelado más y más acerca de nuestro Señor. Todo predicador debería saber cómo toda la Biblia es acorde con la persona y la obra del bendito rey de los judíos, nacido en Belén para venir a Salvarnos. 

La tercera orientación de Herodes a los Orientales fue que no deberían parar su averiguación sobre el niño hasta hallarlo: cuando le halléis… Herodes había escuchado de las profecías de Miqueas y sabía que en algún lugar de la pequeña aldea de David debería estar el rey que buscaban sus visitantes. Pero sepamos que la mejor información teológica que podamos constatar acerca de Cristo, no sería suficiente si no fuera que verdaderamente nos hemos encontrado con Él. La salvación no se obtiene sólo por saber acerca del Mesías, sino que se convierte en experiencia cuando hemos hallado personalmente al Salvador y le hemos entregado las riendas de nuestra vida. Sólo cuando le hallamos como Cordero inmolado por nuestros pecados y le aceptamos por fe como nuestro Salvador, Él se convierte en el rey de todo nuestro ser y nos aprovechamos de sus beneficios salvíficos. Los creyentes debemos poder decir como Andrés: Hemos hallado al Mesías (que traducido es el Cristo) (Jn 1:41). 

La cuarta orientación de Herodes a los sabios fue:  al hallar al rey, hacédmelo saber. ¡Qué orden más preciso se establece aquí! Aunque, obviamente, Herodes tenía propósitos homicidas con el recién nacido, sus palabras coinciden con una regla lógica respecto al testimonio de Jesucristo. Nadie puede hacer saber a otro acerca de Cristo, si primero no se ha encontrado personalmente con Él. Herodes les pidió a los magos que cuando le hallaran, entonces se lo hicieran saber a él. El hecho que primero haya que encontrarse con Cristo para luego poder hablar de Él a otros, es vital. Los ángeles mismos no pueden predicar el Evangelio al mundo porque ellos no han conocido la experiencia de la regeneración. Todo creyente que de verdad ha hallado al rey Salvador, normalmente tendrá un deseo fervoroso por hacerle saber a los demás acerca de su Señor.

La última orientación de Herodes a los caminantes orientales traía la connotación: para que yo también vaya y le adore. Toda aquella mentira del corazón del celoso rey Herodes expresada a los magos, tiene un orden que nos deja atónitos desde la plataforma del bien. Lo que hace alguien que verdaderamente, cual los sabios, indaga acerca de Jesús hasta encontrase con Él, es adorarlo. Eso hicieron los magos. El supremo propósito de Dios en que conozcamos al Salvador es que, al ser salvos, nos postremos en su presencia en reverente adoración y le ofrezcamos, como don, nuestra vida. Adorarlo es tan importante, que cuando Dios introduce al primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios (He 1:6). Todavía hoy el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Jn 4:23,24). Fuimos creados para ese propósito sublime (Ef 1:6).

Amados, Jesús es Rey, es la promesa cumplida al rey que también nació en Belén, a David. Debemos aceptarlo para que sea también nuestro Señor. Más que una religión, vino a ofrecernos una relación personal con Él, y, por Él, con el Padre celestial. Debemos saber cuánto nos falta averiguar sobre ese Mesías admirable, y preferir, como hizo Pablo, sabiduría, a fin de conocerle (Fil 3:8-10). ¡Te ruego, en nombre de Cristo, que, si ya le has encontrado, le hagas saber al mundo entero que necesita creer y apropiarse de la promesa de la vida eterna! Deseo que nuestra relación con Jesucristo esté enfocada en el deber de postrarnos a sus pies y adorarlo por su magnífica dignidad y su obra redentora.

Herodes no pudo llevar a cabo su plan descorazonado de eliminar al Hijo de Dios nacido en Belén de Judea. El perseguidor murió luego, sin embargo, Cristo permanece para siempre. Pero las palabras de aquel romano empedernido, sin él saberlo, siguieron una línea ordenada de cómo relacionarnos con el Salvador y llenar al mundo de su Evangelio. 

Así hace Dios, quien puede convertir la maldición en bendición (Ver Dt 23:5).

En Cristo,

Vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez

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