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NAVIDAD ES TAMBIÉN CONGREGACIÓN

NAVIDAD ES TAMBIÉN CONGREGACIÓN

!Es también congregación, porque no es solo eso! Y es tanto lo que es, que se hace indescriptible a causa de la finitud de nuestra mente, y el espacio que se necesitaría para describir un tanto su grandeza.

Al mirar el Advenimiento del Hijo de Dios en aquella Noche de Paz, se nos revela la bendita confluencia de un público ¡tan diverso! Examinemos estas verdades y aprendamos qué es también Navidad:

Navidad es también congregación porque congregó a Dios con sus criaturas humanas. Cristo es “… Emanuel… Dios con nosotros” (Mt. 1:23).

 
El pesebre de Belén es sinónimo de acercamiento. “… Él nos amó primero” (1 Jn. 4:19), y ya no más revelado en un Tabernáculo movible (Ex. 25 – 40). Juan dijo de Jesús: “Y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).  A través de Cristo, Dios ha prometido: “Habitaré y andaré entre ellos y seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (2 Co. 6:16). Esta Buena Voluntad continuará animando al alma desalentada, inspirando al poeta, dando el mejor discurso al predicador, pero siempre será la expresión de un “amor… que excede a todo conocimiento” (Ef. 3:19). El glorioso hecho no satisface la búsqueda de sabiduría de los griegos, ni la petición de los judíos por las señales, pero es poder de Dios, sabiduría de Dios (Ver 1 Co. 1:22-24).

Navidad es también congregación porque una multitud de criaturas celestes, se congregó para corear: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Esta agrupación celeste, hizo par al mensajero angelical que nos trajo el anuncio más importante de la historia: “Os ha nacido… un Salvador… ”. Cuando Dios introdujo al Primogénito en el mundo, dijo: “Adórenle todos los ángeles de Dios” (Ver He. 1:6). El Mesías naciente los reunió, por tanto, para obedecer ese Mandato Soberano. No hay motivación mayor para congregarnos, que la que se manifestó en aquel lírico coro angelical: darle juntos la gloria al Creador, y patentizar que Cristo es la expresión más solemne de Su Buena voluntad (Ver Lc. 2:13-14).

Navidad es también congregación, porque ella congregó igualmente, a los pastores de Belén. A ellos, “… la gloria del Señor los rodeó de resplandor… ”. El anuncio del ángel incluía el reto de ir en pos del Acontecimiento: “Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. Entonces, “… los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues hasta Belén… ”. Y allí, frente a la evidencia irrefutable del Redentor infante, testificaron de la revelación que les había traído a esa santa convocación (Ver Lc. 2:15-17). En Cristo se congregan con diligencia aquellos que han tenido su experiencia personal con el Evangelio. Ellos son atraídos, porque desde los “tejidos” internos del espíritu, les resuena este cantar plural: “Venid, adoremos y postrémonos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Sal. 95:6). Era de noche cuando los pastores vinieron al lugar del Nacimiento. El mismo espíritu de sacrificio que les mantenía cuidando a sus ovejas, les sirvió para ir diligentemente en busca de Jesús. Ciertamente, Jesucristo amerita más devoción de parte nuestra que todos los intereses terrenales. Cuando hay sed por beber del Manantial, ni el agotamiento detiene el gozo de estar con Jesús en Su congregación. Con razón la Biblia dice: “Y volvieron los pastores alabando y glorificando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto como se les había dicho” (Ver. Lc. 2:8-20).

Navidad es también congregación, porque atrajo de igual modo a los sabios  del Oriente, quienes se congregaron allí con un propósito que ni la enorme distancia recorrida pudo contradecir: “Venimos a adorarle”. En Cristo, se congregan no solo los que se sacrifican para venir, sino los que están dispuestos a doblar la cerviz ante su divinidad encarnada. La gente que “mira mucho hacia los cielos”, se caracteriza por un hambre de estar donde Jesús se hace presente, y donde otros también le contemplan con adoración reverente, aunque sea pagando un precio muy caro por lograrlo. Ver a los magos congregados en Belén, inspira el alma a tal manera, que hace casi imposible justificar no estar presente en Su congregación.

Mas su testimonio alecciona también, porque además, traían en sus manos presentes que ofrecer al digno Rey, y eran de un valor incalculable, “oro, incienso y mirra”. Era la ofrenda escogida para Su Señor. Desde antaño, traer ofrendas a Dios en la congregación, es correspondiente con el culto santo: “Ninguno se presentará delante del Señor con las manos vacías” (Ver Ex. 23:15; He. 11:4).

Por último, Navidad es también congregación, porque la congregación con Jesús, nos sirve de refugio confortable contra el Enemigo. Con odio solapado, Herodes, quiso acercarse a aquella cristiana congregación de Belén, para herir y destruir, pero Dios mismo le impidió llegar. Jesús y los que se congregaron en su comunión, fueron protegidos del rey atroz. Dios ha diseñado así la iglesia, como un lugar donde somos salvaguardados espiritualmente del Adversario cruel (Ver Mt. 2:1-12).

Amados, en esta Navidad, Cristo nos espera en Su Iglesia. Él quiere darnos un sentido tal de compromiso con Él y con su Casa, que podamos también llegar en victoria a aquella prometida reunión celestial: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Ap. 21:3). “Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos; escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Sal. 84:10).

Espero verles en “Belén”, ciudad que ya trasciende a la tierra de Israel, y que ahora es la sede donde nos congregamos para adorar al mismo Rey, pero ya no recién nacido. ¡Que nuestro corazón, aunque no lujoso como un mesón de aristocracia, sirva al menos como un rústico pesebre, donde el Hijo del Hombre, que es también Hijo de Dios, pueda recostar su cabeza”!

“¡Ven a mi corazón, oh Cristo, ven, porque en él hay lugar para ti!”.

Si, porque Navidad es también congregación.

Tu servidor,

Pst. Eliseo Rodríguez.

Iglesia E. Monte de Sion.

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