skip to Main Content
NECESIDAD QUE SOLO EL PODER DE DIOS SUPLE

NECESIDAD QUE SOLO EL PODER DE DIOS SUPLE

De las gratas memorias de mi temprana niñez, recuerdo nítidamente cuando se cantaba así en aquella congregación donde mi padre pastoreaba:
¿Para qué pecar si soy salvo,
Si ya tengo tanta luz?
¿Para qué pecar si la vida
Dios me ha dado en Jesús?
¿Para qué pecar si el infierno
Solo espera al pecador?
///¿Para qué pecar///
Contra Dios?
Aunque el mensaje sobre las graves consecuencias del pecado, se hace cada día más impopular, todavía su encargo tiene grande estima delante de Dios. Necesitamos participar de un Evangelio sincero, que no tiene como objetivo alguno entretener, sino llevar muchos hijos a la gloria (Ver He. 2:10).
A pesar de la existencia de un férreo tentador (1 Ts. 3:5), aun contando con la realidad de nuestra naturaleza caída (Ro. 7:18), sin descontar tampoco todo lo que hay en el mundo (1 Jn. 2:16), y además de vivir en estos “tiempos peligrosos” de la apostasía del fin (2 Ts. 2:3; 2 Ti. 3:1), necesitamos ser librados de caer. Por eso debe ser el clamor común a todos los hijos de Dios: “Padre… no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Lc. 11:4).
La posibilidad de caer, entraña la preciosa realidad de que andar en el Camino de Cristo, es vivir en las alturas. Desde el Antiguo Testamento se hablaba de estas altitudes, cuando se mencionaba a los justos: “El que camina en justicia… éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras” (Isa. 33:15-16). Pablo lo expresa así: “… y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús… ” (Ef. 2:6).
Vivir en esas alturas es, sin duda, una de las bendiciones más gloriosas que nos hayan venido como resultado de la obra de Cristo en el Calvario. Debemos apreciar ese nivel al cual Dios, soberanamente, nos ha ascendido. Pero siempre las Sagradas Escrituras nos advierten: “… atendamos a las cosas que hemos oído… ” (He. 2:1). “Temamos, pues… ” (4:1). Debido a que tenemos derecho a entrar en el Lugar Santísimo celestial, la recomendación incluida reza así: “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (12:2).
Los creyentes en Cristo, debido a nuestra innata debilidad, tenemos la posibilidad de caer, si ponemos nuestras fuerzas y convicciones como única garantía para permanecer de pie. Por tanto necesitamos un poder más allá de nosotros, que nos sostenga hasta el fin. El triste cuadro de creyentes y siervos de Dios que caen espiritualmente, debe despertar las alarmas de nuestra alma a la necesidad de ser guardados sin caída. Es muy triste caer, para llegar a ser luego un proverbio, un ejemplo citado para no imitar, una fotografía que describa la desgracia de haber estado y ya no estar.
Por eso, Judas en su única Epístola nos inclina la mirada a las alturas, para recordarnos que solo Dios “… es poderoso para guardarnos sin caída” (Jud. 1:24). En el cantar acoplado del Salmista, esta fuera la oración: “A ti alcé mis ojos, a ti que habitas en los cielos” (Sal. 123:1). Desde la pluma inteligente de Salomón, se leería así el testimonio: “Torre fuerte es el Nombre de Jehová; a él correrá el justo y será levantado” (Prov. 18:10). De labios del profeta Isaías lo escucharíamos de esta forma: “Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados” (Isa. 51:1).
Sin dudas, debemos reconocer en alabanzas, las garantías que Dios ha interpuesto en nuestra salvación. ¡Qué maravilla! ¡Él puede guardarnos sin caída! Esto testifica, entonces, de un poder extraordinario, más allá de nuestro razonamiento, que tiene estas facultades irrevocables: Interrumpir cada asechanza de Satanás para hacernos caer, darnos sustento en la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn. 5:4), y mantenernos abrevados del Torrente de su Espíritu, con el cual podemos hacer morir las obras de la carne, y vivir (Ver Ro. 8:13).
Esto nos explica mejor, el por qué la exhortación de Cristo a sus discípulos, enseñándoles cómo no caer en tentación, fue de elevar la mirada: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mt. 26:41). Él nos quiere enseñar que si vamos a ser guardados de caída, debemos seguir sus huellas. Nuestro Señor nunca cayó, aunque tenía también a la par de su divinidad, una naturaleza humana sujeta a tentación, como nosotros. Mas su ejemplo es el más elocuente respecto a cómo mantenerse en las alturas: fue velando y orando en forma continua que lo logró. Jesús vivió una vida de profunda oración y dependencia absoluta de su Padre celestial (Ver Mr. 1:35; Lc. 6:12). Si lo hacemos también nosotros, tendremos la grata experiencia de que ser guardados sin caída es una

Necesidad que solo el poder de Dios puede suplir.

En una mirada de fe a nuestro Guardador,

Pst. Eliseo Rodriguez
Iglesia E. Monte de Sion.

Back To Top