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NECESITAMOS MÁS EPAFRAS

NECESITAMOS MÁS EPAFRAS

No hemos sido llamados a ser meramente consumidores de bendiciones. A cada uno Dios nos ha asignado una labor en el cuerpo de Cristo. Pero hay ministerios que son imprescindibles en la Iglesia del Señor, y que no necesariamente tienen su expresión en las plataformas de nuestros templos. Hoy te queremos presentar a uno de los ministros influyentes del Nuevo Testamento. Se trata del hermano Epafras.

En primer lugar, ¿Quién era Epafras? Tenemos tres menciones de él en la Biblia. La primera (Col. 1:7-8), lo muestra como un modelo de vida cristiana para los Colosenses, en cuanto a la fe y al amor. Era un consiervo amado de Pablo, un fiel ministro de Cristo. La última  vez que su nombre se registra (Flm. 1:23), está enviando saludos a Filemón, y estaba preso junto con Pablo, por la causa de Jesús.

Pero nuestro enfoque estará en la intermedia mención de su nombre (Col. 4:12). Por eso, en segundo lugar, surge la pregunta: ¿Cuál era el ministerio de este Colosense? Helo allí, desplegando la función, quizás, más temida por Satanás, la de la oración intercesora. Desde la lúgubre prisión que pretendía detenerle en su acción misionera, este heraldo de la fe sabía que todo lo que Dios hará en el mundo, lo llevará a cabo a través de la oración de su pueblo. Entonces, matiza su trabajo ministerial con estos ingredientes:

1.     Sus oraciones por los hermanos eran perseverantes. Siempre oraba por los santos. Epafras conocía la funcionalidad de la perseverancia en cuanto a Dios. Ese había sido el lineamiento a seguir por parte de los primeros apóstoles, cuando la iglesia eligió a los diáconos, para que los apóstoles pudieran perseverar “… en la oración y en el ministerio de la Palabra” (Hch. 6:4).

2.     Sus oraciones por los hermanos, eran a manera de ruegos. Ello habla de una postura sumisa y humilde al orar, en la cual no se le exige a Dios obrar, en base a merecimientos humanos o grandezas de fe, sino suplicando amorosamente su favor.

3.     Sus rogativas se hacían encarecidamenteEpafras no oraba como por el cumplimiento rutinario de alguna agenda prescrita frente a sí. Cuando rogaba, le mostraba a Dios el valor de sus peticiones. Oraba así porque la única manera de que aquellos redimidos pudieran prevalecer en su fe frente a la persecución, era si Dios les enviaba desde el cielo su gracia y protección.

4.     Finalmente, sabía pedirle a Dios exactamente lo que los salvados en verdad necesitaban. Sus peticiones eran estas: Que los hermanos estuvieran firmes, perfectos y completos, en todo lo que Dios quería. Detallemos esta triple petición:

a)    Que estuviesen firmes en la voluntad de Dios. Una cosa es saber la voluntad de Dios, y otra, más difícil, es ponerla por obra. Hay enemigos en las regiones celestiales, dispuestos a hacernos retroceder de los más puros propósitos con respecto a Dios. Entonces, oraba más o menos de esta manera: “Señor, afirma a tus santos en su decisión por ser fieles hasta el fin”.

b)   También rogaba, que los hermanos estuviesen perfectos en lo relacionado con la voluntad del Señor. Cual si hubiese oído a Jesús decir “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos, es perfecto” (Mt. 5:48), este gran intercesor, suplicaba a Dios que los creyentes lograran llegar al mayor nivel en cuanto a la santidad. Lo hacía porque dicha perfección no se logra con la mera fuerza humana. Pedía a Dios que Él lo hiciera en ellos, acorde con la promesa, de que el mismo Señor que comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Ver Fil. 1:6).

c)    Por último, Epafras pedía que los hermanos,  estuviesen completos en todo lo que Dios quería. Este gran ministro “de las rodillas”, creía que no se debe hacer nada con parcialidad (Ver 1 Ti. 5:21). El fruto del Espíritu es uno solo, porque aparece en singular, “el fruto del Espíritu”, pero tiene nueve manifestaciones simultaneas en el cristiano (Ver Gl. 5:22-23). Entonces, ruega, que los hermanos pudieran hacer manifiesto la integralidad del diseño divino de la vida cristiana, estando completos en cuanto a la voluntad del Salvador.

Cristianos amados, la iglesia de estos tiempos necesita con premura muchos “Epafras”. Es presunción trabajar en la Obra del Señor, descuidando el vínculo con el Señor de la Obra. Los Efesios habían trabajado arduamente por amor del Nombre de Cristo. Eso era loable; pero era censurable el hecho de haber descuidado el primer amor con el dueño de ese Nombre (Ver Ap. 2:3-5). Las rodillas de los intercesores son como los bornes chispeantes de las manifestaciones divinas sobre esta tierra, que traen salvación y sanidad a los pueblos. Son como las raíces profundas que sostienen en medio del severo vendaval, la vida de los hijos de Dios. Las rodillas dobladas de los intercesores, están muy relacionadas con el equilibrio triunfante de la iglesia. Son una pieza indispensable en el salvamento frente a la tentación del Enemigo. Son el asta que sostiene la bandera del triunfo cuando el Enemigo viene como rio (Ver Isa. 59:19).

Cuando una iglesia vaya a hacer un Inventario justo de sus tesoros, no debe olvidar en primera línea, poner los nombres de los Epafras que el Espíritu Santo le haya regalado. Tristemente nunca son tan numerosos, pero pertenecen al gremio más influyente en la Casa de Dios. ¡Necesitamos muchos más Epafras!

Anhelando se me conceda siempre el inmerecido honor de ser uno de ellos,

Soy tu servidor, quien desde el pódium de mis rodillas, quiere interceder diariamente por ti.

pastoresPst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

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