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NO TE SIENTES EN LA VENTANA

NO TE SIENTES EN LA VENTANA

Seguramente usted ha visto gente sentada en las ventanas. Lucas también vio uno. Mientras se celebraba una reunión de vida en un aposento, un joven sentado en la ventana, fue visitado por la muerte. Es que el apóstol Pablo estaba un domingo en la ciudad de Troas, y reunido con los discípulos, enseñaba la Palabra, y alargó el discurso hasta la medianoche. Un joven llamado Eutico que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, cayó desde el tercer piso,  y fue levantado muerto (Ver Hch. 20:7-12).
 
Permítanme presentarle algunos ángulos de este pasaje que nos pueden servir de sana admonición espiritual:
 
El primero: Esa noche los discípulos de Troas estaban teniendo un privilegio singular. El apóstol de los gentiles, estaba allí con los hermanos, ministrándoles en forma sosegada la Palabra de Dios. Además, habrían de celebrar la Eucaristía, en memoria de Cristo, recordando su sangre derramada para la remisión de los pecados y su cuerpo partido para abrirnos el camino al Padre (Ver 1 Co. 11:23-26: He. 10:19-20). Es curiosa la nota de que había muchas lámparas en aquel lugar. Si, porque también “Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105). “… La enseñanza es luz… ” (Prov. 6:23). Nunca nos será posible exagerar demasiado la necesidad que tenemos de ser iluminados por la Palabra y de participar de la mesa del Señor. 
 
En segundo lugar, Eutico es el único que sufre un accidente fatal aquella noche allí. Y Lucas hace tres apuntes fundamentales relacionados con la caída en cuestión.  El  primero, es el dato de la juventud de Eutico, en cuya etapa de la vida se carece de cierta experiencia acerca de los peligros. El segundo, es que estaba sentado en la ventana de aquel tercer piso, y el tercero, que fue rendido de un sueño tan profundo, que lo venció y lo hizo caer.  
 
De lo primero entendemos que Eutico estaba teniendo una oportunidad especial en aquellas horas, de madurar integralmente. El recibir la ministración de la Palabra, es uno de los elementos fundamentales par alcanzar madurez. La Palabra está dirigida también, “… para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura” (Prov. 1:4). Pero los siguientes dos factores, le hicieron retardar. Debemos tener una carga en nuestras congregaciones, porque los jóvenes también sean oidores asiduos de la Palabra de Dios. Ellos la necesitan para que les sirva como antídoto eficaz frente a la ola de pecado a la cual se enfrentan cada vez (Comp. Sal. 119:9). Lograrlo, es alcanzar madurez en la fe y en el carácter .
 
El segundo aspecto que compitió contra Eutico fue, precisamente, el tomar como asiento aquella ventana. Sin duda, era un lugar peligroso. Pero aunque por su adolescencia quizás él no se percataba del peligro, alguien, aunque sea uno de los discípulos más maduros entre los congregados, debía darse cuenta de que uno de los hermanos, estaba en peligro fatal. El que no se hubiesen percatado a tiempo de ello, puede brindarnos un dato de una debilidad en la iglesia en Troas, a saber, la de no estar atentos a los más débiles de la congregación. Toda iglesia necesita de ese tipo de creyentes, quienes cual radar, captan sensiblemente la necesidad de los demás. La cruz no es solo vertical; es también horizontal. Debemos  vivir en comunión con Dios, pero sin olvidar que somos un cuerpo y que debemos preocuparnos los unos de los otros (Cf. 1 Co. 12:25). La caída de Eutico no califica para el mismo propósito con que un joven había nacido ciego en San Juan capítulo nueve. Esta, de Troas, fue una circunstancia que se podía, quizás, haber evitado, con un poco del cumplir una responsabilidad elemental como cuerpo.
 
El tercer aspecto, se aprecia en la expresión: “vencido de un sueño profundo”. Parece que Eutico había luchado por mantenerse despierto durante la enseñanza, pero una fuerza mayor, lo había vencido. En esta sociedad postmoderna, los cristianos debemos apagar nuestros teléfonos para poder entrar al servicio a Dios, a fin de que no seamos vencidos por la interrupción de un mensaje de texto, o de una llamada, cuando Dios nos está hablando en su Palabra. Aunque en verdad, Pablo disertaba largamente por una necesidad netamente circunstancial, el sueño del joven tendría otras causas que pudieran ser disímiles. Lucas solamente remarca que fue vencido. A Marta, de Betania, las muchas cosas la afanaron y turbaron, y finalmente le vencieron hasta quitarle el privilegio de escuchar con María, las palabras de Jesús (Lc. 10:38-42). En nuestro hogar de nacimiento, mis hermanos y yo teníamos el mandamiento irreversible de dormir por las tardes un rato, la noche en que había servicio, porque nuestros padres inteligentes en Dios, no nos permitían dormirnos en el culto, para poder escuchar la Palabra. Gracias al Señor, ahora todos servimos a Cristo con devoción. Debemos procurar que no exista forma alguna de que algo nos venza, y nos vaya a impedir escuchar atentamente las Palabras de vida eterna.
 
Ahora, también del dormitar de Eutico aprendemos qué gran responsabilidad personal contraemos en Cristo, cuando somos parte de su iglesia. Cuando finalmente Pablo desciende en rescate del joven y éste es resucitado, los discípulos: “… fueron grandemente consolados”. Hizo falta una grande consolación, debido a lo inmenso del dolor que acababan de experimentar. Un descuido fatal de uno, viene a ser el dolor de los demás. Así que Eutico debía haber evitado sentarse en la ventana, no solo porque su propia vida peligraba, sino porque también arriesgaba la paz de los demás. Por la imprudencia de uno, hubo interrupción para todos los oyentes y para el ministro que enseñaba. Cómo evitar hacer sufrir a otros, debe ser parte del lente con que un salvado mira la vida cristiana. “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite” (Ro. 14:21). 
 
Eutico también representa a aquellos que llegan solamente hasta donde las fuerzas le dan. Esta no es una actitud de vencedores.  Cuatro veces seguidas Dios le dice a Josué: “Esfuérzate…” (Jos. 1:6, 7, 9, 18). Pablo le dijo a Timoteo: “Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús (2 Ti. 2:1). Y la Palabra encomia a aquellos que dieron más allá de sus fuerzas (Ver 2 Co. 8:3). Pablo, después de enseñar toda aquella noche en Troas, al día siguiente debía salir por tierra para Asón (Ver Hch. 20:13). ¡Qué esfuerzo! Hay intereses eternos de tanta valía, que nos debieran hacer superar todo agotamiento, por lograrlos. En la transfiguración, Jacobo, Pedro y Juan “… estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos vieron la gloria de Jesús… ” (Lc. 9:32). 
 
No debemos sentarnos en la ventana y dormirnos cuando los tiempos requieren que estemos despiertos y atentos a la voz de Dios:
 
·      Jonás se durmió en medio de una tormenta causada por su misma desobediencia,  y terminó en el vientre de un pez (Ver Jon. 1).
·      Las diez vírgenes se durmieron, y a cinco de ellas les fue imposible ser reconocidas luego en la puerta, y no pudieron entrar a las bodas (Ver Mt. 25:1-13).
·      Jacobo, Pedro y Juan se durmieron cuando la tormenta de los enemigos se avecinaba sobre el Cordero expiatorio en Getsemaní. Después de ese dormitar atroz,  Pedro negó a Jesús tres veces (Ver Mt. 26:36-46). 
 
Finalmente, obreros de Cristo: ¡Tengamos la actitud de aquel ministro gigante de la fe, de Pablo, quien bajó a la condición en que se encontraba Eutico muerto, y no se dio él por vencido! Operó ministerialmente para un milagro de resurrección. “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá” – Jesús- (Jn. 11:25).  Tengamos un corazón restaurador para los que han caído. “… os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Ts. 5:14). ¡En Cristo, siempre hay esperanza!
 
Pero por favor,
 
¡No te sientes en la ventana!
 
Vuestro servidor en Cristo,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
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