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PARALELOS Y CONTRASTES

PARALELOS Y CONTRASTES

La vida cristiana acorde al Evangelio de Cristo, transcurre entre paralelos y contrastes. Saber este principio de vida nos ayudará a medir el nivel de piedad, y provee la medida de nuestra consagración. La conducta cristiana tiene un patrón al cual imitar y, a la vez, un modo de vida del cual distanciarse. Sobre ello, la Palabra dice: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta (Ro 12:2). Por tanto, les brindo algunos aspectos sobre los paralelos y los contrastes que nos conciernen como discípulos del Señor Jesús.
 
En primer lugar, los paralelos y contrastes son evidentes en la vida de piedad del cristiano. Cuanto más nos parecemos a Cristo, mucho más distintos somos del mundo. La medida de nuestro discipulado fue establecida en este paralelo: Bástale al discípulo ser como su maestro y al siervo como su Señor (Mt. 10:25). Cuando nuestros patrones de vida son los de Cristo, contrastamos con el mundo, el cual nos aborrecerá (Jn 15:18,19). El mismo Señor enseñó el contraste con el mundo que resulta de la vida en paralelo con él: Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo (Mt 5:11).¡Felices en Cristo y, a la vez, bienaventurados en el vituperio de su causa! La buena opinión que Dios tenga de nosotros tendrá como contraste nuestra falta de acople con el mundo. Llevar la cruz de nuestro Señor hace posible que el mundo nos sea crucificado a nosotros y nosotros al mundo (Gal 6:14). La Palabra hace notar que los paralelos y los contrastes funcionan en cualquiera de las dos direcciones. En este sentido … la amistad del mundo es enemistad contra Dios. Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Stg 4:4). Elías vivía en paralelo con la voluntad de Dios, el mismo que le respondió por fuego, pero su vida apegada al Señor no pudo evitar el odio de aquella malvada representante del mundo, Jezabel, que anhelaba vengarse del profeta (1 R 18:20-40; 19:1-3). El Nuevo Testamento establece: Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución (2 Ti 3:12)El cristiano está llamado a vivir en paralelo con lo santo y en contraste con lo que para Dios es abominación. Pablo aceptó servir a Cristo, aunque ello lo confrontara con los hombres. Así lo expresó: Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo (Gal 1:10).
 
En segundo lugar, los paralelos y contrastes son la constante del ministerio cristiano. Jesús recorrió toda Galilea enseñando y predicando el Evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo (Mt 4:23). Aún las palabras que hablaba fueron las que el Padre le había dado (Jn 14:10; 17:8). Pero en su recorrido, encontró a demonios que le decían: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? (Mt 8:29; Lc 4:34). Si estamos caminando como discípulos de Cristo, una evidencia de ello será la furia del Enemigo en contra nuestra. El mayor nivel de unción es, a la vez, el mayor nivel de ataque del Tentador. Pablo testificó que Dios le había abierto una puerta para la Palabra, pero al mismo tiempo advirtió: muchos son los adversarios (1 Co 16:9). Él y Silas arribaron a la provincia de Macedonia, el lugar donde el Señor les había indicado ir. Estaban en paralelo con el propósito de Dios. Pero obviamente, Satanás daría la batalla, de modo que, enfrentaron la oposición del espíritu demoníaco que operaba en una muchacha. Al echar fuera el demonio, como represalia, los embajadores de Cristo fueron encerrados en la cárcel de Filipos (Hch 16:16-24). Pero el evangelio triunfó en aquella ciudad. Hay que presupuestar el costo de responder positivamente al llamado del Señor (Lc 14:25-33). 
 
Tercero, caminar con Jesús, se mezcla inseparablemente con las lágrimas que se derraman al sembrar la semilla con él. Todavía hay pocos obreros en la viña para cosechar la mies. Por eso aún se escucha la voz del Señor preguntando: ¿A quién enviaré y quien irá por nosotros? (Isa 6:8). Una vez que respondemos, heme aquí, experimentaremos que el gozo de servir a Cristo tiene un marcado contraste con el dolor que se experimenta en la siembra. La cosecha vendrá, y con ella el regocijo, pero ciertamente, el fruto se obtiene después de sembrar con lágrimas (Sal 126:5,6). A veces las lágrimas vienen de un aguijón. Después de Cristo, Pablo fue el misionero más extraordinario del primer siglo de la era cristiana. Pero, ¡qué paralelos y contrastes se observan en su hacer por Dios! Por un lado, decía a los hermanos: Me gozo y regocijo con todos vosotros (Fil 2:17), y por el otro, tenía un aguijón en su carne, un mensajero de Satanásque le abofeteaba. Cuando pidió tres veces para que le fuera quitado tal padecimiento, el Señor le dijo: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Finalmente, Pablo dijo: … me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (Ver 2 Co 12:7-10). Muchos de los hombres más ungidos y poderosamente usados por Dios, caminan con calcañares heridos, padecen de algún dolor a veces inconfeso, pero suficiente para contrastar con el privilegio inmenso de servir al Rey. 
 
Amados, debemos saber que la vida de piedad consiste esencialmente en vivir cerca de Dios y alejado de las contaminaciones del mundo (2 P 2:20). También tengamos en cuenta que el denuedo para predicar el Evangelio se hace en medio de una gran oposición y, además, es necesaria la convicción de que el regocijo de la siega contrasta inseparablemente con las lágrimas dejadas en los campos de servicio. El tiempo en que vivimos, está marcado por un desenfreno moral tan arrasador, que Cristo lo comparó con los días de Noé y con los de Lot (Mt 24:37-39: Lc 17:28-30). Por tanto, la iglesia del Señor debe asumir su responsabilidad de vivir en paralelo a los designios de Dios, a tal manera, que marque un vivo contraste con esta generación maligna y perversa en medio de la cual se nos ha llamado a resplandecer (Fil 2:15). ¡Respondamos sin temor a este llamado celestial!
 
En humilde colaboración al cuerpo de Cristo,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
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