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PARENTESCOS MATERNALES

PARENTESCOS MATERNALES

La iglesia Evangélica Monte de Sion, de la cual tengo el inmerecido honor de ser su fundador y pastor, ha dado a luz una preciosa criatura. Ha ocurrido después de ocho años desde nuestros inicios. Es quizás la cosecha de haber sembrado la Palabra en los cuatro tipos de terrenos (Ver Mt. 13:18-23). El suceso ha tenido lugar, después de fomentar un discipulado, donde Cristo es Señor y Maestro, y donde los nuevos creyentes son instruidos en la verdad que está en Jesús (Cf. Jn. 13:14; Ef. 4:21). La Iglesia ha tenido como piedra principal del ángulo a Jesucristo mismo (Ver Ef.2:20). La aparición de “la hija”, ha sucedido después de que esta joven “madre”, cumpliendo el mandato del Señor (Mt. 28:19), ha realizado unos doce viajes misioneros a Latinoamérica, llevando instrucción a nuevos pastores, dando de gracia, lo que por gracia hemos recibido (Comp. Mt. 10:8).

“El alumbramiento” ha tenido lugar, no sin antes sufrir la madre, los dolores propios del parto, con gemidos de oración y ayuno, y el diario blandir de la espada en la batalla espiritual. Pero “la criatura” tiene sus signos vitales en condiciones normales, respira bien, y no ha tenido que sufrir el hermetismo de una fría incubadora, pues nació con buen peso espiritual. ¡Gloria a Dios!

Me preocupan solo dos cosas de esta “niña”: la primera, la hora en que le ha tocado nacer. La segunda, que al crecer, manifieste rasgos visibles de parentesco con su “madre”. Si se desconoce lo primero, “la niña” pudiese crecer afectada en su locomoción espiritual. Si, por otra parte, no se pareciera a su “madre”, se pudiese poner en peligro la continuidad de una visión, el legado de un linaje.

Pero antes de continuar, permítanme ya presentarles la criatura: Este Domingo, diez de Julio, a las 6.00 pm, mediante el Señor, vamos a hacer el Servicio inaugural de la iglesia hija de Monte de Sion, en la ciudad de Kendall, a unas 14 millas al Sur Oeste de donde radica la Iglesia Central. Con la guía del Espíritu, hace más de cuatro años, comenzamos a ir todos los Jueves a orar y predicar a esa “Macedonia” (Ver Hch. 16:9-10), a casas de hermanos que el Señor fue añadiendo a la iglesia, en esa área. El grupo fue creciendo, y ahora Dios abrió una puerta allí, permitiéndonos las facilidades de un templo precioso con parqueo sumamente amplio.

Ahora, con toda ternura, debemos advertir a nuestra “hija”, que ha nacido en un tiempo cuando no se sufre la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonan maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartan de la verdad el oído y se vuelven a las fábulas (Ver 2 Ti. 4:3). Por tanto, será nuestro deber irrevocable, ubicar la nueva iglesia en su contexto, para que pueda tomar identidad como “columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:15). Es nuestra añoranza que la recién nacida pueda reconocer siempre la autoridad eterna de la Palabra de Dios, y erguirse con ella, “… derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios… ” (2 Co. 10:5). Es que ha nacido en tiempos peligrosos, cuando pululan los hombres amadores de sí mismos, vanagloriosos, soberbios, y con muchas infecciones propias de la alienación de Dios que tienen los hombres perversos de estos días (Ver 2 Ti. 3:1-5).

Una vez implementada esta misión, iremos vigilando que la congregación que hace poco vio la luz, mantenga los rasgos más positivos de su madre espiritual. Si la “madre” ha guardado la fe, es justo que deseemos ese mismo comportar para su “criatura”. La iglesia de Jerusalén, dio a luz algunas iglesias entre los gentiles. Pero es evidente que había rasgos comunes entre la madre y sus hijas. Así mismo, una iglesia hija, la de Antioquía, llegó a ser una madre fiel, que supo imprimir los parentescos con su madre, en las iglesias hijas, ahora nietas de “la abuela de Jerusalén” (Ver Hch. 8:1, 4-25; 9:32-43; 10:44-48; 11:19-26; Caps. 13 -14; 16–20).

He aquí algunos de los genes que debían ser manifiestos en las iglesias del Nuevo Testamento:

1. Todas debían reconocer las Sagradas Escrituras como inspiradas divinamente (Ver 2 Ti. 3:16).
2. Todas debían tener su fe puesta en la persona de Jesucristo, el Señor, como el único mediador entre Dios y los hombres (Ver Jn. 14:6; 1 Co. 8:6; 1 Ti. 2:5).
3. Todas debían reconocer la autoridad apostólica de aquellos que habían andado con Jesús durante su ministerio público y que habían sido testigos de su resurrección (Ver Hch. 1:21-26).
4. Todas debían percibir que la oración es el medio por el cual recibimos de Dios, los milagros, la sanidad, el poder (Ver Mt. 7:7-9; Col. 4:2; 1 Ts. 5:17).
5. Todas debían saber que el amor es el vínculo perfecto, y que amarnos unos a otros, es un mandamiento a las congregaciones de todos los tiempos y en todas las latitudes (1 Co. 13:13; Col. 3:14; 1 P. 4:8).
6. Todas deberían cumplir la gran comisión, que el Evangelio habría que salir a predicarlo a los perdidos, que el sembrador debe salir a sembrar (Ver Mt. 10:6; 13:3 b; Fil. 1:18; 1 Ts. 1:8).
7. Todas debían aguardar la esperanza bienaventurada del regreso del Señor a buscar a su iglesia (1 Ts. 4:13-18; Tit. 2:13; 1 P. 1:3).
8. Todas debían saber que el triunfo en la vida cristiana, está relacionado con la cruz, donde se está crucificado con Cristo. Sabían todas, que si se sufre con él, con él también se reina (Ver Gl. 2:20; 2 Ti. 2:12; 1 P. 4:12-13).
9. Todas debían tener el distintivo de la santidad, reconociendo la doctrina de la separación espiritual de los creyentes, en relación al sistema mundanal (1 Ts. 3:13; 2 Co. 6:14-18; He. 12:14).
10. Todas debían entender su responsabilidad financiera para con el sostenimiento de la obra de Dios alrededor del mundo (Lc. 8:1-3; Ro. 15:26-27; 1 Co. 16:2; Fil. 4:15-19).

Amados, hoy, cuando la intención del Enemigo sigue siendo leudar la iglesia con el materialismo, hacerla insípida con el intelectualismo seco, torcer su verdad a través de la herejía cruel, necesitamos ir al modelo original. Todo el Nuevo Testamento nos sirve de una buena guía para trazar una línea genética, por la cual hallar el modelo de una iglesia ideal, conforme al propósito para el cual Cristo la estableció. ¡Sigamos concibiendo y dando a luz nuevas congregaciones, pero es muy importante que la Iglesia de hoy, se parezca a la Iglesia del principio! Por tanto, ¡Que no se pierdan los

parentescos maternales!

Con todo cariño cristiano,

Vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodriguez.

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