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POBRES QUE ENRIQUECEN

POBRES QUE ENRIQUECEN

“¡Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! (Mr. 10:24). Se puede ganar, y a la vez estar perdiendo: “¿De qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?  ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?  (Mt. 16:26). Son peligrosas las riquezas amadas excesivamente. Por eso, Jesús enseñó: “Mirad, guardaos de toda avaricia” (Lc. 12:15 a). “… los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Ti. 6:9).

Es por eso que la Biblia habla de aquellos que son

RICOS, PERO POBRES

·      ¡Qué pobre era aquel joven rico, que rechazó el camino de la vida eterna, por considerar como algo más importante, sus riquezas materiales! (Ver Mt. 19:16-22).

·      ¡Qué pobre era aquella adinerada iglesia de Laodicea, a la cual Cristo le dice: “… tú dices, yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”! (Ap. 3:17).

El equilibrio no lo hace ni la pobreza ni la riqueza, sino dónde está nuestro corazón. “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee (Ver Lc. 12:15b ).  Por tanto, miremos ahora a aquellos que son

POBRES, PERO RICOS

Jesús diferenció los ahorros terrenales de los celestiales, diciendo de los primeros, que pueden ser robados por ladrones, o corrompidos por la polilla y el orín,  y de los segundos, que allí la polilla y el orín no corrompen y ladrones no minan ni hurtan (Ver Mt. 6:19-20). Por esa realidad, nos mandó a hacer tesoros en los cielos. La Palabra pregunta: “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Stg. 2:5).  Miremos estos ejemplos:

·      En las iglesias de  Macedonia, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza, abundaron en riquezas de su generosidad (2 Co. 8:1-2). Eran pobres, pero generosos.

·      Cristo le dijo a  la iglesia de Esmirna: “Yo conozco… tu pobreza, (pero tú eres rico)”. (Ver Ap.  2:9). Eran pobres terrenalmente, pero ricos en lo espiritual.

·      ¡Qué enriquecida estaba en Dios aquella mujer que ungió a Jesús en Betania! No aparece como una mujer pudiente, sin embargo, derramó sobre Jesús un perfume de nardo puro, de mucho precio, valorado en más de trescientos denarios. Era desbordada para adorar a su Señor (Ver Mr. 14:3).

·      ¡Qué rico fue aquel muchacho pobre, que ofreció a Jesús sus cinco panes y sus dos pececillos, para que Jesús, milagrosamente, alimentara a una multitud” (Ver Jn. 6:9).

·      ¡Qué rico era el apóstol Pedro, quien a pesar de su pobreza, le pudo decir al cojo de la puerta La Hermosa: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”! (Hch. 3:6).

POBRES QUE ENRIQUECEN A OTROS

Alguien dijo: “Rico no es quien más tiene, sino el que menos necesita”. Dios no ha diseñado nuestras almas como embudos, sino como canales de bendición a otros. “… Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza, fueseis enriquecidos” (2 Co. 8:9).

  El apóstol Pablo dice de sí y de sus compañeros de ministerio: “… como pobres, mas enriqueciendo a muchos, como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Co. 6:10).

Miremos a Jesús en casa de Zaqueo, brindándole a aquel pobre rico, el evangelio, la riqueza más grande del Universo: “Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham”. Cuando Zaqueo se encontró con Cristo, su valoración de lo que era riqueza, cambió. Ahora tenía una riqueza celestial tan grande, que pudo decir: “La mitad de mis bienes doy a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Ver Lc. 19:1-8). El evangelio de Jesús lo enriqueció maravillosamente.

  Los hijos de Dios, aunque seamos de diferentes estratos económicos, todos somos portadores de las riquezas eternas. El llamado de Dios es a compartir con todos, el gran regalo de la salvación, la “perla preciosa” (Mt. 28:18-20; Mr. 13:46). Como expresaron los leprosos en Samaria, tras haber hallado tesoros y comida en el campamento enemigo, no estamos haciendo bien, si “… hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos” (2 R. 7:9). Debemos esforzarnos en dar el mensaje de Cristo,  espiritualmente enriquecedor. De hecho, en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Ver Col. 2:3).

  Amado (a), “Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano” (Ec. 11:6).

Con el deseo de ayudar a miles a conocer más sobre las inescrutables riquezas de Cristo,

  Soy vuestro en Jesús,

Pst. Eliseo Rodríguez 

Iglesia Evangélica Monte de Sion.

¡INVITEMOS A OTROS ESTE FIN DE SEMANA PARA QUE TAMBIÉN SEAN BENEFICIADOS DE LAS RIQUEZAS QUE VAN A SER MINISTRADAS EN LA CASA DEL SEÑOR!

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