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ME PROPUSE NO SABER OTRA COSA

ME PROPUSE NO SABER OTRA COSA

El propósito trazado aquí, no debe ser sólo de los ministros, sino de cada creyente que tiene la responsabilidad de predicar el Evangelio. Uno de los hombres que más supo en toda la Biblia, fue quien se propuso no saber otra cosa. Pablo había tenido la mejor educación que un judío podía haber alcanzado (Hch 22:3). Además, había recibido directamente de Cristo una revelación sobrenatural de la mente y de los propósitos de Dios concerniente al Evangelio (Gl 1:11,12). Sus Epístolas evidencian una sabiduría tan grande acerca de los misterios de Dios que hasta el apóstol Pedro reconoció que entre lo que Pablo escribió, había algunas cosas difíciles de entender (2 P 3:15,16). Él había estado en el paraíso y había oído palabras inefables, inexpresables (2 Co 12:2-4). Pero cuando fue a evangelizar la ciudad de Corinto, se hizo uno de los propósitos más importantes que todo ministro de la Palabra debe trazar: … me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado (1 Corintios 2:1,2). Si este perito de la fe delineó como lo fundamental hablar de Jesucristo y de su obra en la cruz, de seguro, ello constituye una estrategia que se acopla perfectamente con la voluntad divina respecto a la proclamación del Evangelio. Cada siervo de Dios llamado a predicar debe darle mucha importancia a este propósito de Pablo e imitar su manera tan acertada de hablar la Palabra.
 
Pablo tenía mucho sobre qué hablar debido a la gran erudición que poseía. Por eso él presenta el escogimiento del mensaje de Cristo y su muerte de cruz, como un propósito que trazó bien conscientemente. El relato de Hechos 18:5-11 revela que Pablo estuvo por unos dieciocho meses ministrando en Corinto. Esto nos da una amplia idea de lo inagotable que es el tema de Cristo y la cruz, si Pablo lo pudo predicar y enseñar por un año y seis meses ininterrumpidamente. También ello hace relevante la necesidad que tienen los hombres de escuchar acerca de Cristo hasta que su persona y su obra expiatoria puedan afectar positivamente la mente, el carácter y la conducta de los hombres. Además, cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia a Corinto, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la Palabra. Esta Palabra era acerca de Cristo y de lo que él hizo en la cruz a favor del pecador.
 
Los Hechos revelan que lo que Pablo hizo en Corinto fue testificar a los judíos que Jesús es el Cristo. Seguramente habló de las muchas Escrituras del Antiguo Testamento que aluden al Mesías y cómo la persona de Jesús cumplió todas las profecías escritas relacionadas con él y con su sacrificio vicario. Es que el tema fundamental de toda la Biblia es la persona y la obra expiatoria de nuestro Señor en el Calvario. Creer en él da razón a nuestra existencia, y recibir por fe los beneficios que vienen de su crucifixión, es nuestra seguridad eterna. La Biblia se nos dio para que entendamos que necesitamos irreversiblemente aceptarlo como el único Salvador, como el modelo de vida, como la vida misma, como el fundamento de nuestra esperanza. Pablo sabía que la voluntad del Padre fue enviar a su Hijo unigénito al mundo para proveernos salvación. Fue el Padre quien ungió a su Hijo con el Espíritu Santo y con poder para que anduviera haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo (Hch 10:38). Fue por el Espíritu eterno que el Hijo se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios (He 9:14), y Dios levantó a Cristo de entre los muertos por el poder del Espíritu Santo (Ver Ro 8:11).
 
De seguro, además de la revelación divina entregada a él, Pablo seguía algún ejemplo cuando había trazado el propósito de hablar solamente sobre Cristo y su obra salvadora. Miremos este cuadro:
1.     El Maestro de maestros habló únicamente de su persona y de su muerte y resurrección mientras caminaba con dos discípulos hacia la aldea de Emaús el día de su resurrección. Durante el recorrido, Cristo les abrió las Escrituras y les dijo lo que ellas decían de él. A tal manera la exposición de las Escrituras acerca de Cristo fue poderosa en la alocución del Maestro, que luego los dos discípulos testificaron: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? (Ver Lc 24:13-32). Los ministros del Nuevo Testamento hicieron suyo el propósito que también Pablo refiere aquí.
2.     Al leer el discurso de Pedro el día de Pentecostés, notamos un énfasis bien marcado en Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios… que fue prendido y matado por manos de inicuos… al cual Dios levantó… (Hch 2:22-24).
3.     El segundo discurso de Pedro, esta vez con motivo de la sanidad del cojo, tiene la misma esencia, la persona y la obra de Jesucristo: Negasteis al santo y justo… matasteis al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos (Hch 3:11-26).
4.     El tercer discurso de Pedro, el que hizo frente al Sanedrín judío, revela el propósito de presentar al Hijo de Dios como el tema central de la predicación: … en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano… Y en ningún otro hay salvación … (Hch 4:8-12).
5.     Cristo fue también el contenido central de la predicación de Felipe el Evangelista. Cuando llegó a Samaria, predicaba a Cristo (Hch 8:5). Igualmente, Cristo y su muerte de cruz fue su mensaje cuando evangelizó al Eunuco etíope que leía la gran profecía de Isaías sobre el Cordero de Dios. A partir de aquella Escritura, le anunció el evangelio de Jesús (8:26-39).
 
Amados, debemos pedir al Padre celestial espíritu de sabiduría y revelación para discernir a Cristo a través de toda la Biblia. Necesitamos que los ojos de nuestro entendimiento sean abiertos para ver cómo Dios ha revelado a su Hijo en las Escrituras. La iglesia debe ser edificada con materiales espirituales resistentes, como oro, plata y piedras preciosas (1 Co 3:12), y la persona y la obra del Señor Jesús conforman el material firme sobre el cual descansa el edificio y con el cual se puede sobreedificar en él.
 
Esta es la hora mejor para trazar también nosotros el propósito de
 
no saber otra cosa, sino a Jesucristo y a este crucificado.
El mundo y la iglesia necesitan con premura este mensaje inmortal.
 
En defensa de un mensaje Cristo céntrico,
 
Pst. Eliseo Rodríguez,
Iglesia E. Monte de Sion,
Christian Zion University, Inc.
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