skip to Main Content
PÚLPITO DE MADERA

PÚLPITO DE MADERA

La única vez que la palabra púlpito es mencionada en la Biblia, está en Nehemías 8, cuando el pueblo que había regresado de la cautividad en Babilonia, se reunió en la plaza que estaba frente a la puerta de las Aguas. Los judíos le pidieron a Esdras que trajese el libro de la Ley que Jehová había dado a través de Moisés. Entonces Esdras trajo la Ley de Dios delante de hombres y mujeres y de todos los que podían entender. En este cuadro espectacular el cronista relata siete detalles especiales:
 
Primero, Esdras leyó las palabras de Dios en forma clara, desde el alba hasta el mediodía (v. 8). Segundo, los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley y ponían el sentido para entender la lectura. Tres veces en el mismo capítulo se menciona que todo el pueblo estaba atento (vv. 3,5,7,8). Tercero, Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello (v. 4). Al estar sobre aquel púlpito, Esdras estaba más alto que todo el pueblo (v. 5). Cuarto, junto a Esdras estaban trece hombres de la tribu de Leví cuya función era hacer entender al pueblo la Ley que Esdras leía (vv. 4,7). Quinto, la Palabra causó tal compungimiento en los corazones, que todo el pueblo lloraba oyendo las palabras del Libro (v. 9). Sexto, al final de aquella reunión, por haber entendido las palabras del Libro, todo el pueblo se fue a comer y a regocijarse con grande alegría (v. 12,17). Séptimo, al día siguiente los jefes de familias junto con los sacerdotes y levitas vinieron nuevamente a Esdras, para entender más acerca de la Palabra, y durante siete días en total, Esdras leyó cada día el libro de Dios al pueblo (vv. 13,18). ¡Qué avivamiento de la Palabra más glorioso fue aquel!
En esta crónica tan extraordinaria, me llama mucho la atención la relación entre la Palabra de Dios que se leía y el lugar delante del cual se efectuaba su lectura, la puerta de las Aguas, ya que la Palabra es precisamente eso, agua viva. Pero hoy les invito a mirar el detalle, que Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, para la lectura de la Palabra. En la mayoría de los círculos cristianos se le llama púlpito a un tipo de atril sobre el cual el predicador coloca su Biblia y/o sus notas para ministrar la Palabra. Pero las Escrituras hablan de púlpito presentándolo como un tipo de plataforma o estrado en el cual se sube el ministro para hacer uso de la Palabra de Dios. Esdras no colocó el libro de la Ley directamente sobre el púlpito, sino que él estaba sobre el púlpito de madera mientras leía el bendito documento. Al buscar en los distintos diccionarios, encontramos exactamente el mismo significado para púlpito que nos ofrece la Biblia.
Ahora, en muchísimos pasajes del Antiguo Testamento, la madera en sus diferentes usos, es tipo del sacrificio de Cristo. Noé construyó un arca para escapar con su familia de un juicio inminente sobre el mundo antiguo, y el arca era de madera de gofer (Gn 6:14). Cristo es nuestra única protección ante el juicio venidero. Isaac llevó sobre sí mismo la leña con la cual podría ser ofrecido a Dios en holocausto, así como Cristo llevó sobre sí el madero de su crucifixión (Gn 22:6). Casi todos los muebles del tabernáculo eran de madera de acacia y cada uno representaba a Cristo en una forma distinta, todo relacionado a nuestra redención (Ex 37:1,4,10,15,25,28). Cristo se comparó a sí mismo con un árbol verde en el contexto de su crucifixión (Lc 23:31). Ahora, la ley de Dios que Esdras leyó durante muchas horas al pueblo, está llena de alusiones a la persona y a la obra redentora de Cristo. El mismo Señor dijo, refiriéndose a los cinco libros de Moisés, de mí escribió él (Jn 5:46). Él mostró cómo, primero que todas, las Escrituras de Moisés hablaban de él (Lc 24:27). Durante aquellos siete días, frente a la puerta de las Aguas, Esdras leería, de seguro, estas palabras de Moisés: Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis (Dt 18:15), y ello era una clara referencia a Cristo. Los atentos oyentes, de seguro, escucharon también del libro de la Ley: SaldráESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel… ”(Nm 24:17). Los redimidos de la cautividad pudieron disfrutar una lectura y explicación claras sobre la Ley de Dios, la cual está repleta de referencias a Cristo. 
En este contexto, me llama aun la atención aquel púlpito de madera. Como vimos, en tantas alusiones bíblicas a ella en el Antiguo Testamento, la madera alude a la cruz de nuestro Señor. Aquí encuentro la moraleja: Toda verdad que se proclame en la Casa de Dios, toda enseñanza de sano discipulado, toda predicación que ha de causar un verdadero impacto en los corazones, debe ser expuesta sobre la base del sacrificio de Cristo realizado en la cruz del Calvario. En el “púlpito” de esa “madera” de la Cruz “se subió” Pedro a predicar en Pentecostés. Su mensaje estuvo lleno de Cristo y el resultado fue aún mejor que en los días de Esdras. Los corazones fueron compungidos y hubo miles de conversiones al Señor (Hch 2:14-41). El mismo Pedro volvió a poner como estrado la verdad del Cristo crucificado para su discurso el día de la sanidad del cojo, y el impacto no se hizo esperar. Más tarde vino persecución, pero al haber orado en el Nombre del Santo Hijo Jesús, el lugar en que estaban congregados tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo (Ver Hch 3:11-26; 4:1-31). Sobre el mensaje de Cristo, y éste crucificado, fue que Pablo expuso su Evangelio a los Corintios, y a causa de ese mensaje, hubo demostración del Espíritu y de poder en aquella ciudad (1 Co 2:4). 
 
Amados, los predicadores del siglo XXI debemos volvernos al púlpito de madera y desde esa altura singular que tiene el mensaje de la cruz, leer y explicar las Palabras de Dios al pueblo. Urge que haya más de uno que pueda ver a Cristo en las Sagradas Escrituras, y sobre esa verdad inconmovible, entregar las Palabras de Dios. Si Cristo es la base de nuestra predicación, se puede esperar que haya una buena y perdurable influencia en los corazones de los hombres. Es solamente el mensaje de la Cruz el que transforma, compunge, y produce arrepentimiento genuino. ¡Hagamos la meta de exponer las verdades de Dios basadas en aquel por quien y para quien Dios hizo el Universo! Entonces, los discípulos de hoy testificarán también como los de Emaús: ¿No ardía nuestro corazón… cuando nos abría las Escrituras? (Lc 24:32).
 
Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios (1 Co 1:18).
 
Sobre ese púlpito de madera, 
 
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez.
Back To Top